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martes, 9 de marzo de 2021

sobre Lo que en verdad pasó

La idea del cuento la tenía archivada desde hacía mucho tiempo, surgió al ver la foto por primera vez en un portal de noticias local, simplemente no podía creer que un colectivo, medio de transporte que uso a diario, pueda incendiarse de esa manera, la imagen era sobrecogedora. Escribo esta entrada para contar que, al empezar a escribir el cuento, buscando la imagen en el inmenso archivo que es internet, encontré un montón de fotos de colectivos incendiados de todas las provincias del país, convirtiendo mi hecho inverosímil en algo mucho más común de lo que pensaba. Tal vez la suerte de los personajes del relato también sea más común de lo que pienso.

viernes, 29 de enero de 2021

Asumisión de la propia tucumaneidad

Estoy en proceso de escribir un cuento que sucede en mi querida ciudad de San Miguel de Tucumán. La necesidad de especificar el lugar de algunos eventos del cuento, o eventos del pasado de la provincia, me llevaron a realizar varias consultas a Google Maps y a notas del diario local para poder generar un contexto creíble. Aun esto, al releer lo que llevo escrito, siento que algo falta, que no estoy del todo en el Tucumán que conozco, que no puedo identificarme. En el ejercicio de escribir nos damos muchas veces las mismas libertades que regionalmente nos damos en el ejercicio de hablar, me refiero, por ejemplo, al uso de las inexistentes palabras asumisión y tucumaneidad del título de este texto, o a los innumerables lunfardos que podemos escuchar si hacemos dos cuadras a pie por cualquier vereda del centro tucumano. Entiendo que esto es lo que le falta al cuento, la identificación con el lenguaje tucumano, una jerga por demás compleja y particular. A modo de ejercicio práctico comparto un ejemplo exagerado de esta forma de expresión tan nuestra:

Eh, dogor ura, vamoaí a velo al Rayan, el culiao ese me debe uno 500 peso de una ve que lei prestáo para que se compre unas tucas en lo del negro Raúl, ese cajeta también la vende ma cara que el pingo, si cualquier día le vamo a caé a la casa y le vamo a sacá todo pal aca ya va ve, que se haga nomá el pícaro, negro culiao ese.

Párrafo que escrito en un español más neutro sería similar a:

Escúchame, gordo ura, vamos a ver a Rayan, el culiado ese me debe unos 500 pesos de una vez que le presté para que compre unas tucas en la casa de Raúl, el negro. El problema es que, el cajeta de Raúl, vende las tucas más caras que el pingo, lo que va a generar que cualquier día de estos vayamos a su casa y le robemos todo lo que tiene para el aca mientras nos mira, eso le va a pasar si sigue haciéndose el pícaro, al negro culiado ese.

Para todos los puristas que estarán diciendo que el segundo párrafo conserva muchas de las malas palabras tucumanas del primero les contesto en ese mismo código: me dio paja buscar como traducir esas palabras y me importa un pingo su opinión.

domingo, 22 de noviembre de 2020

sobre El departamento de mi vecino de al lado

Renovando las entradas sobre… solo para comentar que este cuento lo escribí inspirado en una anécdota que escuché en el podcast Rayos Catódicos (si llegaron a este lugar de internet estoy seguro de que pueden buscar Rayos Catódicos en youtube). No recuerdo el número de capitulo donde cuentan la anécdota pero puedo decir que fue en uno de 2020. Les recomiendo el podcast y les recomiendo el cuento, nada mas.

martes, 30 de agosto de 2016

Necesarias renuncias después de los 30

A mis ideas de cómo cambiar el mundo, que en paz descansen.
A mis abdominales, no, a esos nunca los conocí.
Al amor incondicional, ahora veo que las comedias románticas nos mintieron como a niños.
A convertirme en un músico de Jazz (no hay nota para comentar eso).
A terminar mi novela interminable, que entonces dejaría de ser interminable, y provocaría que las incongruencias de mi vida dejen de ser tema para escribir.
A escribir decentemente sobre algún tema, por motivos previamente expuestos.
A cebar un buen mate, porque para eso están los demás.
A la danza como una forma de expresar corporalmente las crisis existenciales que me atraviesan en este mundo posmodernista, porque lo que hice, hago o haré, respecto a la danza, respecto a bailar, solo provoca risas sin ser comedia.
A continuar este texto, porque entiendo que la idea original se perdió y ahora solo estoy escribiendo lo que creo quieren leer, y no lo que creo quiero decir y…
A los finales con puntos suspensivos, por ese asunto de las renuncias, nada más.

