jueves, 6 de junio de 2024

Papá

—Aph… ape, apa… aph aph apa… apapa apa pa, papa, apapa, apa pa papá, apapá papá.

—Mamá… mmmmaaaamá, mamá.

—Apapá, apapá, papá paaaapá.

—Mamá, mamá, ¡decí mamá!

—Papá, papá… papá.

—No, mamá, maaaaamá—el bebé sonríe en el coche—pero la puta madre Benjamín, mamá, decí mamá, mamá. Qué tenés que venir a nombrarlo al hijo de mil puta ese, ¿sabés cuándo le tenés que decir papá, sabés cuándo?, cuando el hijo de puta pague la cuota alimentaria, ahí le tenés que decir papá, cuando por lo menos te venga a ver un fin de semana, el cagetudo ese. Papá, papá, ni él conoce a su papá, no tenés abuelo Benjamín, ¿y sabés por qué no tenés abuelo?, porque nadie lo quiere a tu papá, no lo quiere ni la madre, no lo quiere ni el padre que lo abandonó, nadie, nadie lo quiere, ¿y vos?, vos tampoco lo vas a querer, YO ME VOY A ASEGURAR DE QUE VOS NO-LO-QUIERAS, por borrarse, por ser un cagón y no estar cuando lo necesitábamos. La peor la pasamos en el embarazo Benjamín, la peor de todas, y cuando le fui a pedir ayuda me cerró la puerta en la cara, como si vos ni yo le importáramos, como si no me conociera. Él y su vieja no me atendían el teléfono, me corrían cuando los encaraba en la parada del colectivo, me trataban de puta, a tu mamá Benjamín, a tu mamá la trataban de puta. No tenés idea el quilombo de abogado que tuve que hacer para que le debiten del sueldo, pero ahora, ahora si se va a cagar para tener plata, ni una media se va a poder comprar, nada, si antes no te pasa tu salario, ya va a ver. Y vos, vos de grande vas a saber todo, te voy a contar lo que sufrimos con mi vieja, lo feo que es que nadie te respete en la casa, lo feo que es tener que hacer todas las cosas por un plato de comida y un sachet de leche para vos, lo feo que es dormir en una piecita con humedad y tener que andar pidiendo permiso hasta para sacarte a pasear al parque. Te voy a contar todo, para que sepas lo que hice para que estés bien, para que vos si me respetes y me quieras, y me cuides cuando sea viejita, te voy a contar todo para que no seas como el hijo de mil puta ese de tu papá.

—Apapá, papá papá.

—No, no Benjamín, mamá, decí mamá.

jueves, 30 de mayo de 2024

Iglú

La morsa amamanta a Nukarta a la mañana, cuando el oso polar no está, cuando sale a recorrer la playa agrietada, en busca de peces dragón perdidos cerca de la superficie. La morsa sabe que Nukarta ya no tiene edad para chupar el pecho de su madre, que debería salir, sentir el húmedo frio en la nariz, aprender a usar la caña, descubrir cuando sale y se pone el sol, pero al momento de decidirse a dejarlo ir, el recuerdo del pequeño Paarnaq, bajo el inmenso lago congelado, hacen que lo devuelva a su regazo para arroparlo con su grasa. El oso polar sufre este apego, cree que no valoran el pescado fresco que pone frente a ellos todas las noches, que tiene necesidades de macho sin satisfacer, que es hora de iniciar a la cría en las viejas enseñanzas, lejos de su madre, lejos del iglú que los protege. 

Se parecía a lo que relatan las viejas leyendas, para Nukarta, ver a la morsa pelear con el oso polar. El enorme peso de ella, sus grandes colmillos, la fuerza descomunal de él, sus garras de cazador. Los años de relación no tuvieron peso y la naturaleza hizo vencedor al más experimentado. El oso polar arrastró a la morsa hacia la playa para darle fría sepultura bajo el agua. Nukarta salió del iglú por primera vez en años, no dejaba de pestañear por la luz, el frío afuera era distinto del frio adentro. El sonido del hielo resquebrajándose lo puso en alerta, cuando pudo aclarar la vista la morsa y el oso polar ya no estaban, solo la inmensidad de la playa, los peses dragón perdidos cerca de la superficie y él, que no había aprendido a usar la caña.

martes, 28 de mayo de 2024

Lugares a los que no quiero volver

A vos desnuda
en el colchón que le compramos a mi tía
con la tele de tubo
y un capítulo viejo de los Simpson.

Al bar de la peatonal
hay mijo, no podés estar tomando solamente soda
en las uñas rotas el esmalte no brilla
y los dedos de viejito te quedan feo.

A la pileta de la colonia
a ver manisero, a ver manisero
el reflejo corriendo por la coronación
y solo el agua transparente.

A la señora que grita
¿y por qué me descuentan sin avisarme?
al señor que se enoja y golpea la mesa y llamo al guardia
y hay cincuenta en la fila y la cabeza me mata y recién son las diez.

Lugares a los que inevitablemente vuelvo

A la panadería en la esquina de tu casa
donde ya no venden los bollitos con chicharrón

Al sarro negro en los dientes del inodoro
A sentir saladas las gotas de agua en la ducha

A las pastillas que me consigue el pibe
con la mitad de mi edad, y el doble de problemas


martes, 14 de mayo de 2024

Recibida

San Miguel de Tucumán. 24 de julio de 2008

Dr.

Carlos Daniel Aguirre

S________/________D

Asunto: recibida.

De la manera más atenta me dirijo a usted para comunicarle que el día 22 de julio de 2008 aprobé la última materia que me quedaba por rendir para terminar la carrera: Literatura Latinoamericana.

Para celebrar el evento, el señor Carlos Alfredo Quintana, hombre del que le había hablado anteriormente, que fue mi compañero de pensión durante los primeros dos años de estadía en esta provincia, armó una botella con huevos, vinagre y pintura. Mantuvo esta mezcla fermentando durante seis meses detrás de la heladera de su departamento y la volcó en mi espalda a salir de la mesa de examen. Él nunca dejó de creer que está vez iba a aprobar la materia y terminar la carrera.

Mariana me llevó en el baúl de su auto Fiat Espacio que cambió hace poco. No le importó que este cubierto de harina, huevos y pintura. Paseamos por las calles céntricas de la municipalidad de San Miguel de Tucumán, escuchando canciones de cumbia villera con el volumen muy alto y gritando en cada parada de semáforo. Colgué de la puerta trasera del auto una bandera con el nombre y apellido que compartimos con usted, escrito muy grande y en letras de todos los colores del arcoíris.

Después fuimos a un bar cercano al instituto donde me esperaban compañeros de la carrera con pancartas que decían cosas como “profe pasame toda la lengua” o “llevame previa a febrero con vos”. Compramos, una tras otra, cervezas que se evaporaban mientras reíamos a carcajadas y gritábamos en medio de la noche y el tumulto tucumano. La mujer del bar mantuvo abierta la cocina una hora más para que puedan comer otros amigos que se fueron sumando más tarde. Empezó a amanecer y éramos varios así que seguimos el festejo en el departamento de Carlos Alfredo. Era tanta la euforia que terminamos desnudos cogiendo entre todos. No voy a contarle si Mariana nos acompañó, eso va a tener que preguntarle usted a ella.

La semana que viene salgo a tirar currículum, va a estar difícil conseguir algo por qué estamos por empezar el segundo cuatrimestre, tal vez pueda conseguir hacer una suplencia, igual sigo con las clases particulares y sumado el trabajo de secretario en la Clínica Muñecas llegó holgado.

Le dije a Mariana que me estaba costando llegar a pagar el alquiler y se ofreció a venir a quedarse un tiempo en el departamento para dividir los gastos. Hace unas semanas dejó de salir con el abogado Ricardo Ernesto Sánchez, hombre que entiendo es de su mayor estima, pero que a mí siempre me pareció un estirado. Ahora me acompaña cuando salimos con mi grupo de amigos y le empezó a gustar tomar fernet con coca. Seguramente le va a contar algo de esto cuando nos visite.

Si va a pasar por el departamento y no quiere verme le comunico mis horarios: yo salgo a la mañana a partir de las 8hs. y vuelvo al departamento cerca de las 19hs. También puede aprovechar el domingo 27 de julio, ese día voy a salir temprano al cementerio a dejar una copia de la constancia de título a mamá y voy a aprovechar para ponerla al día sobre todos estos años en que me ignoró por mi elección de carrera y por mi vida privada. De todas maneras, usted y yo sabemos que ella siempre fue consciente de su intolerancia y que tener que vivir con esa conciencia fue parte de lo que la llevó a la tumba. Sin más me despido, pero no sin antes recordarle que soy su hijo y que todo el dinero que tiene no va a poder cambiar eso nunca.

Atentamente: profesor Carlos Javier Aguirre

jueves, 9 de mayo de 2024

Pituto Jones

Pituto ama viajar en la Línea 5. Su apodo es porque su cabeza siempre tuvo forma de cosito comué, pero con pendorchos en lugar de orejas. A la mañana sale para la escuela a las 7, con intenciones de tomar el bondi de las 7:10, que ahí viene, entonces corre las dos cuadras que lo separan de la parada con techito.

A cuatro casas cruza a doña Forto, la vieja lleva un kimono despechado y otra vez se olvidó del corpiño, los lunares negros y peludos recrean la constelación de Orión en un cielo color leche vieja. Cuando la tiene a la par, doña Forto pasa la escoba haciendo un tsujikaze recto e inesperado, pero Pituto lo esquiva deslizándose de rodillas, en limbo, por el piso de carpeta, y se rasga el pantalón, pero al menos se da el gusto de agitar los hombros al pasar.

Salta delante de don Eusebio que riega la vereda, que la riega cuando estamos a 33 grados y el vapor hace desmayar a los misquitos, que la riega a las 6 de la mañana a oscuras, en invierno nublado, sin autos ni gente en la calle, solo el diablo y él, que la riega cuando la ve seca, cuando se acuerda que tiene que regarla, cuando se olvida de que ya la regó. Pituto salta antes de que arroje el baldazo de agua a la calle de tierra y piedras, aterriza mal en un escombro y empieza a caer hacia adelante pero rápidamente voltea su centro de gravedad para hacer un tumbacabeza y seguir corriendo.

Unas casas más adelante. cuando lo alcanza, chirlea en el cogote a Mauricio que sale de espaldas con la moto. Él fue novio de su hermana después de salir unos meses con su prima de la villa, cuando venía a la casa le traía palitos de la selva y chupetines con chicle, la María siempre decía que solo la buscó a ella para tirarse a la Raquel, ahora iba a tener una nenita con la vecina y no le quedaba otra que salir a trabajar todas las mañanas. Tras el chirlo Mauricio le dice “anda pa allá bobo” y Pituto le contesta “dale campeó”.

Llega a las escaleras de la casa de doña Gladys, que tiene una mitad del terreno más arriba que la otra, y cuando llueve se le inunda el garaje hasta la ventana. Sube de dos en dos los escalones y la vieja le grita “te va cae Pituto, te va cae”.

En el cruce viene levantando tierra el 107 cartel rojo, que no se inmuta al ver a Pituto correr hacia la calle y gira en dirección a Storni echando putas. Todo el mundo sabe que los choferes del 107 son descendientes de los conductores de carretas, de los viejos asaltantes de bancos que seguro andaban por estas tierras. Tienen sangre de forajido.

El 5 está dejando la parada después del puente, tal vez está vez Pituto no llegue a subirse. Toma carrera y salta olímpicamente el charco que en el barrio llaman “la antigua laguna negra”, pierde una carpeta, pero no importa, es la de música.

