viernes, 15 de enero de 2021

Distopía delivery

– Eh, que haces.

– Hola, que haces.

– Viste lo que dice Pancho, el más viejo del delivery del sexshop, ¿vos sabés como era antes?

– Se, va, algo me contaron, me dicen que antes de nosotros, antes de las motitos y las entregas, la gente si salía de sus casas, iban a trabajar, salían a comer, hacían ejercicio en la plaza, cosas de esa gente.

– Antes de los edificios grandes grandes ¿verdad?

– Se. La cosa es que después salió lo del teletrabajo, y el aula virtual, y las redes sociales, y ya todo lo podían hacer desde las casas y de a poquito dejaron de salir y dejaron de salir más y después ya no salían nunca, solo para hacer las compras y nada más.

– Claro, entonces vino un pícaro e invento lo del delivery.

– Na, ya había delivery antes, solo que éramos los menos. Ahora casi solo estamos nosotros en las calles, y por supuesto los zorros persiguiendo a los truchos.

– Se, esos son unos forros. ¿Te imaginás como era antes?, ¿con colectivos, con autos, con bicis, con más gente en la calle? Ah mirá, te entró un pedido.

– Sí, es verdad, es de anillos de boda. Parece que Pablo, el del edificio grande de la Junín, se casa. Te dejo chango, me voy antes que se arrepienta la novia, nos vemos, suerte.

– Dale, nos vemos, suerte.

# Escrito años antes de la actual cuarentena.

jueves, 14 de enero de 2021

Pésimas decisiones

Te pido disculpas. Sé que es la segunda vez que salimos, que las primeras impresiones siempre son las más importantes, que podría haber planificado mejor esto, pero entendeme, yo ya estoy un poco grande, cargo en mi espalda una vida no privada de excesos, apenas hace poco empecé a cuidar mi salud, a comer más sano y hacer ejercicio, como te conté temprano. Es que justo en esta farmacia tengo descuento con la obra social, y de casualidad la encontramos abierta. Vos viste lo complicado que esta para salir ahora, por ese virus de mierda y la cuarentena y el toque de queda. Yo apenas si salgo a veces a comprar en el barrio o a correr en la canchita de la vuelta, casi nunca salgo al centro, solo en ocasiones especiales, como ahora que había quedado en verme con vos. ¿Entendés por qué no puedo dejar pasar la oportunidad?, me bajo un toque, compro la crema antihemorroidal rapidito y vuelvo, de ahí nos vamos derecho para el telo.

Cosas pasan los jueves en todas partes

Cosas pasan los jueves en todas partes. En todos lados los corazones se encuentran un jueves, la lluvia es más dulce ese día, la luna ilumina con más fulgor. Tus labios son más rojos y tus cachetes se sonrojan más al verme un jueves. Cosas pasan en todas partes pero no nos damos cuenta, no hasta que nos suceden un jueves. Y sucede que era jueves cuando Dios invento el mundo, porque el viernes terminaba la semana y bien se sabe que inventar un mundo es tarea por demás cansadora. Entonces las cosas empezaron un jueves. A concerté empecé justo un jueves. Me tome la libertad de tomarme todo el tiempo del mundo, de jueves a jueves, una acumulación de varios jueves, para volver a verte, y te invité un helado y un café y a ver una película y a dormir juntos un jueves, pero no este jueves, el de la semana que viene quizás, así tuviste todo el tiempo del mundo, de nuevo de jueves a jueves, para rechazar mis muchos mensajes entre semana, mis llamados de media noche medio día media siesta, medio déjame dormir ¡che!, para que al fin un jueves te enamores de mí, de qué sé yo, de mi gusto por escribir, mi manía de pintar las paredes con la palabra jueves, mi acento de jueves francés, y salgamos al fin, un jueves, desde la tarde cine comida helado y son las doce, se termina el jueves. Cosas pasaron este jueves, cosas que no van a pasar un viernes ni un sábado ni nunca más que un jueves, y me vas a esperar el tiempo del mundo, de jueves a jueves otra vez, que el colectivo vuelva a la estación y yo vuelva al mundo en que pasan cosas, cuando vuelva a ser jueves.