viernes, 22 de julio de 2016

sobre II - a - Epidemia

Ordenando los viejos documentos encuentro este cuento de un hace muy mucho. No puedo dejar de publicarlo, tal vez por un sentido de añoranza más que literario, los tiempos en que me dejaba llevar más por lo primero que se me ocurría que por las ideas existenciales que pretenden contar mis cuentos actualmente. Voy a contar como entender la nomenclatura de números romanos y letras que llevan de título muchos de mis cuentos si alguna vez alguien pregunta.

miércoles, 1 de junio de 2016

Lo que no tengo, porque no soy

Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor. Bloqueo de escritor.

martes, 17 de mayo de 2016

La belicosidad perdida

Los años indudablemente nos cambian. En esencia podemos ser los mismos, o hasta pretender ser los mismos cuando la necesidad de reacción apremia, pero no somos iguales, ni siquiera intentándolo. La famosa sabiduría que te da la edad puede llegar a jugarnos en contra, haciéndonos más sumisos o calculadores ante distintas situaciones, en las que antes hubiéramos actuado bajo frenéticos impulsos propios de una temprana edad en este mundo. Yo por lo general trato de verle el lado bueno a las cosas. Ya no soy tan impulsivo, ya no soy tan belicoso. Con esto quiero decirte que, si pretendes ser profesora y no dar espacio a las opiniones de tus alumnos, tildando algunas de ellas de hasta un completo error, no voy a ser yo quien discuta con vos, ni tampoco voy a mandarte a la re puta madre que te re mil parió, por que aprendí que eso solo me beneficiaria a mí, y nunca me gusto ser egoísta.

domingo, 3 de abril de 2016

No puedo vivir sin...

La respuesta más sencilla, que es la primera que viene a mi mente al leer la pregunta es “no puedo vivir sin un libro para leer, sin música para escuchar, sin algo para ver y entretenerme”, pero lo cierto es que podría vivir sin todo eso. Nada de lo que hago para entretenerme, que suma el escribir y hacer talleres de distinta índole, son cosas por las cuales sufra una ausencia. Creo que la respuesta más honesta, por ser la más cavilada, sería “no puedo vivir sin un propósito”. Como todos, creo, o como muchos al menos, siento que estamos en esta vida, conscientes de que existimos, porque tenemos un objetivo. No estoy infiriendo un sentido místico a la existencia sino más bien uno tangible, mental, sobre el cual basamos nuestras propias vidas. Si estamos en este mundo, y somos conscientes de nuestro estar, tenemos la obligación, o al menos así lo siento, de involucrarnos. Pero no bajo el influjo propio de la corriente cultural en la que estamos inmersos, sino con plena conciencia de donde estamos y por qué, y de qué manera podemos contribuir a mejorar o cambiar aquello que nos parece injusto o insano. Creo que el motivo de pretender dedicarme a la educación tiene que ver con esta idea de contribución al espacio que compartimos. Una de las pocas certezas que expreso cuando me preguntan por qué hago lo que sea que hago suele ser que estoy en la búsqueda de algo, y ese algo es la significación del motivo de encontrarme en este lugar y tiempo, y que el pasar de mi vida no sea insignificante en el transcurso de ese mismo tiempo. Es la búsqueda más común que conozco pero a su vez la más compleja. Supongo que la respuesta completa a la pregunta sería “no puedo vivir sin un objetivo en mi vida, y no puedo dejar de buscar cuál es ese objetivo”.

# el autor aclara que la pregunta fue formulada en una clase de epistemología de la educación de una licenciatura que se encuentra cursando, por ende, el abuso de elocuencia en la respuesta no es más que la búsqueda, al mejor estilo del forro de la clase, de quedar bien con la profe.

lunes, 28 de marzo de 2016

Posibles incorporaciones en el diccionario de la RAE

Batman: identidad secreta del millonario Bruce Wayne, que tras haber perdido a sus padres cuando niño en un asalto, a la salida del cine en su ciudad natal, y tras haber viajado por el mundo y entrenado con la Liga de los Asesinos, decide volver a la ciudad de Gotham para combatir el crimen disfrazado de murciélago y utilizando una variedad de armas y tecnologías avanzadas.