Corre ciego tres casas más hasta chocar con todo el viejerío del barrio al frente de la casa de los Nuñez. El viejo Lito Nuñez improvisó un mostrador con un tablón de albañil y seis cajones de manzanas. Está vendiendo, que digo vendiendo, casi que está regalando cortes de nalga, de lomo y de achuras, muchas achuras. Ayer carnearon a Rosa, la chancha más grande que tenía y una de las ultimas que le quedaban de cuando criaba, para salir a vender con el carro, tirado por la yegua Rosa, que se llamaba igual que la gata de la casa, Rosa, y que su difunta señora. El viejerío se abalanza sobre Pituto a la voz de “Pablito, qué grande está, ¿y tú mama cómo anda?”, “Pablito vení nene que tené la trenza desatadas, vení que te acomode el pelo también”, “¡chango!, andá a avisale a tu papá que el Lito la carniao a la última que le quedaba”, pero son lentos, como muertos vivientes sedientos de achuras. Pituto los esquiva sin mucho problema y sale del tumulto.

Queda en paralelo y a la misma altura que el 5, el más rápido será el vencedor. Pituto lleva la cabeza hacia adelante y los brazos hacia atrás para no frenarse con el aire, como le enseñó Naruto. La puerta de la casa con verjas y muchas flores está abierta, Valentín, el dogo de doña Encarna saca medio cuerpo y le tira un mordiscón cuando pasa, después empieza a perseguirlo. Pituto decide sacrificar la carpeta de ciencias naturales, pero esto no atrae a la bestia, entonces larga hacia atrás el medio sánguche de salame y queso que llevaba en el bolsillo. Valentín lo atrapa en el aire y lo engulle en dos bocados, parece que va a perseguir de nuevo a Pituto pero una moto con caño de escape ruidoso, que viene en dirección contraria, lo atrae más y comienza la caza.

El 5 dobla hacia la parada, pero Pituto ya está cruzando la calle, parece que lo va a conseguir, pero tropieza con los cordones desatados y cae en medio de la tierra y las piedras. La frenada del 5 suena como las chapas cuando el viento las despegaba del techo la tormenta pasada. Pituto se levanta rápido y así, sucio, casi sin carpetas, sin sánguche y con las trenzas desatadas, le hace seña para que pare.

El negro Cabeca, que va a la misma escuela, pero a tercero B, que es hincha del santo y no del deca, que dice que Marvel es mejor que DC, que se chapó primero a la Laurita, el negro Cabeca se ríe de Pituto mientras trata de abordar. A los empujones ambos suben y pagan. Hay solo un asiento libre, al fondo a la izquierda. Pero para llegar a él tienen que atravesar a un gordo con una mochila de Cars explotada, a una señora que lleva varias bolsas de consorcio con mercancías, a tres changos grandes en ronda, escuchando a Pablito Lezcano de un celular, y a una nena que está mirando el asiento de hace rato pero no se anima a sentarse. Pituto y Cabeca se miran. La carrera continúa.

domingo, 9 de octubre de 2022

El olor de mamá

Cuando la olimos a mamá, Matías y yo, era evidente había cobrado el sueldito que le daba la doctora por limpiar el consultorio los martes y jueves. Esto lo sé, porque varias veces, al salir de la escuela, caminábamos las diez cuadras hasta la dentista y la esperábamos a que termine de pasar el trapo de piso fragancia a lavanda. Era evidente que había cobrado, porque en el cuello se respiraba Intense de Monic. Seguimos oliéndola esa mañana, con la intensión de saber que le pasó, por qué estaba tirada en el suelo, por qué no se levantaba. Mamá respiraba. Su aliento tenía un dejo de ajo, de salsa de tomates con albóndigas de carne y… no, más bien era salsa boloñesa. Mamá había comido. Sus manos jóvenes esa vez estaban arrugadas, como sus manos viejas, blancas de más y un poco ásperas, era lo único que nos sugería que podían estar muertas, pero estaban cálidas e irradiaban lavandina con tanta fuerza que nos hacía ceñir la cara. Mamá estuvo trabajando. En la panza tenía olor a miércoles, me dijo Matías mientras la abrazaba y la llamaba sollozando “mamá, mamá… mamá”, sin poder hacerla reaccionar, hoy era viernes. Mamá llevaba varios días sin bañarse. En los pies llevaba puestas unas chancletas que solía usar en casa, no en el consultorio, tenía las uñas pintadas color tierra, el espacio entre los dedos con humedad de bache, los tobillos con mugre de muchas cuadras, con solo apoyar mi nariz sobre ellos sentía el sabor a barrio. Mamá vino caminando.

Disculpe señor, pero eso que me cuenta pasó hace 20 años, ¿Qué tiene que ver con el estado actual de su madre?

Es que esa no fue la primera vez que olvidó tomar la pastilla, pero si la primera vez que perdió el conocimiento.

Lo llamé a Matías para avisarle que había encontrado tirada a mamá. Me preguntó si estaba otra vez en la placita, donde hicieron el altar para la virgencita desatanudos, le dije que no, que estaba de camino al consultorio. Me preguntó si respiraba, le dije que apenas. Le conté que la enfermera le había dado puré de zapallo y una presita de pollo, pero unas migas verdes entre los dientes me hicieron darme cuenta de mi error. Mamá comió puré de batata. Tenía las manos mojadas con un agua espesa, salada al tacto, con fragancia a hospital público, unas cuadras atrás había encontrado la aguja y la bolsita. Mamá se sacó el suero. Tenía panza de mujer adulta mayor, con el pupo hundido, oscuro y acuoso hacia el fondo, con una aureola negra seca hacia afuera, que me hacía picar la nariz, ese jugo se había acumulado y vuelto rancio. Mamá llevaba varios días sin dejar que la enfermera la bañe. Tenía los pies lastimados, en una mezcla de rojo, marrón y verde, unas sandalias de barro seco habían dejado huellas en la vereda antes del desmayo, emanaban el hedor de las cascaras de banana descompuestas, uno de eso olores que quedan grabados en el entrecejo y después se saborean en la lengua. Mamá no quería usar el talco con ácido bórico que le dejé a la enfermera. Una última fragancia llamó mi atención en su cuello, una que difería completamente de las otras, entonces me di cuenta, llamé de nuevo a Matías para avisarle que había dejado de respirar. Mamá seguía usando Intense de Monic.

Disculpe señor… le soy honesto, no entiendo por qué me cuenta todo eso.

Es que fue en ese momento en el que se me ocurrió cómo quería velarla.

Traje todo. Quiero que huela a pata, así que mezclé cascara de naranja, manzana y banana, y las dejé a la intemperie durante tres días. Usted vea cómo soluciona el asunto de los mosquitos. Matías va a traer unos ñoquis con salsa roja que hizo su esposa, la receta es de mamá y le salen muy parecidos. Podemos ponerle unos cuantos, en la boca, y le movemos la mandíbula para que los mastique. Traje el detergente, de la misma marca barata que compraban en el consultorio, vamos a rociarle un poco en cada mano, pero solo un poco, no quiero que opaque todo lo demás. Para esto vamos a necesitar guantes, este detergente te destruye la piel. Encontré una botella medio vacía de Intense en el botiquín del baño, hacemos una o dos descargas, el que se acerque a besarla lo va a notar. En el salón velatorio no tiene que haber aromatizantes. Y traje estas flores, gardenias, rosas, lirios y peonias, las vamos a poner a los costados del vientre, así olía mamá cuando la abrazaba de chiquito, cuando volvía del vivero, los miércoles.

lunes, 8 de agosto de 2022

Star Trek

La primera vez que lo vi llevaba puesto un traje espacial. Era un explorador de otro mundo, que incursionaba por primera vez en el jardín de mi planeta. Con timidez, al principio, observaba en dirección a la casa desde atrás de le mesa del quincho. Por los platos en el suelo y el freezer abierto, podía adivinar que llevaba un buen rato reconociendo el terreno. Quise acercarme, pero al ver que se asustaba me detuve. Conteniendo los pasos me acerqué a la reposera junto a la pileta, y ahí me quedé esperándolo.

Tenía un casco de caja de Titas con un recuadro cortado, y tapado con una radiografía vieja blanqueada con lavandina. Detrás el explorador era un pecoso colorado, con mocos pegados al borde del labio, que respiraba con algo de dificultad, supongo por la compresión del aire dentro del traje. Caminaba a salto de astronauta. Cada rincón del jardín era un lugar sin explorar, tenía que evitar el ataque de serpientes de manguera verde, que las maquinas engulle pasto se enciendan de repente, o que algún monstruo marino pueda salir de la laguna junto a las reposeras. También tenía que determinar si yo era una especie amistosa.

Su traje era el uniforme reglamentario de la agencia aeroespacial argentina. Tenía la típica banderita celeste y blanca en uno de los hombros y en el otro la calco de Perón y Eva del segundo mandato. Al frente una leyenda anunciaba la procedencia del explorador a cualquier habitante de otro planeta: "vota a Cacho García, tu compañero. Lista de los trabajadores de Ñuñorco". Se acercó hasta donde estaba, le hice el tradicional saludo vulcano para demostrarle mis intenciones amistosas y él me devolvió los dedos en V. Detrás de la radiografía pude observar una sonrisa juguetona, de dientes de leche, y supe que habíamos llegado a un entendimiento. Le hice señas para invitarlo a pasar a la cocina de la casa, si es que quería comer algo, y él se palmeo la panza para confirmar. Nos movíamos a salto de astronauta cuando el ruido de un portón estremeció el espacio. El explorador quedó atónito. Tuve que tomarlo de la mano para que pueda seguir el viaje.

En los brazos, bolsas plásticas de dos colores, subidas hasta los hombros, impedían que los gases tóxicos, del nuevo ambiente, contaminen las manchas de aceite en los codos, puedan alcanzar el collar de tierra en el cuello, o afectar el pecho huesudo. La cocina era el habitad definitivo de una civilización avanzada. El microondas, la heladera y las hornallas se manejaban con botones, que parpadean leds y emiten sonidos de bip. Las luces se encienden solas al caminar cerca de un lugar oscuro. Todo está pintado en colores cálidos a la vista, sin manchas de suciedad y humedad, y los muebles dispuestos en armonía con el espacio. El explorador se sube a una de las sillas ergonómicas, no logra acomodarse para quedar cómodo, cosas que pasan, parte del oficio de conocer nuevas civilizaciones es adaptarse a sus costumbres. Yo preparo algo que en mi planeta llaman merienda, por suerte me quedaron saquitos de Bahgol, que había dejado de comprar, y tenía unas tostadas de pan negro, manteca y mermelada.

Los guantes del traje eran de albañil, de hilo blanco grisado por tierra de patio y piso de carpeta, con matices de herrumbre de chapa picada y goma de rueda. Después de servirle la merienda, necesitaba que se saque los guantes y el casco, para que pueda comer, le hice señas tocando mi nariz con un dedo, para que sepa que respirábamos el mismo aire. Al comienzo vi, detrás de la radiografía, que negaba con la cabeza, aunque el casco cuadrado se mantenía inmóvil. Después levante una tostada, amagando con comerla, y reaccionó indicándome que pare. Con ambas manos a los costados de la caja de Titas levantó el casco y el sonido de descompresión del aire pudo escucharse. Al comienzo miraba en todas direcciones de la cocina, seguramente mi mundo se veía diferente sin el casco puesto, después recordó la merienda y comenzó a comer.