Superman: alienígena con súper fuerza y no demasiada inteligencia, que por algún motivo pensó que podía ganarle a Batman y este le dio una cagada que sintió hasta su bisabuelo en Criptón. En la tierra se hacía llamar Clark algo.

domingo, 20 de marzo de 2016

Repetidas mariposas en la panza

Pensaba en una película de Adam Sandler. Sí, creo que alguna película de Adam Sandler puede llegar a motivar escribir algo al respecto en mi blog alguna vez. El film en cuestión era, según recuerdo su traducción al español proyectada por canal 8 “Como si fuera la primera vez” o algo así. Es la típica comedia romántica con un toque de humor irónico desde los personajes secundarios, que no son más que arquetipos estereotipados y exagerados en la medida de bla bla bla. Creo que para análisis de películas existe gente más capacitada que yo así que prosigo. La historia es básicamente de la una chica que tiene un problema mental, una enfermedad por la cual pierde la memoria de lo que hizo después de dormir, conoce por casualidad en un bar, al que siempre va por qué cree que siempre es domingo por la mañana, a un hombre, el personaje de Adam Sandler, quien, haciendo los típicos juegos de las comedias románticas, logra enamorar a la mujercita por un instante. Luego se despiden y vuelven a encontrarse al día siguiente en el mismo bar, pero ella no recuerda nada sobre él, quien trata de proseguir una charla que para ella nunca existió y así. El drama existencial y emocional de la película continúa desde este argumento con los toques de humor que ya mencionamos. Hasta aquí sigue sonando a una película para ver un domingo a la tarde en canal 8, y admito que entretiene. Voy a tomar licencia de escritor a partir de este punto y voy a cambiar el tono de este texto hacia un espacio un poco más profundo, pues quiero comentar algo que me surgió al pensar en esta película de Adam Sandler, porque sí, creo que una película de Adam Sandler puede llegar a motivar escribir algo al respecto en mi blog alguna vez. Pensaba en la aventura del primer encuentro, en la emoción que surge cuando vas a conocer a ese hombre nuevo, misterioso, extraño, que los infinitos de la vida te presentan a veces, por ejemplo, en un bar comiendo algo un domingo, o cualquier día que ella pueda creer que es un domingo. Pensaba en las artimañas de Don Juan que tenemos que representar ante aquella dama, para conseguir esa sonrisa tan deseada, la que nos indica que las cosas están saliendo bien, esa mueca de curiosidad al vernos navegar por nuestros pensamientos existenciales, esa admiración con que nos analiza de pies a cabeza cuando contamos aquellas aventuras caballerescas, de trabajo o de cancha o de amigos. Pensaba en las repetidas mariposas en la panza, que surgen cada vez que se presenta ese posible nuevo amor. Pensaba en la necesidad de reinventarse, cuando queremos llamar la atención de esa extraña y solitaria mujer. Pensaba en lo adictivo de aquella situación que viven los personajes en la película. Desde la perspectiva de ella, sentir en cada encuentro, cada vez que vuelve verse con él, la emoción de la primera vez, las mariposas en la panza dando vueltas y tornando todo el mundo al revés, cambiando los planes de un día como todos, generando ilusiones futuras sobre ese alguien que se nos aparece así, misterioso, encantándose con aquella situación constantemente, viviendo esa primera vez siempre. Y desde la perspectiva de él, crear una nueva persona, lograr encantar a la bella dama en cada oportunidad, reinventándose con la premisa de que en un nuevo encuentro ella lo verá como a ese extraño personaje de ficción, el que suma todas las formas de aquello que quiere, que logra llegar a su corazón, porque es capaz de crear y recrear esos momentos, porque siente en todas sus sonrisas sinceras una victoria. Pensaba en lo adictivo que sería vivir esas primeras veces, esas mariposas y esas reinvenciones, todo el tiempo, en lo rápido que consumimos esos momentos, cuando nos relacionamos con alguien nuevo, cuando empezamos a conocernos, sin aprovechar que tendremos esas mariposas en la panza solo una vez.

sábado, 12 de marzo de 2016

Lo que me llevé de las clases de teatro

Hablando con un actor, con un artista de la actuación, comprendí una verdad que me parecería absoluta si pudiera creer en uno o varios infinitos. Me dijo, y cito, “para interpretar un terrorista con barba, te tenés que dejar la barba, tenés que usar la barba, tenés que sentir la barba y ser la barba”. Suena lógico. De todas maneras me preocupaba más el hecho de que, para interpretar un terrorista lo importante sea saber usar y sentir la barba. Supongo que la violencia, el terror y la intimidación, son parte del cotidiano de la vida, no solo la de un terrorista, nada demasiado difícil de interpretar entonces, solo aprender a sentir la barba. Cuando pienso en aplicar este absoluto a lo que yo hago, quedo en un lugar un poco complicado. Supongo que quienes escribieron heroicas historias, de hombres sublimes, en alguna manera fueron hombres heroicos y sublimes, o al menos creyeron serlo, a lo Quijote. Que me quedaría a mi entonces. Escribir historias sobre un hombre mediocre, con un trabajo mediocre, que vive en una ciudad mediocre y se siente mediocre. Pobre del lector, cuan mediocre podría ser esa historia.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Gracias por venir

Me pasó como cuando me enteré de la muerte del flaco, escuché la noticia del paso de Cerati hacia ningún lugar y simplemente me entristecí. En aquella oportunidad, con Luis, estaba con una amiga sacando fotocopias, en la radio del local sonaba un clásico y poco conocido tema de pescado, lo que me pareció extraño al momento, porque no era de los temas que ponen en la radio. Leí al pasar y sin querer la edición digital de algún diario que estaba leyendo el dueño de la fotocopiadora, fue un balde de agua fría. Como dije, me entristecí, de esa forma rara en que la muerte de un alguien que admiras te puede entristecer. Mi amiga pregunto "¿no habías visto la noticia?, murió, ¿qué tenés, que te pasa?", atiné a responder lo primero que salía de mi cabeza, que considero lo más sincero que pude decir entonces "pasa que ese tipo me acompañó 15 años de mi vida, por eso me pongo así". Sin dudas no lo entendía entonces, pero ahora, con la noticia de Cerati creo que la idea empieza a cerrar.

No me anime a escribir esta entrada antes, porque no quería hacer catarsis por este lugar. Como con el flaco, lloré como un niño la muerte de Gustavo, no es algo que me dejé tirado, la vida sigue con igual normalidad, pero algo más profundo se hilaba en mi interior y sabía que necesitaba extirparlo, charlarlo, quise decir. Hablé con Claudita, sin dudas mi confesora más sideral, a ella le cuento las ideas de viajes espaciales, de espacios oníricos y de tiempos que se cruzan, ella me conoce mucho, y sabe del vuelo que pueden tomar mis teorías esotéricas y las respeta. Le conté a Claudita la anécdota de Spinetta, le conté la gran tristeza que me provocaron ambas muertes, y cuando hubo de preguntarme el por qué, cuando consiguió que yo mismo me pregunte ese por qué, algo así escapo de mi mente:

"Me pasa como me pasó con el flaco, creo, o sea, no es solo que este tipo o aquel tipo, con su música, con sus canciones, con sus letras me acompañaron estos años. No puedo considerarlos amigos, nunca hubo un feedback entre ellos y yo, nunca supieron ni sabrán nada de mí como yo, ahora que lo pienso, tampoco sé mucho de ellos. Era lo que hacían, creo, y de eso que hacían, la interpretación que yo hacía de ello. No sé cómo explicarte. Es la manera en que me conecto con un artista, es eso de interpretar un mensaje, aunque este bien claro el significado, de apropiarme de ese mensaje y darle mi valor y mi entender, y contento con eso, sentir que aquello que cuentan, eso que quiero entender que cuentan, es tan grandioso como el arte mismo. Los cuentos y las poesías, la música, las películas, todas esas formas de contar algo me llegan de tantas maneras distintas que siento que tengo que conocer todo, que quiero experimentar esa magia constantemente. Si pienso en Cerati en particular, y hago cuentas de cuanto a participado su arte en mi vida, descubro que un día salí corriendo del Ateneo porque no quería descubrir a quien le canta Cerati, como conté una vez en mi blog, y resulta que con Adiós di música a otra de las entradas del blog, una de esas entradas de catarsis con las que esperaba aliviar alguna pena pasada, y el tema venía como anillo al dedo, y así también esta Déjà vu en el blog, y Luci, un cuento de mi primer libro que se inspira en el último tema del ultimo cd que nos dejó Gustavo. Entonces, no sé si se entiende, lo que ellos hacían y todo lo que significaba para mí, y que ya no va a estar más, eso me entristece, más que la muerte, más que el recuerdo, todo lo que pudieron hacer, por mí, por vos y por un montón de personas más que disfrutaban de escucharlos, y que ya no van a poder hacerlo más, eso es lo que me entristece. No lo que fue, por que la muerte es el peldaño que marca el último paso, el que tarde o temprano vamos a dar todos, y aquello que hiciste o fuiste antes de morir es tu cúspide, el máximo que alcanzaste, pero no de esa manera el máximo que pudiste alcanzar, y eso es lo que me entristece, no lo que fue, sino lo que pudo haber sido y ya no va a ser nunca más".

Claudita me entendía aun cuando, durante el monologo, ni yo mismo me entendía, y compartía mi tristeza por perdernos de todo aquello que nos pudieron hacer sentir esos dos grandes, y los muchos otros que ya no están, y me prometía, como yo a ella, intentar ser lo mejor que podamos en el tiempo que nos queda, y hacer del paso de los demás por nuestras vidas la alegría que nos es regalada por Gustavo y Luis.