El traje se completaba con una bermuda negra, que tenía el número 10 en una de sus piernas, y en la otra el logo de la AFA. Los tobillos y pies estaban cubiertos por unas botas altas hasta las rodillas, de un material invisible, que dejaban ver sus piernas oscuras de tierra, sus pies embarrados y las uñas de punta negra. Recordé que las botas del traje espacial de mi hijo, también un explorador de las estrellas, estaban guardadas en un armario junto a la puerta del baño del primer piso. Le hice señas al astronauta para que me espere, primero hizo los dedos en V, pero después trato de hacer el saludo vulcano, yo le respondí de igual manera. Mientras subía la escalera escuché un llamado, supongo que el intercomunicador del traje estaba con el volumen alto.

—Javieeeeeeeeeeeer, vení ya para acá, me cago en la mierda, ¿dondestan lo guante?, Javieeeeeer.

Volví rápido a la cocina, pero el explorador ya se había materializado nuevamente en su nave. Seguramente algo urgente lo requería, que hasta tuvo que dejar su casco. Lo guardé, junto a las botas que fueron de mi hijo. Empecé a tomar mates, a la tarde, en la reposera junto a la pileta. Desde el encuentro siempre compro Bahgol, en caso de que el explorador vuelva a visitar el jardín de mi planeta, pueda recibirlo como corresponde.

sábado, 23 de julio de 2022

El revés del colchón

—Julieta abrime… Julieta abrí la puerta por favor, no podés seguir encerrada ahí, no podés hacerme semejante quilombo por una boludez— Mariana golpea la puerta al tiempo que insiste —Julieta, dale, no seas boluda.

Temprano habían dado vuelta el colchón. La hija que ambas adoptaron de la calle, Trudi, había menstruado por primera vez y no quedaba otra que darlo vuelta y cambiar la sabana. El departamento era de Mariana, llevaban conviviendo siete meses, trajeron a Trudi hace dos.

Mariana no era fanática de los gatos, pero el departamento era muy chico para un perro, incluso un caniche o un salchicha. Julieta se comprometió a limpiar la caja de las piedritas siempre que Mariana se encargue de mantenerle el plato de agua y de comida lleno. Visitar al veterinario fue lo primero que hicieron como pareja en el barrio, caminando de la mano las dos cuadras de ida y de vuelta. Doña Encarna estaba horrorizada “si la viera su mamá, que en paz descanse bendita mujer. ¿Y cómo se llamada el chico ese, con el que salía?, menos mal que se fue a tiempo”. Julieta caminaba con la frente bien arriba, presumía un trofeo, Mariana estaba insegura sobre la gata, convivir no era fácil siendo solo dos, y ahora Trudi.

Mariana apoyó la espalda contra la puerta y se dejó caer, golpeo hacia atrás dos veces, a puño cerrado y de forma contundente —Juli, abrime, hablemos— y un llanto del otro lado de la puerta interrumpió el silencio —no Juli, no llorés, perdoname amor, no quisé gritarte.

Después de dar vuelta el colchón, descubrieron una mancha verde con forma de bombuchazo. Trudi se acercó a olfatearla, hizo algo parecido a un estornudo y movió la cabeza como despabilándose, después salto hacia la puerta y salió por el pasillo a la cocina. Mariana estaba buscando las sabanas limpias cuando Julieta le preguntó por la mancha.

—Es una historia graciosa. Viste Juan, bueno yo estaba loca por él, pero loca en serío ¿no? Nos la pasábamos en la pieza, escuchando música, fumando, cogiendo. Solo salíamos para preparar unos mates y bajábamos a comprar medialunas en la panadería de Fredy. Fue una de esas veces. Él estaba apoyado en el respaldo, me estaba por cebar uno lavado, yo me acerqué por el costado y amagué con morderle la panza, él se asustó y volcó el mate. Un poco de agua me cayó en el pelo y el otro hizo la mancha. Nos reímos como una semana de eso.

Mariana pensaba que algo así debía haber escuchado Julieta, cuando le habló por primera vez de Juan. Lo siguiente fue confuso para las dos.

—¿Y por qué no lo cambiaste al colchón?

—¿Sabés lo que sale comprar un colchón?

—Vos lo dejaste porque te hace acordar a Juan.

—Julieta estás hablando boludeces.

—Y lo diste vuelta para que yo no sepa de él.

—No, Julieta, cuando lo di vuelta fue porque… mirá, ni sé cuándo lo di vuelta, esta así desde hace un montón, ya ni salía con Juan y estaba así.

—¿Y cuando me ibas a contar de todo lo que hacías con Juan?

—No sé… sí te iba a contar algún día, pero no tiene importancia para mí, eso quedó en el pasado.

—Sí, quedó en el pasado, pero te acordás muy bien de cómo se hizo la mancha del colchón.

—Me acuerdo, pero por otra cosa. Esa tarde nos hizo frío, así que los dos andábamos embuzados. Yo tenía varios días casi sin hablarle. Juan otras veces me había hecho el aguante cuando me bajoneaba así, me abrazaba cuando me acostaba y me quitaba la almohada con la que me tapaba la cabeza para que no me escuche llorar. A veces estaba mal días enteros, y él se encargaba solo de cocinar y mantener limpio, compraba las medialunas y preparaba los mates. Esa tarde debe haber sabido que le iba a pedir que se vaya, porque cuando le pedí que me de uno lavado me dijo que no. Después dejó todo en la mesa de luz y se puso a juntar su ropa en una mochila, y mientras la armaba tiró el mate en la cama. No se molestó en limpiar, yo tampoco tenía ganas de hacerlo.

Mariana quiso decirle, contarle a Julieta el tiempo que había pasado sin saber qué hora era, donde estaban las llaves del departamento o el control remoto, cuantos días llevaba sin comer. Solo se limitó a bajar la cabeza. Julieta gruño del enojo y azotó la puerta del baño antes de ponerle llave.

—Julieta dale —Mariana insistía, pero con menor convicción, entonces escuchó maullar a Trudi en la cocina. Quería levantarse del piso junto a la puerta del baño, lugar que se convirtió en su menos favorito del departamento, quería abrir las ventanas para entre el sol, volver a los días buenos con Juan, pero sin él, abrazar la sonrisa que encontró cuando decidió buscarla en su cuerpo, dejar los días de llanto en el pasado. Se levantó torpemente, como pudo, y buscó a la gata en la cocina.

— Hola Trudi, Trudi-Trudi, venga chiquita venga, ¿Qué pasa?, ¿Qué quiere? — el plato rojo del alimento estaba hasta el tope. Tiró el agua del plato azul para llenarlo de nuevo, pero no podía ser eso, porque le había cambiado el agua antes de acostarse a dormir con Julieta. Miró la caja con las piedritas que estaba sucia, llena excremento duro, pegoteado con pelo y piedritas, y tenía manchas húmedas de pis por todas partes. Se quedó mirándola por un rato, hasta que Trudi le cabeceo el hombro para que la acaricie, entonces despertó del trance. Saco una bolsa de un cajón de la alacena, acerco el tarro de la basura que tenía en la cocina y comenzó a limpiar la caja con las piedritas, después puso la pava a hervir en la cocina, busco el mate y la bombilla, pensó que, ya que estaba, podía poner música, lavar los platos que habían quedado del medio día y ordenar un poco su departamento, en compañía de Trudi.

sábado, 25 de junio de 2022

Videollamada

– …la mamá está haciendo los tramites de la jubilación, esta mañana la acompañé al banco y después al Anses a presentar unos papeles, yo me volví para poder llamarte, es más o menos el mismo lio que tuvimos que hacer con vos.

– Nah, yo fui con la mamá cuando le dimos de alta, ahí dan un montón de vueltas para entregarte una constancia y no te dicen a donde tenés que ir después. ¿y cómo se porta Gutiérrez?

– Ese gato de mierda, la semana que te llevamos no paraba de maullar, toda la noche meau meau, hasta se quejaron los vecinos. Me tuve que pasar a tu pieza a dormir ahí para que se calle, no lo podía traer a la mía porque es más chica y no entramos.

– Pobrecito el Señor Gutiérrez, lo extraño una banda sabés, bah a vos también, a la mamá y a Ramiro, quiero volver a la casa, estoy cansada de estar aquí, nos dejan salir solo un rato a la tarde, no conozco a nadie para conversar y por las pastillas que me dan quedo medio boba.

– Que embole hermana, pero vos concentrate en ponerte bien así te dejen volver, aquí todos te esperamos. Es más, el otro día vino Ramiro a pasar la tarde, me confundió con vos y casi me saluda con un beso en la boca, es que estaba usando la polera rosa esa que era tuya, es más, me probé varias camperitas y jeans que tenés en el armario, ¿podes creer que me quedan? Debo haber bajado unos tres kilos.

– ¿Y qué te dijo Ramiro?

– Nada, lo de siempre, te manda saludos y espera que te mejores, era que iba a pasar un rato a la tarde, pero al final se quedó a comer, la mamá abrió uno de esos vinos caros que tenía el papá en la vinoteca, esos que no abre ni cuando cumplimos años, yo cociné unos fideos con salsa y estuvimos hasta las doce más o menos en la mesa, ese Ramiro cuando empieza a hablar cagadas no lo podés parar, la mamá lloraba de la risa, después ella se fue a dormir, Ramiro se debe haber quedado hasta las cuatro de la mañana, no sé cómo habrá hecho levantarse a trabajar ese día.

– Que bueno que no estén tristes.

– Si estamos, cada uno se va adaptando como puede ahora que no estás en la casa. La mamá el otro día… – la videollamada comienza a entrecortarse, la imagen se queda estática por momentos, después se pone todo en negro – … y yo le decía que no se ponga así, que vos sos fuerte y vas a salir porque…

– ¿Quién sos vos?

– ¿Qué?, uh vos con tus bromas, se me corto recién un poquito a mí, pero pensaba que vos me seguías escuchando.

– ¿Quién mierda sos vos?

– Julieta soy tu hermana, Laura, no hagas esas bromas que después no te van a dejar salir de ahí.

– Vos no sos mi hermana.

– Julieta soy tu hermana.

– No, mi hermana tiene el pelo negro, tiene otro color de ojos, es parecida a mí, somos mellizas, vos tenés puesta la misma ropa que ella, pero no sos mi hermana.

– Julieta soy tu hermana, dejá de boludear.

– No, no sos mi hermana.

– Julieta soy tu hermana, a ver, preguntame algo.

– ¿Cuándo es nuestro cum…?

– El 5 de octubre.

– ¿Cuál es el segundo nombre de la mamá?

– Raquel, pero no le gusta así que no le cuentes al doctor.

– No no, no puede ser… ¿Cuándo lo compramos a Gutiérrez?

– No lo compramos, vos lo encontraste en la vereda un día cuando volvíamos del colegio, ¿Julieta estas bien?

– No no no, no, no, vos no sos mi hermana.

– Julieta basta, soy tu hermana.

– No, vos no sos mi hermana – se golpea la cabeza con una mano – vos no sos mi hermana, ¿porque estás haciendo esto?, vos no sos mi hermana – de espaldas a la pantalla comienza a golpear la puerta de entrada al salón audiovisual – ¡doctor, doctor! – el doctor y dos enfermeros entran.

– ¿Julieta estas bien?, Julieta.

– ¿Laura? – vuelve a mirar la pantalla – Laura sos vos, ¿Quién era la otra chica?, recién no estabas vos, estaba una de pelo rojo, tenía puesta tu ropa, pero no eras vos, ¿quién era la otra chica? – comienza a sacudir la pantalla con ambas manos – Laura ¿quién era la otra chica?

– Doctor, doctor ¿qué le pasa?

– Está teniendo un episodio, le vamos a poner un calmante para que se tranquilice.

– ¿Quién era la otra chica?, ¡Laura!... ¡Laura, ¿quién era la otra chica?!

– Ay no, ¿cómo es eso de un episodio, va a estar bien?

– Si, ahí los enfermeros la llevan a su pieza, ya nos hacemos cargo nosotros, lamento que haya tenido que ver todo esto.

– No, no se preocupe doctor, yo solo quiero que mi hermana se mejore.

viernes, 17 de junio de 2022

Lo desconocido

– Mirá cuantos autos hay ahí parados, me parece que está cortada la calle, por eso debe ser el humo que se veía…

Roque dobla a la derecha en Avenida Mate de Luna y Sargento Cabral. El león en el tablero aprueba con la cabeza el desvió. La luz baja de otros autos lo siguen en el espejo retrovisor. Laura sigue hablando.

– … cierto, no te conté, no sabés lo que gastó Mariela cuando se divorció de su marido. Me contó que es un montón de plata, entre el abogado de ella, el de él, los papeles que tienen que presentar en el registro, ni te imaginás, en plata de ahora es un montón. No conviene, para nada conviene que lo hagamos primero…

Roque no ve el lomo de burro a tiempo, frena de golpe pero igual lo sobrepasa fuerte. El león en el tablero salta hacia la derecha. Roque trata de ubicarse en la zona, si estaba en Villa Luján, entonces la plaza que acaba de pasar es la Primero de Mayo. Acomoda el león de nuevo en medio del tablero, que agradece bajando la cabeza como los japoneses. Uno de los cuatro autos en el retrovisor dobla a la izquierda y se pierde.

– mejor sigamos así unos dos meses más, vos quedate en la pieza de la empleada, total ya cama adentro no se contrata a nadie. Yo te voy ayudando a armar las cajas con tus cosas, dejamos la plata de las vacaciones para que puedas pagar el depósito y vamos buscando un departamento cerca de tu trabajo, uno con dos piezas para que puedas llevarte todo…

Una kermes ocupa la calle de la Parroquia San Martín de Porres. Roque cree que es esa parroquia, aunque estaba seguro de que quedaba en el cruce de San Martín y Castro Barro. Tiene que dar marcha atrás igual que los dos autos que tiene en el espejo retrovisor, muerde el cordón de la vereda y el tigre en el tablero queda de cabeza frente al volante. La calle ahora es de tierra, Roque acomoda el tigre en medio de tablero que festeja agitando la cabeza. Todo el auto tiembla un poco.

– igual, si te quedan cosas, yo las puedo guardar en el armario del quincho, lo que sea para que hagamos esto bien. Con la Camilita arreglamos. Mi vieja va a venir a quedarse conmigo, cuando vos te vayas, para cuidarla. Yo ya hablé con ella y le dije que cuando vos la quieras sacar a pasear, o que se quede en tu departamento, si tenés espacio, ella no tiene que decir ni pío. ¿Escuchame? Tu departamento, ya te estoy haciendo mudado. Yo, la verdad, no veo la hora de que nos separemos. ¿A vos te pasa así también?...

Llegan a un cruce que está inundado por una cloaca rota, la calle es de tierra y todo el camino está hecho barro. La intersección no tiene carteles con el nombre y Roque no sabe bien donde está. En el retrovisor no se ve ningún auto, hacen marcha atrás y pisan un bache camuflado por el agua, el tigre en el tablero salta hacia adelante chocando el vidrio del parabrisas. Roque vuelve hasta un pasaje a media cuadra y gira a la izquierda. Un cartel pegado en la pared de una casa dice Pasaje sin Nombre. Roque acomoda el tigre en medio del tablero que asiente preocupado.

– … che, que feo que está por acá… Roque ¿vos tenés idea de donde estamos?

Roque avanza por el pasaje, no hay luces de calle, solo la luz de la vereda de las casas ilumina el camino. En el retrovisor no hay nada. El tigre en el tablero ya no mueve la cabeza. El final del pasaje está oscuro, Roque sigue hacia adelante, en silencio, aunque el camino lo conduzca a lo desconocido.

martes, 14 de junio de 2022

Tereso

Gutiérrez se ensució de nuevo la cola haciendo la caca. Ya está viejito, sus maullidos son roncos y de noche tira los libros y el vaso de agua de la mesa de luz cuando apago todo. No puedo dejarlo andar así, con ese pedazo de caca sin cortar agarrado del ano, se va a sentar en el escritorio de la computadora o va a subirse a la cama y va a dejar todo sucio.

Yo tengo a mano papel higiénico para estos casos, lo llamo como cuando estoy por aumentarle al plato de alimento y ahí lo agarro, lo subo a mis rodillas y lo detengo con el antebrazo, con esa misma mano le levanto la cola y con la otra lo limpio, siempre da problemas.

Así debe haber pasado mi viejo internado, después del segundo infarto cerebral, meando y cagando en un pañal, teniendo que ser lavado y cambiado por un enfermero, el que tan orgulloso estaba de su independencia, de no tener que darle las gracias a nadie.

– Usted también es muy independiente ¿verdad Gutiérrez?, sale de la casa cuando quiere, vuelve cuando le da la gana, no me tiene que pedir permiso ni explicarme nada, a ver, venga venga, quietito.

Le limpio la cola, le doy forma de cono al papel higiénico con los dedos, agarro el pedacito de caca, lo aprieto y lo tiro hacia afuera. Gutiérrez hace un maullido repentino, da vuelta la cabeza y me muerde el antebrazo. Del susto lo suelto, salta al piso, después a la cama y a la ventana. Se queda parado en el marco mirándome y cuando lo llamo para acariciarle la nuca, para explicarle lo que había hecho y que no tenía que tener miedo, salta al patio de afuera.

Los enfermeros me decían, las últimas semanas, que cada día se hacía más difícil tratar con el viejo. Que tenía mucha fuerza y lo agarraban entre dos para poder limpiarlo, que lo ataban cuando estaba muy inquieto y entonces él los escupía y los puteaba, que le aumentaban el goteo del suero con los calmantes para que se duerma, pero a veces se confiaban y a alguno se le escapa un brazo y el otro terminaba recibiendo una piña en estómago. Era bravo el viejo, estando sano, no se andaba con vueltas y a la primera de cambio te clavaba una bomba en la cara.

Busco a Gutiérrez en el patio. Encontró una bolsita de helado de palito en el suelo y le tira arañazos como si fuera una ratita color vainilla. Me escucha que lo llamo, que muevo como sonajero el plato de alimento pero lo ignora. Por momentos Gutiérrez se me hace muy parecido a mi viejo, será porque últimamente lo veo más desconectado de la realidad, no viene cuando lo llamo, maúlla mirando a ningún parte o se pone en alerta y corre por toda la casa.

En el hospital me contaron que el viejo tenía el horario cambiado, creía que estaba en el aserradero escuchando el Boca - River en la radio, y gritaba “eh Juan, Juan, ahí metió el primero el colorado Mac Allister, ves, te dije que les íbamos a romper el orto”, y despertaba a todos en la sala, la María le pedía que se calle, que se duerma, pero el viejo no hacía caso, o no escuchaba, o no entendía. Tuvo suerte en no saber cómo fueron sus últimos días, el viejo Raúl Tereso Paz, el carpintero del barrio, el hincha de Boca, el padre de una.

Me siento en el escritorio, el mensaje de María es bien puntual “el viernes es la misa del papá ¿vas a venir?”. Gutiérrez se sube a la mesa, me ve mirando en celular y me dice “no alcanzó con que te hayas hecho maricón, y todos los años que no le hablaste, además, ¿ni siquiera vas a ir a despedirlo?”, después se lame una pata y se la pasa por la cara un par de veces, salta sobre una zapatilla en el piso, la muerde y sale corriendo hacia la ventana. Solo entonces me doy cuenta de que tengo razón, con eso de que Gutiérrez es muy parecido a mi papá.

miércoles, 8 de junio de 2022

A Marcos le gusta coger escuchando Rock and Roll

– Jodeme Adriana.

– Te juro, está así, no sé qué le pasa.

– ¿Pero desde cuando hace eso?

– Desde el año pasado cuando volvimos de Qatar está así, antes ponía música y bajaba las luces cuando me buscaba, pero ahora es distinto.

– Ah, no es la gran cosa entonces, ya era así antes.

– Pero es distinto, no sé cómo explicarte, pone la música al palo y, ponele que está sonando Highway to Hell, me da vuelta y… te juro que me coge al ritmo de la canción.

– ¿Cuál es esa?

– Esa que el vago canta y se escucha una guitarra que viene y va… en las películas se la usa mucho… la que la letra dice “I'm on the highway to hell, On the highway to hell”.

– Si, ya sé cuál es, pero no me parece la gran cosa, ¿antes no escuchaba esa banda?

– No sé, nunca me fijé si escuchaba eso, capaz que cuando entrena con los amigos del club escucha, pero desde que volvimos de las vacaciones que está así.

– Hablando de eso, ¿cuándo se van?, a ver, mostrame qué compraste.

– La semana que viene, ya tenemos confirmada la reserva y todo. Mirá, me compré este top para la playa, mi hermana fue con el marido el año pasado, dice que ahí se usa un montón.

– ¿Y ese? No te sonrojés tonta.

– Es para Marcos, ¿te gusta? Lo voy a sorprender con esto la primera noche…


Adriana entra en la oficina de Marcos que le hace una seña para que haga silencio.

– Listo Raúl, lo charlamos con la gente de VialTech la semana que viene, justo vino alguien a la oficina, te mando un abrazo.

– La secretaria de Marcos termina de anotar algo en un cuaderno y se dirige hacia la puerta.

– Adriana, ¿cómo te va? – saluda al pasar.

– Hola – responde Adriana sin mirarla.

– Hola amor, ¿íbamos a comer juntos hoy?, te juro que no sé dónde tengo la cabeza.

– ¿Por qué estaban con la puerta cerrada?

– ¿Qué?, estaba en una call Adriana, con gente de Buenos Aires, no se escucha nada con el quilombo que es la oficina, no empecés por favor, ¿a qué viniste?

– Te quería avisar que ya nos confirmaron las reservas del hotel…

– Obvio, si les pagamos hace como dos meses – Marcos comienza a ver algo en la pantalla de la computadora.

– Si, pero, ya sé cuál es la habitación que vamos a tener, es una que tiene vista, me dijeron…

– Adriana, me podías mandar todo eso por mensaje, ¿para qué viniste? – contesta sin dejar de mirar la pantalla.

– Nada, andaba por el centro y te compré un pantalón, te lo tenés que probar ahora porque solo tengo hasta mañana para cambiarlo.

– A ver – Marcos recibe la bolsa de cartón – conozco esta casa, me lo pruebo en un rato y cualquier cosa mando a Gabriela a cambiarlo.

– Mejor ahora, para estar seguros – Adriana camina hacia la puerta de la oficina y la cierra, ve a Gabriela de reojo mirando en su dirección.

– ¿Qué haces, por qué cerraste?, no tengo tiempo de probármelo ahora, lo veo más tarde – Adriana se queda mirando a Marcos, que sigue metido en la computadora, hasta que nota el silencio – ¿Qué pasa Adriana?

– Nada, que no me das bola Marcos, eso pasa, que me vine para acá para darte un regalo y vos estas con eso y no tenés ni dos minutos… – Adriana solloza al final y baja la cabeza.