Pequeñas renuncias

Qué triste se me hacía antes pensar en las renuncias, en esas desilusiones de no haber alcanzado aquello que soñabas o querías o pensabas que estaban a tu alcance y no, nada está al alcance de nadie cuando eso depende de alguien más que de uno mismo, así apostamos, mas inconscientes que nunca, a alcanzar esas metas que en verdad son tan normales, como llegar a ese matrimonio parecido al que, si tuviste suerte, te crió, o ese empleo para el cual crees ser el más capacitado pero que hoy es ocupado por alguien más, o esa paternidad que deseaste tanto y aun no se presenta ante vos por el solo hecho de entenderla como algo tan importante como complicado, el ser responsable de tus actos siempre es un freno. Entonces hacés el resumen típico del ser pensante y te encontrás con que no eres, aun, si es que lo serás algún día, ni un mínimo la persona que imaginaste hace 10 años quizás, cuando el plan estaba tan bien entramado que solo tenías que salir en busca de todo aquello. Entonces, y a pesar de los intentos, que no fueron pocos, que no faltaron de pasión, que no dejaron de ser sinónimos de verdadera entrega, entonces encontrás que no eres ni cerca quien pensabas que serias, que el tiempo de proyectarte de esa manera posiblemente este expirado, y que no tienes ganas de volver a pasar por todo eso. De volver a pasar por un amor pasional, de esos de los que las comedias románticas y la música pop nos hartaron durante décadas, o las baladas rock en mi caso, de trabajar por monedas de eso que te gusta ¿hasta qué punto está sobre valuada la estabilidad económica?, hoy me parece que renegué demasiado, cuando joven, de las comodidades del pequeño burgués, del sueño inalterable de la paternidad, tal vez mi norte más claro en esta vida y a la vez el más distante, ¿hasta qué punto de verdad deseo aquello?, y de desearlo tanto ¿por qué llevo tanto tiempo sin concretarlo?, ¿por qué me cuestiono hoy algo que esta tan arraigado en mi desde siempre? Es un cambio, tal vez, en la concepción de las renuncias, en la interpretación propia de lo que me haría feliz según un sueño de un nene de 20 años que veía en modelos ideales el camino a la vida ideal, entender que renunciar a cosas que están lejos del alcance no es perder contra la vida a la que jamás le ganaremos, que los proyectos se modifican, que las situaciones diversas requieren de nuevas expectativas, que alcanzar un objetivo, por más pequeño que sea, es una victoria sin que esto signifique dejar las renuncias, que siempre son muchas, para alcanzar nuevos objetivos, que pensar en esto solo me proyecta, por mucho que trate de no proyectar, a un lugar ahora desconocido, hacia el cual voy inevitablemente, renunciando a lo que creía que quería, en busca de lo que no se si quiero para mí.

Solo un poco solo

Hace unos días me encontré enseñando a disfrutar de la soledad. Parece un poco hipócrita que yo aliente el pasar en soledad a alguien, que le explique de qué manera disfrutar de esos momentos, cuando suelo penarla. Al tirar ideas como poner algo de música, prepararse algún postre rico, ordenar cosas que siempre tenemos desordenadas en algún lugar de la casa, hacerse un mimo de esos que te hacen más lindo ante los demás, la aconsejada en cuestión era una señorita, como un baño de crema o algo de eso de lo que poco sé o cosas por el estilo, me descubrí como un hombre más solitario de lo que me concebía. A pesar de ser bastante social en general, de considerarme una de esas personas que tienen algunas ideas y que por sobre todo tienen ganas de contarlas, a pesar de la militancia y las clases de baile y las reuniones con amigos y demás, a pesar de eso soy un hombre solitario. Y resulta que aquello que solía penar, y aun me tiene acongojado a veces, es parte de quien soy, parte de una inconsciente versión de mi persona que inventé para estar a gusto a pesar de todo aquello que hago y que implica a los demás. Porque está presente en todo momento, cuando nadie se da cuenta o se dan cuenta y me preguntan ¿qué te pasa?, y yo sin mentirles les digo que no me pasa nada, porque no puedo ni sé cómo explicarles que solo estoy siendo yo conmigo mismo, que esto es lo que está detrás del tipo social que hace de todo, y que hasta en momentos como éste, reunido en un bar con amigos, se ve en la necesidad de estar solo con sus ideas, con sus reflexiones y con esa versión de sí mismo que inventó, detrás del celular, escribiendo esta entrada.