Marcos se acerca, la toma de las manos y busca verla a los ojos, esboza una pequeña sonrisa y después la abraza.

– Disculpame amor, es que estoy a full con la gente está de VialTech y quiero dejar todo listo antes de que viajemos. Disculpame sí, yo estoy todo con la cabeza en el laburo y bueno, vos te apareciste sin avisarme y no me diste tiempo de cambiar el chip, no te quise ignorar pero…

– Esta bien, no importa, soy una tonta.

– No, sí importa, nosotros dos somos un equipo – vuelva a mirarla a los ojos – vos y yo, juntos, mirá todo lo que logramos, nos vamos de viaje fuera del país, Ramiro es abanderado, vos estás hermosa, todo eso lo pudimos hacer porque estamos juntos amor. Sabes qué, me pruebo el pantalón ahora así te quedás tranquila – busca la bolsa en el escritorio y comienza a cambiarse – y esta noche salgamos a comer, donde vos quieras, vuelvo a la casa, me pego un duchazo rápido y nos vamos.

– ¿Te gusta el color?, no podemos salir, no vamos a dejar solo a Ramiro.

– Esta bueno el color, y me anda justo, está lindo el regalo amor. A Ramiro le di permiso de que vaya a la casa de uno de los chicos del club, no le sé bien el nombre, creo que se llama Martín.

– ¿Cuándo te pidió permiso? Yo ya le había dicho que no vaya a esa joda, son chicos más grandes, no me gusta que se junte con ellos.

– No son tan grandes, yo también era el más chico en las juntadas del club, así se va a hacer hombre – vuelve a ponerse los pantalanes que tenía primero.

– No Marcos, no está bien que vaya, encima va a estar la hermana más chica de Iván, no sé qué hace esa pendeja metida entre todos los varones.

– Y… por algo va Adriana, vos que esperás, dejalo que disfrute a Ramiro, que se divierta con los amigos, ya va a sentar cabeza y va a trabajar aquí con el padre.

– No, esos chicos no me gustan, lo voy a llamar para decirle que venga derecho del colegio a la casa.

– Pero, la puta madre – Marcos le quita el celular y corta la llamada – me rompo el orto todos los días trabajando aquí y no puedo decidir a donde voy a salir de vacaciones, a donde mandar a mi hijo, ni los putos pantalones que puedo usar – le dice mientras golpea contra la pared los pantalones que le regaló Adriana.

– Disculpá Marcos, no quise hacer eso, es que a mi… – la voz de Adriana se corta, Marcos le devuelve el teléfono.

– Andate Adriana, lo hablamos a la noche en la casa, déjame seguir trabajando – Marcos camina en dirección a un mueble con un equipo de música, no se voltea a verla.

Adriana sale de la oficina y se queda parada en la puerta, escucha música adentro pero no reconoce cual es el tema. Suena el teléfono en el escritorio de Gabriela, ella atiende y después se acerca a Adriana.

– ¿Estás bien? – Adriana no contesta, solo afirma con la cabeza mientras se aprieta la frente y después la nuca con una mano – ¿me dejás pasar?, justo Marcos me está llamando. 

Adriana avanza hacia la salida, ve el teléfono descolgado en el escritorio de Gabriela y ahora sí reconoce el tema que suena en la oficina de Marcos. Adriana canta el estribillo “I'm on the highway to hell, On the highway to hell” todo el camino de regreso a su casa.

miércoles, 1 de junio de 2022

La nota más baja

– ¿Juliana qué hiciste, por qué lo desaprobaste?

– Hizo trampa Marta, el pendejo hizo trampa.

– Callate, no le digas así, a ver si te escuchan afuera, pobre pibe – contesta Marta apuntando la voz hacia la puerta – ¿Cómo que hizo trampa, como sabés?

– Lo vi, justo cuando me di vuelta para preguntarle algo a Roque, al profesor integrador que tiene, él bajó un poco la cabeza, miró en la Tablet las respuestas que tenía marcadas en verde, después, cuando le pedimos que indique las correctas, eran justo esas.

– Vos estás loca, no se te ocurrió que él podría haber estudiado ese tema, que por eso sabía qué responder.

– No, no, no es así, él las sabía, pero por que las vio en mi Tablet.

– Ay Juliana, pero, a ver, ¿y qué si es verdad?, ¿y que si pispeó un par de preguntas?, ¿cuántas le hicieron? Como veinte. No podés desaprobar a alguien por copiarse dos preguntas, no sé, ponele la nota más baja y listo, si tan moralista sos ahora.

– No, no es justo para él, no es justo para los demás compañeros que se la pasaron estudiando para terminar la carrera, que vuelva a rendir, pero que no haga trampa.

– Escuchame, ¿no podés compadecerte, solo esta vez? ¿dejarlo pasar?, digo, por lo que él está…

– ¿Por qué, por la parálisis?, ¿Por qué después del accidente solo puede mover un poco la cabeza?, ¿Por qué no puede hablar?

– Si, por todo eso, y porque vino gente de Canal 13 a cubrir la rendida, porque la madre es una ex alumna de la facultad y está forrada en guita, y si quiere te clava un juicio y te deja sin cátedra, porque hay como trescientas personas afuera, porque esto es noticia nacional, ¿Qué más querés que te diga?, no lo podés desaprobar, te vas a mamar un semejante quilombo.

– No me importa.

– Te tiene que importar Juliana, es tu futuro, y el de tu familia.

Juliana baja la cabeza, mira al suelo unos segundos, después ciñe las manos con fuerza.

– Ya no me importa nada.

Golpean la puerta de la oficina de la cátedra. Juliana sale. Los corresponsales preguntan qué va a pasar con Pablito, si se va a recibir de ingeniero, cual es la nota final. Juliana apunta la voz a los micrófonos, exhala aire por la nariz y habla seria.

– Buenas tardes. Hoy rindió examen en mi mesa el señor Pablo Francisco Sandoval, hijo de una ex alumna de esta facultad, la señora Beatriz Antonia Gutiérrez de Sandoval, mujer que actualmente tiene una relación extramatrimonial con el rector de la universidad, el ingeniero Juan Carlos Lizárraga, mi marido.

martes, 31 de mayo de 2022

Amordazado

El extraño ciñe la mordaza desde la nuca, la boca queda medio abierta y los labios carnosos de Rubén expuestos. Trae uno de los brazos al respaldo de la silla y comienza a atarlo, la fibra vegetal de la cuerda raspa la muñeca de Rubén que no puede evitar resoplar de placer. El extraño nota esta actitud contrariado.

– ¿Qué te pasa?, ¿te gusta?

Rubén niega con la cabeza, con movimientos mínimos, nervioso.

El extraño toma el otro brazo, lo trae hacia el respaldar de la silla desde el hombro, acariciando la musculatura de Rubén con las dos manos. Rubén se sorprende, mira a la cara al extraño que se muerde la lengua con los dientes.

– ¿Qué me mirás? ¿Yo te dije que me podías mirar?

Rubén baja la cabeza, ve que su entrepierna comienza a abultarse.

El extraño apoya el brazo de Rubén contra el respaldar de la silla, con una mano detiene la soga y clava las uñas en su brazo, con la otra mano hace girar la atadura y roza la pierna de Rubén en cada vuelta. Cada contacto es un espasmo, Rubén sopla por la nariz.

– ¡Dale, apurate, así me ayudas a buscar!

– Andá a mirar a la otra pieza vos, ya termino con los pies.

El extraño se arrodilla delante de Rubén, junta los tobillos de forma brusca y comienza a atarlo. Para llegar a rodearlo baja la cabeza y la apoya sobre su entrepierna, la mueve de un lado a otro con cada giro de la cuerda, con la cara roza la erección de Rubén.

– ¿Qué pasa, te gusta que te roben, o soy yo?

El extraño termina de atarle las piernas, apoya las manos sobre las manos de Rubén y se levanta recorriendo su pecho con la cara, se detiene a centímetros de su boca, inclina la cabeza hacia la derecha y le pasa la lengua despacio por el labio superior, Rubén siente la humedad y el suave movimiento en su bigote. Trata de sacar la lengua por debajo de la mordaza, cuando el extraño recorre el labio inferior, y ambas se tocan. Rubén tiembla, comienza a lagrimear, no puede contenerlo.

– ¿Y, ya terminaste? – regresa el cómplice de la pieza de al lado – sacale la mordaza, no encontré nada allá, él debe saber dónde está.

– No, dejalo, ya te ayudo a buscar yo

– Sacale la mordaza, que sos boludo, no vamos a estar toda la noche aquí.

El extraño mira a Rubén a los ojos, que lagrimea y niega con la cabeza, con movimientos mínimos, no deja de temblar.

– ¡Y, dale, que esperas!

El extraño saca su arma de atrás de la cintura, sobre la línea de la cola, y apunta. Rubén acaba.

sábado, 28 de mayo de 2022

Entran y salen

Los sujetos salen estables, mucho más conscientes de los problemas por los cuales empezaron el tratamiento. Ninguno de los seleccionados representa, en apariencia, un peligro para la sociedad al terminar, de todas maneras, les hacemos un seguimiento cercano durante seis meses. Después del tratamiento desarrollan su vida de manera normal, presentando inclusive nuevas aspiraciones o realizando actividades que antes no hacían. El plazo casi siempre es de seis meses, como si una necesidad dormida despertase después de ese lapso de tiempo.

Pregunta uno.

– No entendí, ¿era una pregunta?

– No quieren que contestes nada, no esperan de vos más de lo que saben que pueden sacarte, de esa manera te encierran.

– Disculpá, ¿me hablás a mí?

– Por supuesto, quien más vino para extrapolar fantasmas si no sos vos, que más podes hacer aquí que no sea algo planeado desde arriba, más grande que cualquiera de nosotros. Me doy cuenta de todo, todo todo lo que me pasó, lo que te pasó a vos también, fue planeado de antemano para poder encerrarnos aquí. Deberías irte ahora, antes de que los descubras.

– ¿Descubrir a quienes? Yo vine por el anuncio, esperaba que fueras vos con quien tenía que hablar por lo del tratamiento, pero no me parece que estés en muy bien, ¿cuál era tu nombre?

– Qué importancia tiene, si nada de lo que hacemos perdura más allá de estas cuatro paredes, es posible que logres los resultados que viniste a buscar, pero ellos ganan más, la casa nunca pierde.

Pregunta dos.

– Creo que te están hablando a vos, yo la verdad no entiendo bien que esperan que respondamos.

– La duda empieza a germinar, ¿es lo que te decía?, empezás a dudar de vos misma, de lo que te están diciendo, de lo que deberías responderles, ahí es cuando nos atrapan, cuando nos preguntamos por sobre lo que sabemos, cuando empezamos a cuestionarnos lo que pensábamos que estaba resuelto.

– De nuevo no entiendo de qué me estás hablando, ni tampoco qué es lo que esperan que nos cuestionemos. Te puedo decir todo lo que sé y por qué vine aquí si eso te tranquiliza, y responde a las preguntas que nos están haciendo, me parece que estar con esta gente te afectó, y eso me asusta un poco, yo no vine para estar peor.

– ¿Y por qué viniste entonces?, si te asusta el resultado de lo que estás buscando no deberías haber empezado a buscar en principio, y no me vengas con que no sabías lo que podías encontrar ahí, en el fondo todos tenemos miedo a hurgar más hondo porque sabemos que nada bueno podemos encontrar.

– No me asusta saber más sobre mi, me asusta terminar como vos, afectada de esa manera, tan paranoica, tan perturbada.

– Conversar conmigo, creo, es como un paso necesario, o yo soy solo una etapa, para vos, y ahora que lo pienso, yo también estoy pasando por una etapa.

Pregunta 3

– Tengo la sensación de que están hablando sobre la secundaria. Clarito escuché que preguntaban sobre el Nacional y las Popis. ¿La pregunta fue sobre eso verdad, hablaban sobre mi secundaria?

– Es imaginación tuya, estás escuchando lo que querés escuchar, lo que a ellos les conviene, para mí dijeron algo sobre el robo que sufrió mi papá hace algunos años.

– No, esperá, preguntaron sobre mi secundaria, como pueden saber sobre eso, quien les puede haber contado algo tan personal a ellos, ¡¿quién les habló sobre mi secundaria?, ¿Qué más saben?!

– Dudo mucho que te escuchen, y si lo están haciendo, no creo que te vayan a responderte. Saben lo que necesitan saber para hacerte volver a esos pensamientos, es parte del tratamiento, creo, te hacen recordar cosas que tenías metidas muy adentro, te las sacan así, de golpe y sin que te des cuenta, deberías dejar de hacerles preguntas inútiles y empezar pensar en ese recuerdo, sino nunca vas a poder salir de acá.

– Pero ¿sobre mi secundaria?, son cosas que no hablé nunca con nadie, nunca-con-nadie ¿me entendés?, cómo puede ser que sepan, no, que vergüenza, ¿quiénes son?, ¿cómo pueden saber sobre eso?

– Me pregunté lo mismo con mi papá, como podía ser que sepan las cosas que pasé con el viejo, lo que me dolió perderlo, lo difícil que fue después de él. Supongo que tenían que hacerme recordar eso, yo llevaba mucho tiempo sin pensar en él.

Pregunta 4

– ¿Ves?, ¿escuchaste lo que me preguntaron?, saben todo, no, que vergüenza, que humillación.

– Es verdad, ahora me doy cuenta, al principio duele entender que saben todo lo que pasamos, que pueden conocer esas cosas que teníamos tan enterradas, pero después…

– Después nada, como pueden saber sobre mi secundaria, sobre el grupo de las Popis y todos los años en que me persiguieron, en los que no podía salir al recreo o tenía que correr a la parada del colectivo, porque las hijas de mil puta estaban en todas partes, me perseguían, me insultaban, me empujaban, las odio las odio.

– Te entiendo, yo nunca me creí capaz de odiar a nadie como al que me robó a mi viejo, que iba a querer ver a alguien muerto de esa manera, que podía ser capaz de encontrarlo, de marcar su día a día y estar al acecho de esa persona, de un hijo de puta que se merecía lo peor, pero lo peor no de cualquiera, ni de la vida, yo lo tenía que hacer pagar.

– Ya me hubiera gustado poder vengarme de esas estúpidas, de todo el mal que me hicieron, de decirme india en el colegio, de burlarse de cómo me vestía, de cómo hablaba, de avergonzarme frente a Gonzalo y que para él seguro sea una negrita villera, de no dejar de atosigarme incluso después de verme llorando en el baño, de verme salir corriendo de la plaza por su culpa, de no querer ir a la escuela por semanas.

– Y que hubieras ganado con enfrentarlas, no es solución enfrentarse a alguien por odio, menos si sos vos y un montón de amigos que querían tanto a tu viejo que no tienen problema de patotear a un pibe. Le dimos duro, primero entre todos hasta dejarlo ahí, ensangrentado y sin poder moverse. Después los paré, les dije que el ultimo tenía que ser mío, lo quería muerto y quería ser yo el que lo mate, se llevó a mi viejo, él lo mato y ahora me iba a vengar por eso. Hasta hoy lamenté el día en que lo dejé ahí tirado, casi muerto, pero respirando, hasta hoy que vine aquí, que pude volver a pensar en eso.

Pregunta 5

– ¿Qué fue lo que dijeron?, yo lo escuche clarito, ¿preguntaron por la chivita verdad?, hijas de mil puta, ¿son ustedes verdad?, solamente ellas podían saber de ese apodo, ¿son ellas verdad?, vos que estabas desde antes, ¿quiénes son las que hacen las preguntas?, estoy segura de que son ellas.

– A esta altura ya no nos sirve saber quiénes son, no sé si entendés lo que están haciendo, poder volver de todo aquello me dejó la mente más fresca, los rencores parecen ser parte del pasado, pero no como antes, ahora estoy mucho más tranquilo.

– Y como podes estar tranquilo sabiendo que las preguntas las están haciendo los familiares del hombre que mató a tu papá, o las Popis, o el que sea que este del otro lado preguntando cosas y sabiendo sobre vos más de lo que saben toda tu familia y amigos. Ellas nunca dejaron de perseguirme, todos estos años y todas las cosas que no funcionaron en mi vida seguro son culpa de ellas. Y ahora están ahí, o se pusieron de acuerdo con los que están del otro lado, para seguir jodiéndome, para seguir cagándome la existencia.

– Si así lo ves, entonces no hay mucho que puedas hacer, olvidar no funcionó hasta ahora, esos sucesos están todavía muy presentes, mi viejo todavía está muy presente en mi vida y no había podido, hasta hoy, abrazar ese sentimiento. El ladrón también está presente, pero de otra manera ahora. No creo poder entenderlo, entender como es capaz de matar a una persona por unos pesos, pero creo que con el tiempo puedo llegar a perdonarlo, a perdonar a mi viejo por no entregar la billetera y resistirse, a perdonarme a mí por lo que le hice a ese pibe tiempo después. Creo que va a ser mejor de que me vaya.

– Y que vas a hacer con el hecho de que esta gente sabe tanto sobre vos, sobre mí, sobre anda a saber cuántas personas, el poder que tienen sobre nosotros, cómo seguramente arreglaron todo para que yo llegue a este lugar, cómo puede que hayan estado detrás de las cosas que no funcionaron en mi vida, incluso cuando estaba en la secundaria. Como vamos a poder vivir sabiendo todo esto de aquí en adelante. Voy a contarle al que venga a este lugar lo que está pasando, cómo nos controlan, no voy a permitirles que jueguen con nadie más.

– Si es eso lo que querés hacer te deseo la mejor de las suertes, yo voy a pedir que me abran y voy a volver a mi casa, salí hace como dos horas y seguramente están preocupados por mí. ¿Pagaste por adelantado verdad?, hasta recién me doy cuenta de que lo que cuesta, vale.

Los sujetos entran estables, seguramente no muy conscientes de los traumas que los tienen atados a la forma en que viven. Seleccionamos para el tratamiento a aquellos que no representan en apariencia un peligro para la sociedad, les hacemos un seguimiento de seis meses antes de invitarlos a un primer encuentro. Seleccionamos a los que, por motivos de pequeños éxitos, en lo profesional o sentimental, tienen seguridades sobre si mismos bastantes cimentadas, esto es requerido para que puedan soportar el tratamiento. El plazo para los reincidentes suele ser de seis meses también, como si una necesidad dormida se activase en ese tiempo y necesitasen pasar por el tratamiento nuevamente, para estabilizarse, para poder continuar con su vida de manera normal.

Pasemos ahora a hablar sobre los costos del tratamiento y los rendimientos a mediano y largo plazo que hemos tenido. En la gráfica de la pantalla podemos ver la afluencia de pacientes nuevos y reincidentes en los últimos seis meses y calcular…

viernes, 19 de noviembre de 2021

Historia de una foto

– Vos tenés que contar todo, así como me dijiste recién, pero más triste. Que la gente sepa todo el tiempo que venís buscando a Marcos, que lo extrañas un montón, que lo querés ver.

– No se preocupe Laura, yo soy actrí, sabe…

– Bueno, entonces no te va a costar nada. Tenela así a la foto, frente a la cámara, que se vea que es lo único que tenés de él, no importa si no se distingue, yo ya les pasé una copia a los del canal para que la pongan en primer plano.

– Eso le quería preguntá Laura, ¿a qué hora maomeno salimo? Es para avisarle a mis chicos para que me vean.

– Creo que en 15 minutos largamos, estate lista. Y por favor, esto es muy importante, por favor no me interrumpas cuando esté hablando durante la nota.

Laura quería pegarla con esta nota. Adriana Mendoza, la histórica panelista de actualidad del programa “Con vos hasta el mediodía”, estaba a semanas de dejar el show para trabajar en la tv publica, la vacante que quedaba tenía que ser suya. Laura odiaba a Adriana. Se sabía más bonita que su compañera, tenía una rutina estricta en el gimnasio y una dieta baja en carbohidratos. Se sabía mejor preparada que ella, había estudiado periodismos en la UBA y todas las mañanas leía los portales de noticias mas importantes para estar actualizada. Sabía que no iban a reemplazar a Adriana con un hombre, ya había muchos varones en el estudio y tenían que cumplir con la cuota de género para no disgustar a los progres. El productor le anuncio que salían al aire.

– Buenos días Ruben, Adriana, Carlos, Juan y bueno, a todos los compañeros en el estudio. En efecto estamos aquí en el Museo Nacional de Bellas Artes, pero en esta ocasión no para cubrir la presentación de una obra, o la exposición de un artista plástico, sino para contarles una historia de amor. Quien me acompaña es Jenifer, ella es una moza que trabaja en un bar de avenida…

– Actrí, disculpe Laura, yo soy actrí.

– …

– Si, buenos días Rubén, y a todos en el estudio y en especial a Adriana que la veo toda las mañanas en el bar y me encanta verla y me encanta escucharla cuando estoy trabajando y eso.

– …

– Si, yo trabajo de moza en un bar, pero ese trabajo es temporal noma, porque yo soy actrí, yo estudié en la faculta do año sabe, pero tuve que dejar porque justo me quedé embarazada y bueno, los tengo que mantené a los chiquitos.

– …

– ¿La foto?, si la foto es de Marcos, el venía conmigo a ver las obras cuando éramos novios y…

– Y ese fue el comienzo de la historia de amor que les contaba. Jenifer y Marcos fueron novios que se conocieron en la Universidad de Arte de…

– No, si yo a Marco lo conozco desde chiquita, del barrio…

– Cierto, pero cursaron juntos la carrera y ahí se pusieron de novios. Durante mucho tiempo fueron juntos a ver obras de arte en el Museo que tenemos aquí atrás, después se separaron y Laura dejó de venir, pero Marcos lo seguía haciendo. La foto que tiene Jenifer en sus manos, la que están viendo en pantalla ahora, fue tomada por uno de los trabajadores del museo, que veía a Marcos todas las tardes sentado frente al mismo cuadro, recordando el pasado o, quien les dice, quizás esperando a Laura…

Marcos está haciendo zapping cuando pasan por el canal que está transmitiendo la nota de Jenifer. Él no la ve y cambia rápidamente.

– Papá, ahí estaba la mamá en la tele.

– Ma ver, si e verdá, he Jenifer, ¡Jenifer!

– Voy, voy, ¿Qué pasa?

– Ahí están dando la nota esa donde aparecé de nuevo, che y ¿Cuánto te van a pagar por eso?

– Nada pa, si eso era para haceme conocé en la tele noma, yo le dejé mi número al camarógrafo, para que le dé al productor. No le quise dar a la Laura esa porque es una envidiosa.

– ¿Y ya te llamaron?