martes, 2 de septiembre de 2014

A tragar saliva

A tragar saliva y a seguir, otra vez te mandaste la cagada, otra vez hablando de más, otra vez irrespetuoso y soberbio y estúpido dejándote llevar por ideas tontas y miradas parciales y lugares equivocados y momentos imprecisos. Y fácil cosechas lo que siembras, y fácil ganas el desprecio y la antipatía y el desgano, y fácil te cachetea la realidad mostrándote que no todo es como supones, que cuando los intereses priman estas solo, que cuando alguien quiere herirte siempre va a tener un as bajo la manga hacerlo. Pero no podés quejarte, si es tu culpa, por pretender que entre distintos somos iguales, por querer hablar sin pelos en la lengua, por hablar desde la catarsis y el enojo, por creer que el equipo prima ente las necesidades individuales, que podemos llegar a un acuerdo más allá de las diferencias, que tu aporte, mínimo o de grandes proporciones, tiene el valor que le das para todos los demás. Y aunque puedes considerarte una víctima de la circunstancia, justificarte errado por inocente o incauto o estúpido, lo cierto es que eres culpable. Culpable de tu gran boca, de tu postura irreverente, de tus tontas seguridades. Y así como lo admites agachas la cabeza, recibes la puteada y pides las disculpas, cargas con la culpa y te escapas de los lugares comunes, para pensar y tratar de entender por qué otra vez te salió todo mal, las conclusiones tal vez sean las mismas y seguramente le pintaras otra mancha al tigre, otro trapo al cajón de errores que desborda cada vez que vuelves a mirarlo, pero eso vendrá después, por ahora el plan es solo "a tragar saliva y seguir".

sábado, 30 de agosto de 2014

Cosechas lo que siembras

A lo mejor surge solo de una banalidad, pero le da mucho sentido a la frase y a la situación que atravieso un sábado a la noche, frente a la computadora que tengo en frente a diario, sintiendo ese mismo vacío que me invade a veces, que no se llena con militancia, con profesorado, con escribir (perdiendo completamente el sentido de esta entrada), con escuchar música con ver una película con con con, y muchos con más. Y surge de la banalidad de no tener con quien salir, de no tener a donde ir, de que sea sábado a la noche y este parado frente a esa misma computadora, haciendo lo mismo de siempre, sin nada nuevo, pero además, sin nada viejo tampoco. Y donde están, esos viejos amigos que ayer compartían estas mismas canciones, cuando el mate era una cerveza y el blues no parecía tan triste (en sábados de melancolía no es muy recomendable escuchar a Spinetta), esos locos divertidos que invitaban a vivir la vida una noche de sábado, como si fuera que salir y tomar y bailar significará vivir la vida (me disculpo, esa es la melancolía hablando) y esos encuentros casuales que terminan en noches largas de charla y anécdotas y planes de "nos volveremos a ver para..." y más charla y la noche que dejaba de ser tan larga y bla bla bla, no están, no, ya no están. Tiene sentido, de alguna manera me las arregle para alejar a todos de mi alrededor, no resulta difícil tampoco, solo basta con la porción justa de malas excusas, de caras largas y rápidas huidas para que pronto dejen de invitarte, y más tarde dejen de quererte ahí. Victoria debo haber pensado entonces, la verdad es que no lo recuerdo. Y es que estaba demasiado concentrado en quien quería ser, en a donde quería llegar y hasta el por qué (resulta gracioso pensar que pretendía saber el porqué de algo) y hasta tenía las pautas justas para conseguirlo, y hacia allá voy. Porque el que haya decido ponerme a escribir melancólico, un sábado a la noche, no significa que haya dejado de creer todo lo anterior, para nada (convirtiendo a esta entrada en, tal vez, un simple análisis de daños colaterales), solo significa que hago un "cuenta atrás" y miro todo lo que tuve que dejar para alcanzar lo que alcancé y lo que quiero alcanzar después y así, un cuenta atrás sábado melancólico frente al monitor, pensando, tal vez, en la valides de esa vieja frase (el inevitable cierre) "cosechas lo que siembras".

domingo, 10 de agosto de 2014

Como a James Dean

Últimamente ando pensado en James Dean. A mi entender, cultivado con Wikipedia y otros espacios online y sin demasiada investigación, fue un gran actor que en su momento prometía mucho y que tuvo un final trágico, dejando en la crítica y en los actores, y conocedores de cine de Estados Unidos, ese gustito en la boca de haber probado algo y ya no podés disfrutarlo más. Es en esta idea, personal aunque nada innovadora, creo, en la que se centra mi pensamiento. Lo de James Dean fue una tragedia, evitable o no, eso no viene al caso ahora, pero lo que me pregunto, y lo que creo que se preguntan quienes aún lo mencionan, más de 50 años después, es el "¿qué hubiera sido sí?". Al parecer para la crítica y para los actores y conocedores, lo de este actor era tan artístico, tan mágico, tan extraordinario, que aun con solo algunas películas y obras de teatro, su desaparición fue una perdida enorme para el ambiente, por todo lo que pudo y ya no podrá. Y en ese todo lo que pudo es en lo que me quiero concentrar. Pienso que nadie carece de pasión en la vida, ni de una habilidad extraordinaria para algo, lo que sea, como James Dean la tenía, tal vez sin saberlo pero así era para muchos, y aunque son muy pocos los que pueden explotar esas pasiones y esos talentos, creo que todos deberíamos apuntar nuestra existencia hacia eso, en la medida que la realidad nos lo permita, y luchar, luchar para encontrar aquello que nos apasiona, para lo cual somos tan talentosos o más, como lo era James Dean. Y aprender, porque talento no es nacer sabiendo, y sufrirlo, porque la pasión no evita el cansancio o los fracasos, y triunfar, en la medida en que esa victoria nos llene de orgullo y nos lleve a nuevos desafíos, a querer superarnos y volver a luchar. En definitiva encontrar eso que queremos hacer, lo que queremos ser toda la vida, sean una o cien cosas a la vez no importa, pero que sean con pasión, con compromiso y con lucha. Y que no nos pase como a James Dean, no por el trágico final y que críticos piensen lo que pudo ser, como le pasó, sino que vivamos muchos años y en el final de nuestras vidas nosotros seamos nuestros críticos y pensemos en lo que pudimos ser y no fuimos. No sé si al final de mi existencia habrá críticos de profesores de historia y seudo escritores que hagan un análisis de mi carrera y de mi vida, y piensen que en mí hubo un potencial sin explotar y que podría haber llegado a hacer cosas fantásticas, tal vez me esté dando más crédito del que merezco sobre la mirada que puedan tener otros sobre mí, lo que sí sé, y esto lo voy a afirmar aunque tal vez después cambie ese parecer, es que, si ese crítico voy a ser yo, voy a luchar con convicción para no decepcionarlo desde ahora. Y si el trágico final ha de venir, y si los críticos aparecen 50 años después, miren hacia atrás y piensen en mí como en James Dean "todo lo que pudo y no fue", aunque, si puedo elegir, prefiero ser yo el crítico y decir "todo lo que podía y logró".

No sobrevivo a un archivo

Admito muy a mi pesar que no sobrevivo a un archivo. Que tonta la idea de creer, hace mucho y no tanto tiempo, que mis tontas ideas ya estaban formadas en su totalidad. Resulta gracioso pensar, aun ahora que estoy por afirmar algo, que antes de hoy podía afirmar algo, o que mañana podré afirmar otra cosa y así. Soy victima de mis propias seguridades y por primera vez en mi vida, lo afirmo sin la certeza de que sea la primera vez, claro está, por primera vez creo que no está tan mal ser inseguro sobre aquello de lo que estamos mas seguros, de nosotros mismos y lo que pensamos. Por que resulta que la vida sigue desde el momento mismo en que con seguridad decimos "yo digo que..." y cuando menos te diste cuenta dejaste de decir eso, o eso dejo de representarte o, aun más, pensás y decís todo lo contrario. Entonces aparece ese que, como pocos como vos, presta demasiada atención a tus verdades a medias y te dice "pero te acordás que antes vos..." y tu discurso paso a ser la contradicción de algún otro discurso guardado en su archivo de memoria, y al parecer no tan guardado, convenientemente o no, en el tuyo. Y entonces ¿sos una persona sin palabra? ¿alguien en quien no se puede confiar? No che, tampoco es para tanto. Pasa lo que pasa siempre, y esto no es nada nuevo en definitiva, pasa que la gente cambia, que la gente crece, que la gente aprende y descubre y evoluciona y todos los sinónimos que se me ocurran, para bien o para mal, según como se vea y etcétera, y ese cambio crea nuevas ideas con nuevos discursos y en fin de cuentas nunca, afirmo esto con poca convicción por que a lo mejor mas adelante diga lo contrario, nunca podemos mantener el mismo discurso. me paso a mí, y lo admito aquí por que es mi manera de que esos monitores de discursos no puedan sacarme en cara que antes decía esto y ahora aquello. Admito aquí y de antemano que no sobrevivo a un archivo, y afirmo, con la misma poca convicción que antes, para no caer en una recursividad, que nadie puede sobrevivir, y que bueno que así sea. Y es bueno por que a la larga nunca vamos a terminar de conocernos, siempre vamos a tener un nuevo tema de conversación, líos existenciales y no tanto nos van a invadir siempre y la vida va a dejar de ser un constante compro-vendo-tengo, para ser un soy-pienso-digo, que se va a modificar, constantemente o no, en mayor o menor medida, y que si estamos atentos nos va a revelar nuevas formas de entender al otro y entender que, como yo, nadie, creo que nadie o tal vez nadie etcétera, nadie puede sobrevivir a un archivo. Solo me resta esperar y ver si en algún tiempo no publico una entrada diciendo "puedo sobrevivir a un archivo".