– No pa, todavía no, será cuestión de esperá nomá, seguro que pronto me llaman.

lunes, 15 de noviembre de 2021

La incuantificabilidad del deseo

– ¿Pensaste alguna vez en la incuantificabilidad del deseo? – le decía mientras palmeaba su mejilla, despacio, suave, buscando un despertar tranquilo a su letargo, la noche había sido ruda para ambos. – Me vas a decir, como siempre, que es otra de esas ideas delirantes que te planteo a veces, de esas locuras lindas. Pero pensalo por un momento, ¿Cuál es la medida justa?, ¿hay una cantidad que no debería ser sobrepasada?, ¿cuándo se convierte en malo desear a alguien?, desearte a vos.

Durante la mañana, la mañana de ese mismo día, habían despertado por la luz de un sol de primavera, filtrando rayos por rendijas entre las cortinas de la única ventana del departamento. Ella hizo un inhalar fuerte, dormida, para exhalar por la nariz gotas de noche y de frío, de un dormir inquieto destapándose a cada momento, dando vueltas, presintiendo lo inevitable. Él estaba despierto desde temprano, contemplándola un rato, mirando el celular otro rato, pensando en todo lo que no iba a hacer este domingo, todos los planes innecesarios que tenía para consigo mismo, que iba a desarmar en el preciso instante en que ella le dijera – Gordo, ¿me acompañas a lo de mi hermana? Me dejé ropa la semana pasada y de paso quiero saludar a Martina – cambiaría de trabajo por ella, cambiaría de ciudad, de nombre, de estado en Facebook, si se lo pidiese, cambiaría todo por ella, los planes de un domingo no eran la gran cosa.

– ¿Te acordás cuando te decía, que tenía una casa en ningún lugar?, eso tenía un doble sentido, incluso entonces. Creo que lo que en verdad quería decirte es que no había lugar, ningún lugar, donde nosotros dos no podamos estar juntos – le decía mientras prendía algunas velas en una mesa de noche, al lado de la cama. – Ya sé que es medio romántico-pelotudo todo esto de las velas, pero vos me conocés, me encanta verte sonreír, que te sorprendas, no sé qué era de mí antes de estar con vos – continuaba mientras corría su flequillo hacia un costado, despejando sus ojos para que pudiera ver lo cálido de la casa, la chimenea, los sillones para lectura, la biblioteca, la mini cocinita, la puerta del baño. Ella seguía entre adormecida e incrédula, como reponiéndose de una pesadilla, encontrando la oscuridad de una casa iluminada con velas, encontrando la oscuridad de la realidad que la rodeaba.

La comida ese medio día, el medio día de ese mismo día, fue silenciosa. Él había preparado, la noche del sábado, – unas pizzetas caseras a todo trapo – como pensaba que ella le diría por esmerarse tanto en cosas tan pequeñas, ambos sabían que la cocina no era su fuerte. Prepararon los bolsos para salir cada uno por su cuenta. En la habitación ella guardó varias camisas, dos pantalones, dos pares de zapatillas y los zapatos de noche, casi era un bolso de viaje. En la cocina él solo cargaba algunas frutas, fideos, leche, algunas sobras para pasar la noche – Gordo, ¿y si vamos al mirador ese al que me llevaste una vez? – creyó escuchar a lo lejos, sus ideas siempre le parecían geniales, agregó entonces una botella de vino y una servilleta de tela a la mochila.

– Me gusta esto de poder cuidarte – le decía mientras la ayudaba a incorporarse en la cama. Afuera hacía humedad y frío, adentro un pequeño calefón a gas hacía las veces de calefacción y compañía, con un sonido leve, como un susurro que invitaba al silencio. – Estuve varios días instalando y volviendo a instalar esa mierda y no conseguí que deje de hacer ruido, después de un rato, cuando lo apago, hasta extraño escucharlo. ¿Te molesta?, si te molesta puedo ver de solucionarlo – le decía mientras acercaba una colcha de paño, aterciopelada, roja, con la que la cubría y arropaba. – Quiero que en tu tiempo en la casa estés lo más cómoda posible, quiero cuidarte. Supongo que a pesar de las lecturas, a pesar de todo lo que aprendí con vos y de esta búsqueda interminable de la deconstrucción, a pesar de todo eso, seguimos respondiendo a roles muy antiguos, muy arraigados en nuestro inconsciente, digo, gracias a ellos llegamos a donde estamos, gracias a ellos puedo estar con vos esta noche y un montón de noches más, gracias a que siempre vas a estar cuidada, conmigo.

En el mirador esa tarde, la tarde de ese mismo día, el frío los había acercado como hacía mucho tiempo no lo estaban. Abrazados, tomados de las manos, apenas si interrumpían el observar la ciudad neblinosa para acercarse un trago de vino del pico de la botella. El no probó ni una gota – esta cagada me está pegando fuerte – pensó que le diría en algún momento, pero la ensoñación sobrevino con rapidez y pronto tuvo que ayudarla a caminar hasta el auto. El viaje era largo, si tenía algo de suerte ella dormiría durante todo el camino – me encanta la casa, tiene todo lo que necesitamos, me alegra un montón que hayas decidido compartir esto conmigo – pensaba que serían sus palabras una vez que hayan llegado, una vez que haya visto todo, una vez que entienda cuál era su idea, por qué estaban ahí, como él la veía.

– Te propongo algo – le decía mientras acercaba su mano a la servilleta de tela – te propongo que reflexionemos juntos esta situación, que exploremos cuales son las posibilidades que tenemos de ahora en adelante – ella lo miraba fijo a la cara, casi había despertado completamente, sentía volver en sí, sentía una nueva fuerza en todo su cuerpo. – Podemos resolver esto juntos, podemos evitar las peleas, las distancias, el olvido. Yo no podría olvidarte nunca, no quiero hacerlo. Vos sos todo lo que quiero para mí, todo lo que esperé durante mucho tiempo, no voy a renunciar a vos. Quiero que veas esto como una oportunidad, como una forma en la cual podamos reencontrarnos, volver a conocernos, pero esta vez mejor que antes, sin las presiones de afuera, sin intromisiones, sin ideas raras que cualquiera pueda poner en tu cabeza, solo nosotros dos – ella no podía creer lo que escuchaba, lo que estaba pasando a su alrededor, lo que podría pasar, solo lo miraba fijo, casi furiosa, entonces él le quitó la mordaza.

– ¡Hijo de mil puta! ¿Dónde mierda estamos? ¿Por qué me ataste? ¿Por qué me trajiste acá? ¿Qué mierda te pasa? ¿A dónde me trajiste? ¡¿A dónde a dónde?!

– Una vez te dije que tenía una casa en ningún lugar.

– ¡Roberto vos estás loco! ¿Qué mierda te pasa? ¡Soltame hijo de mil puta! ¡Soltame! ¿Qué hacemos acá? ¡Soltame!

– No puedo, aunque quisiera ya no puedo, esto ya está hecho y no tiene vuelta atrás, vamos a tener que acostumbrarnos a esta situación, aprender a querernos de nuevo, como al principio.

– ¡Vos estás loco, no te puedo creer esto, vos estás demente! ¿Qué mierda te pasa? ¡Soltame ahora mismo Roberto, soltame! ¡Hijo de mil puta! ¡Soltame!

La casa esa noche, la noche de ese mismo día, estaba por demás agitada. Ella no paraba de gritarle, de dar vueltas en la cama, de tratar de soltarse. Él estaba en la cocinita, hirviendo agua para el mate, mirándola forcejear, pensando una manera en la que ella pudiera entender lo que él estaba sintiendo, creyendo que con el tiempo hasta podría volver a decirle – ¿Pensaste alguna vez en la incuantificabilidad del deseo?

domingo, 14 de noviembre de 2021

Algo de lo que me dejó el taller literario

Fueron llegando de a uno, eso me dio algún grado de respiro a la hora de enfrentarlos. Los hermanos Gutiérrez eran una familia de enanos que habían trabajado en un circo, o al menos eso se decía en el barrio, y ahora tenían una verdulería. A mí me caían mal todos, los padres, el Pepo, chichón de suelo, Marquitos, todos sus primos. Después de voltear a los primeros tres me empezó a doler la mano derecha, Pablo me había advertido que no los enfrente solo, ¿a dónde se fue el hijo de puta?

Pensé que borracho como estaba iba a tener más problemas, pero se venía defendiendo bien Facundo, hasta que apareció el Pepo. De chico siempre lo gastaban por enano, era inevitable. Ahora estaba loco, como poseído, saltó a lo Jordán para darle en la cara al primo, era enano pero estaba trabado. Facundo se tambaleo un poco hasta caer desparramado en la placita, junto a los otros enanos parecía un cigarro nuevo a la par de otro montón de puchos fumados.

La furia del Pepo era incontenible. Fueron muchos años de aguantar a Facundo y a los demás pibes, sentía que nadie lo respetaba en el barrio, al menos no hasta que empezó con el gimnasio. Los compañeros del club también se burlaban pero a sus espaldas, él los consideraba amigos. Para Pablo el conflicto de esa tarde fue una estupidez, Facundo y Chichón tomaban cervezas todos los viernes sin problemas, pero justo hoy a Facundo se le dio que Chichón tome de la lata de 350 y él la de 500.

martes, 13 de abril de 2021

12 horas para el final

Son las nueve de la noche en punto, la aguja del horario lo corta a la mitad dividendo en dos su persona, una mitad dice basta de toda esa tortura, la otra de a poco empieza a coincidir con la primera. Enciende la tele, cualquier cosa tiene que ser mejor que estar en su cabeza, la ventana en la pantalla sopla un viento en HD que escapa de las 32 pulgadas, que inunda la habitación volteando latas vacías, ropa desparramada y los papeles en la mesa de luz, hojas tamaño oficio arremolinadas empapelan toda la pieza del hotel, donde sea que mire tiene que rubricar la firma. El horario marca la una y la aguja filosa tiene forma de lapicera, el corte cruza la cara a la altura del ojo derecho, del ojo bueno, y los sesos de la cavidad craneal seccionada luchan por permanecer unidos al cuerpo, chispas eléctricas iluminan la habitación sin gravedad como flashes en el espacio, las ultimas ideas de una batalla perdida. Devienen las cuatro, los chispazos son esporádicos, el horario caprichoso se ensaña con los brazos y las manos, queda invalido de un poder hacer, cualquier cosa, lo que sea que lo salve de llegar al final de esas doce horas. No hay dedos para marcar, no hay manos que golpeen puertas, no hay brazos que le ayuden a levantarse del frio suelo de la habitación, tampoco hay forma de que pueda servirse otra copa. El minutero de las seis en punto se suma a la carnicería, corta a las seis y cinco, corta a las seis y veinticinco, a las seis y cuarenta, a las y cincuenta y cinco. El montón de carne que es su cuerpo ahora se resiste a comenzar con los rituales, el alcohol requiere una ducha, el desvelo un café amargo, la tristeza es algo que no podrá solucionar. El remís lo deja en la entrada, la aguja del horario es una espada marcando las nueve, una espada que ella arrastra mientras caminan en dirección al funcionario. Siente la tentación de hablarle, pero no cree poder volver a coser todas las partes del cuerpo, no quiere otra noche como la anterior. Ambos firman, el divorcio es definitivo, las agujas del reloj dejan de tener filo, el tiempo deja de importarle.