jueves, 18 de julio de 2013

A qué le canta Cerati

Caminaba ayer por el centro de la ciudad, pasé por una librería y como todo adepto masoquista a mirar lo que no puedo comprar o no tendría tiempo de leer, entré a saciar esa curiosidad mórbida. Me fui a "de bolsillo, primero, y me di cuenta que mis bolsillos no son aptos al tamaño o al precio de estos libros (aunque no parezca no reniego del precio de los libros, me parece genial que un libro cueste lo que varias cervezas o la entrada de un domingo a la cancha, y que gente aun compre libros, aunque yo ande sin mandarines para hacerlo), caminé entonces por las estanterías, mirando nombre y tapas, y muy a mi pesar, a sabiendas de que no se juzga un libro por su tapa, siempre me detuve por aquellos en los que esa foto o dibujo, o colores en el frente, llamaban mi atención (si, lo admito, soy un simple mortal que se hipnotiza con las luces de colores, con las formas extrañas y los títulos y tapas de libros que no dicen nada) y encontré varios títulos interesantes que de momento no vienen al caso. Para no alargar la entrada y la historia les diré que, momentos antes de irme, y para mi suerte o mala suerte, di con un libro, bastante grande, intuyo caro porque no decía el precio, y con una tapa muy simple, sin título o al menos no lo vi, con la foto de este personaje tan querido ahí, visible e inmortal. Era un libro de Cerati, sin título y en la contratapa solo halagos de distintos diarios o críticos. Lo abrí para ojearlo, la curiosidad no cuenta aquí, era un libro de Cerati y eso bastaba, recorrí algunas páginas que recorrían la etapa Soda Stereo, y rápidamente empezaban con los discos solistas, de lecturas recortadas entendí que era el propio Cerati el que hablaba en las páginas, lo que me emocionó, al parecer era una recopilación de entrevistas y charlas con Gustavo. Así saltando rápido de hoja en hoja como quien ve fotografías (¿mencioné que estaba a punto de irme?) di con un capitulo que no tenía más de dos carillas, después descubrí que había varios de este tipo, el capítulo tenía de nombre "hoy ya no soy yo" título de uno de los temas del disco que realizo Gustavo junto con Merelo, leí algo de lo que decía, empezaba parecido a "nos gustó mucho a hacer este tema porque... ", y después creí leer "lo que dice la letra es..." (hoy no estoy tan seguro de esto último), entonces cerré el libro (ya mismo tenía que irme). Caminaba por el microcentro pensando en el libro, tal vez no todos saben la profunda admiración que siento por el trabajo que hacía y espero algún día vuelva a hacer Gustavo, me gusta su música, me gustan sus letras, en más de una oportunidad un tema de él inspiró una entrada en este blog, y hay un cuento en mi primer libro inspirado en el último tema del último disco que hizo hasta hoy (hablo de Fuerza Natural), y ahora estaba ahí, contando como hizo y que dicen esas letras, ¿cuál sería el problema?, hasta me causa gracia pensar que esta idea provoque una entrada en el blog (al que tengo descuidado, admito). Lo cierto es que, como todo aquel que se precie de escuchar música debería, suelo tomar muchos temas de Gustavo, su fuerza, su ritmo, sus letras, el total de la obra, y darle un significado propio, tal vez único, que de alguna manera representa mi ánimo, mi realidad, mis pensamientos, y ahora estaba ante la oportunidad de saber qué es lo que el artista, en sus propias palabras, quiso contar o transmitir. Esto no se trata de probar si acerté o no, si la percepción del mensaje que tengo es la correcta, se trata de perder, tal vez, esa idea tan cálida y tan fiel que tenés de ese tema que escuchaste, parece que siempre. Que te cuenten como se hace el truco no quita lo mágico me dirán, pero yo creo que es mentira, dejar de creer es un común del crecer, y cada vez que me toco crecer sentí esa pérdida. Perder la magia que estas canciones producen es peor que dejar de creer, es un golpazo de realidad innecesario, ¿quiero entonces saber a qué le canta Cerati?, ahí entendí un poco ese último apuro al salir, por qué cerré de golpe el libro, con el capítulo a medio leer, por qué ni siquiera pregunté el precio y tampoco sé el nombre, por qué estoy escribiendo ahora, cansado de tanta realidad, por mórbida curiosidad, prefiero quedarme con la magia. Tal vez vuelva a la librería, esta vez con mandarines cuidando mis bolsillos, tal vez hasta compre el libro, y tal vez, quien sabe, nunca lo lea.