martes, 30 de marzo de 2021

Realidad disminuida

Esa mañana despertó como cualquier otra, planchó la camisa, tomo la ducha, hirvió el agua para el café. La soledad del departamento a las 6 de la mañana no era tal en los tiempos que corrían. Pantallas lo acompañaban en cada ambiente y nunca dejaba de ver o escuchar a alguien. Algunas chucherías chinas fáciles de conectar le permitían ver el mismo video en la tele del cuarto, en la notebook de la cocina o en el celular estando en el baño, mientras se enjuagaba el shampoo. “Las 9 teorías conspirativas con más posibilidad de que sean verdad por El Ojo Oculto”, “hoy en el podcast: libros que desquiciaron a sus escritores”, “maratón de online de Los Simpsons”, “un blog más: ¿qué tan solos estamos? La imposibilidad moderna de mirarnos a los ojos”, “¿ya chequeaste la última lista de reproducción de Tito Libio?”, “informe especial, alguien nos observa todo el tiempo ¿sabes quién es?”. Comenzaba el día consumiendo tracaladas de información constante, videos, artículos online, podcast, recopilaciones de noticias, resúmenes de series, todo al alcance de la mano todo el tiempo. Ya en el colectivo, auriculares bluetooth encendidos, la radiación de las pantallas hacia más blanco el rostro a todos los pasajeros, mas ausentes, y no es que él lo notase, quería terminar de ver el capítulo antes de llegar a la oficina, quedaban solo un par más para el final de la temporada. En su escritorio, más tarde, la pantalla era tan obligatoria como temprano ese mismo día. Por momentos creía escuchar algún chiste entre los compañeros de trabajo, sonreía, puteaba tal vez, apenas si miraba, las planillas se llenaban de números que contaban su propia historia y él era el artesano de esas hojas virtuales. Entretejía, entre flashes del diario local, respuestas a correos urgentes, cambio de playlist, actualizaciones de última hora que modificaban las formulas, un café rápido, 30 minutos para comer, entretejía aquella telaraña de números que enviaba al instante de terminarla, solo para empezar otra y otra, fijo en la pantalla. La tarde era gimnasio, auriculares todo el rato hasta el momento de la cinta, la literalidad perfecta de correr para llegar a ningún lugar. Era su turno, había descargado en HD y guardado en la memoria del teléfono las últimas 3 temporadas de la serie de moda, ya no tenía excusas para no entender los memes, solo era cuestión de darle play, de comenzar a correr, de comenzar a ser parte. No hay planes para la noche, “es muy lunes” muestra una leyenda acompañada de una imagen de Garfield. Like a la imagen, los comentarios de siempre hasta que alguno da la nota “no entiendo por qué no les gusta el lunes”, dislike, “ni intiendi pir qui ni lis gisti il linis”, comentar. “Definitivamente hay gente que no sabe bien donde vive”, no “como hay gente que no sabe dónde está parada”, no, “hay gente que no entiende nada, mejor ni hablar”, si, publicar. Esperaba los likes, los comentarios, las preguntas, “lo decís por mi gor, te extraño, ¿cuándo una juntada?”, “de esos sobran macho, cuídate bro”, “que changuito este, siempre haciéndose el misterioso”, el último era de ella, podía darse por satisfecho. Ya en la cama, con la oscuridad solo interrumpida por el resplandor de la última pantalla encendida en el departamento, con dos ojos casi por cerrarse, con la sensación de haber realizado todo lo propuesto para el día, con un suspiro de plenitud, una notificación lo convocaba, como todas durante todo el día, un nuevo comentario en la publicación “un blog más: ¿qué tan solos estamos? La imposibilidad moderna de mirarnos a los ojos”, señorMilaConPapa87 publicó: “me está pasando, me está pasando ahora mismo, que puedo hacer????, no puedo ver a nadie, alguien, el que escribió esta publicación, necesito que alguien me ayude, por favor”… alarma encendida, celular off.

Esa mañana despertó como cualquier otra, planchó la camisa, tomo la ducha, hirvió el agua para el café. Era una mañana tranquila, a pesar de su urgencia usual por consultar las notificaciones del día anterior comenzó con música suave, de jazz, inundando todo el departamento, acompañándolo en la ducha “me está pasando, no puedo ver a nadie”, no recordaba la última vez que había soñado, mucho menos haber tenido una pesadilla, pero algo en ese último mensaje que leyó la noche anterior lo había dejado intranquilo, no había dormido bien, “¿no puedo ver a nadie?, ¿se puede no ver a nadie?”, el agua parecía no mojarlo, la música sonaba distante, hoy estaba desconectado. “Todo lo siguiente ese día podría ser explicado por una simple cadena de coincidencias, por lo que se diría un mal día”, pensó esa noche antes de dormirse, pero era extraño y forzoso, todo podía explicarse a excepción de lo del barrendero. El colectivo esa mañana estaba extrañamente vacío, cuando quiso darse cuenta ya estaba sentado en un asiento de a uno cerca del medio, dejó el capítulo del ebook para mirar a su alrededor, sentía extrañar a gente que no conocía, a completos extraños a los que no miraba a la cara nunca, pero hoy era distinto, hoy quería hacerlo. Al frente el chofer, dos personas sentadas juntas, con canguro y gorra, tapados por el frio, de espaldas, apenas si distinguía su género, una pareja tal vez, atrás un nene, dormido, hundido en su asiento solo dejaba notar la frente, no había rostro. Buscaba espiar la cara del chofer por el retrovisor, verlo, conocerlo, pero cada vez que el ángulo lo permitía, cambiaba de posición el cuerpo siguiendo el giro del volante, esquivando la mirada, haciéndose anónimo. “¿Dónde estaba la gente?” había perdido tiempo durante la mañana, pensando que no podía ver a la gente a la cara, se había retrasado tanto que viajaba ahora solo con los que estaban llegando tarde, una coincidencia. Al bajar del colectivo hizo un último intento, el niño ya no estaba, fue hacia la entrada de adelante pero una frenada brusca lo impulso fuerte hacia la puerta, el chofer sacaba la cabeza para putear a un automovilista de vidrios polarizados, la pareja miraba en dirección a esto, otra coincidencia. La oficina podría haber sido la oportunidad perfecta para reencontrarse con los rostros de sus compañeros de trabajo, el lugar que obligadamente visitaba 5 días a la semana era el lugar en el cual obligadamente debía ver el rostro de ciertas personas, esos mismos 5 días a la semana. No había nadie en la oficina, “¿otra vez?, ¿podía no haber nadie?”, tras iniciar los sistemas pudo saber sobre la importante reunión convocada a primera hora, todos estaban ahí, todos parados de espaldas frente a un orador que no podía ver, que cada vez que buscaba visibilizar era tapado por una cabeza, por una mano que se levantaba, por alguien caminando que se cruzaba y era igual de anónimo, más coincidencias. Al finalizar la reunión, un llamado de la gerencia lo apresuro a su puesto, había llegado tarde a trabajar, había planillas que presentar de forma urgente, correos que contestar y operaciones que autorizar para que continúe la gestión del día, la pantalla del monitor pedía su atención constante, ausente de todo a su alrededor, con la mirada fija. Cuando quiso darse cuenta estaba comenzando a anochecer, los compañeros de la oficina ya se habían retirado, tal vez lo saludaron, tal vez los vio a la cara cuando lo hicieron, no podía recordarlo, solo le quedaba este agotamiento mental, los ojos ardidos de mirar a la pantalla casi sin pestañear y una sensación de vacío que le era extraña, se desconocía a sí mismo, tal vez ni siquiera él podía verse a la cara. Decidió volver a casa caminando para reponerse del mareo, eran 15 cuadras en las que podría hacer un último intento, tratar de reencontrarse con la gente, poder verlos a la cara de nuevo. Caminaba como un zombi, con pasos lentos e inconexos, con una dirección fija y mirando casi todo el tiempo al frente. No había auriculares esta vez, el celular estaba apagado, trataba de estar lo más desconectado posible para poder volver a la realidad, para poder conseguir ese reencuentro. Tal vez el mareo, tal vez otra vez esas coincidencias que evitaban el contacto directo con el rostro de la gente, tal vez la visión ardida de estar conectado a las pantallas durante todo el día, que hacia borrosa la imagen, tal vez ya no sabía cómo mirar a la gente, muchos eran los factores por los cuales esa larga caminata a casa no sirvió de nada, porque a cruzó gente, a algunos, pero a ellos tampoco pudo verlos, todo parecía perdido. Ya estando en la puerta de su edificio, casi resignado a no establecer ningún contacto humano directo, con nadie, es que se acercó al barrendero, lo toco en el hombro para hablarle y al darse vuelta él finalmente pudo ver una cara, pero estaba censurada. El rostro del barrendero estaba censurado, pixelado, como cuando en televisión tratan de evitar mostrar el rostro de un testigo, como cuando en las fotografías se busca proteger la identidad de personas no implicadas con algún hecho, de esa manera lo veía, aunque en realidad, seguía sin poder verlo. Le hablaba, reconocía que la boca del barrendero se movía y sonidos salían de ella, pero no eran palabras, era como un ruido blanco muy fuerte, como el sonido de lluvia de una televisión sin señal, de las de antes, que tapaba cada palabra que pronunciaba el barrendero, que las hacía inentendibles. Sobrecogido por esta situación sentía enloquecer, no podía estar pasando por algo así, no lo entendía, “¿esto es lo que le pasó a señorMilaConPapa87?, el que puso el comentario en el blog, ¿alguien ahí le habrá dado una respuesta?”, necesitaba pruebas, encendió el celular y la cámara, apuntó al barrendero para tomar una foto de lo que estaba viendo y entonces lo entendió. En la pantalla que apuntaba al barrendero podía ver su rostro, sin censuras, al activar el micrófono en los auriculares podía escuchar lo que decía, sin ruido blanco, mediado por un dispositivo ahora podía verlo, entenderlo. Prometió al barrendero dejar la basura en el canasto y subió a su departamento, decidió no cenar esa noche por lo que fue directo a la ducha y después a la cama, estaba entre contento y desconcertado, contento por haber descubierto la forma en que esta nueva realidad se configura, desconcertado justamente por eso, “todo lo sucedido ese día podría ser explicado por una simple cadena de coincidencias”, pensó, “por lo que se diría un mal día, pero era extraño y forzoso, y nada podía explicar lo del barrendero”.

Esa mañana despertó como cualquier otra, planchó la camisa, tomo la ducha, hirvió el agua para el café. Esta vez no había pantallas, no había música de fondo acompañando la rutina, no había noticias ni actualizaciones ni comentarios, era solo él y el silencio. La calle de miércoles, así como el trabajo más tarde y después el gimnasio, se presentaban de la misma manera en que las dejó la noche anterior, con los rostros de las personas censurados, pixelados, con sus voces tapadas por un sonido blanco, fuerte, con su incapacidad para mirarles la cara, para entenderlos, ahora solo podía hacerlo mediante alguna pantalla. Había perdido la capacidad de entender la realidad sin la intervención de un dispositivo, “pero ¿eso era nuevo?, ¿hacia cuanto tiempo no miraba, no oía o sentía a otros?, ¿hacía cuanto no se miraba a sí mismo siquiera?”, que no sea por un posteo o un comentario en el posteo de alguien más, que no sea por sus propias fotografías subidas en sus redes, “¿se conocía a sí mismo?” Esa noche después de comer decidió buscar el viejo espejo, el del baño, que había guardado en algún momento, no recordaba el por qué, y que nunca volvió a colocar. Lo llevó hasta la pieza, y cuando estaba a punto de ubicarlo para verse, noto como la camarita web de la notebook se movía apuntando en su dirección, entonces recordó la publicación que había leído días atrás “informe especial, alguien nos observa todo el tiempo ¿sabes quién es?