sábado, 9 de enero de 2021

Se busca para una relación formal, aventureras abstenerse

En clave de catarsis personal escribo esta entrada para afirmar lo que es una certeza para mí y generalizarlo hacia las masas como ley universal sujeta a todas las contra leyes e interpretaciones que se les ocurra. Listo, después de esta introducción / (barra) lavada de manos pilática procedo a explicar e motivo de la entrada en cuestión que seguramente será menos elaborada que las simples líneas anteriores. De la mano de una posible crisis de los 30 que me niego a reconocer como tal, me encuentro en la situación de búsqueda sin desenlace favorable de pareja sexual / (barra) romántica y de pensamiento abstracto con quien compartir ideas sueltas como esta sin la necesidad de tener que torturar a lectores de este espacio. Por supuesto que en cada cita / (barra) encuentro de cualquier índole expongo mis cualidades analistas e interpretativas de la realidad, desde cualquiera de los aspectos sobre los cuales hice alguna lectura previa alguna vez en estos cortos 30 años de vida, y que me permiten presentarme como un sujeto interesante de conocer en profundidad, buscando de esa manera opacar la falta de ojos de colores o de bíceps bien trabajados en algún gimnasio durante esos mismos cortos 30 años de vida.

No es novedad que a medida que nos hacemos más grandes nos cuesta más relacionarnos. Sobran especulaciones sobre los motivos de este problema, que irían supongo, si alguna vez leo un libro de auto ayuda o análisis de la sociedad posmoderna confirmo esto, irían desde el hecho innegable de que nos volvemos más toscos, y con eso quiero decir menos permisivos sobre las peculiaridades de los demás, y la difícil necesidad de tener que bancarnos esas peculiaridades, también puede tener que ver con una necesidad biológica amplificada por los años que nos llevan, a veces, a tratar de ir con mayor velocidad sobre las etapas típicas de las relaciones, sobre las que tampoco se nada pero que seguramente hay material de lectura. Estos pueden ser motivos validos o no para el lector, lo son para mí y con eso me basta para pasar de este tema.

Lo cierto es que, desde hace un tiempo, que coincide justamente con el inicio de mi tercer decenio de vida, siento que las expectativas en el otro bando en contienda, ese género tan impredecible y único como es el femenino, ya no están puestas tanto en las ideas extrañas que el intento de escritor, tirado a poeta y algo romántico, les pueden transmitir, sino más bien en cuáles son las cualidades laborales / (barra) personales y de pareja, con las que cuenta.

Sería más sencillo entonces, y no tengo problema en hacerlo de este modo, intercambiar currículums vía email antes de la primera entrevista / (barra) encuentro. De esta manera nos ahorraríamos preguntas odiosas como qué haces y qué te gusta. También podemos adjuntarle al currículum los proyectos personales que involucren la futura participación en la empresa / (barra) relación. De esta manera nos evitamos, además, el discurso armado del sueldo y el plazo fijo y la hipoteca, incluidas vacaciones y terrenito en el Cadillal. El currículum ideal debería incluir fotos de cuerpo completo en ropa interior, aquí quiero afirmar que solo podemos decir me gusta después de verla en ropa interior, en las peores trusas de ser posible, esa es el alma desnuda de una persona. Este currículum incluiría gustos con respecto a niños y animales, fobias y alergias y un listado de los alimentos que provocan problemas estomacales y por supuesto el detalle de estos problemas. Un currículum así ahorra al menos una hora de charla vacía de contenido y que, si se prolonga, es solo una señal de que el encuentro no va por buen camino. No estoy a favor de mencionar en el documento gustos sexuales. Los morbos y tabúes deberían permanecer privados la mayor parte de tiempo posible como para asegurar, al menos, los primeros contactos y, además, para demostrar que no soy tan cuadrado respecto a esto, al final de cuentas, hay que dejar algo a la sorpresa.

Interesadas pueden mandar su respectivo currículum al apartado postal indicado al píe de página y aguardar ser contactadas a la brevedad. Aventureras abstenerse.

jueves, 7 de enero de 2021

sábado, 2 de enero de 2021

Lo que no me funcionó nunca

– Bueno flaco, ya se me está acabando el helado y me tengo que ir, tenés un tópico, tres hechos, a ver si me convences.

– ¿Un tópico?... Memes, no pará, como los memes resignifican las imágenes de donde se basan. ¿Qué te parece?

– Que te cavaste tu propia tumba. ¿A ver?

– Es sencillo. Viste el meme de la segunda película del Capitán América, ese donde están en el ascensor y los de Hidra están por hacerlo cagar. En la película estás a favor del Capitán, querés que sobreviva a la pelea, que gane, pero en el meme, cuando lo hacen contar un mal chiste, estás contenta de que le peguen una flor de cagada. Se resignifica al punto en que, si volvés a ver la película, a lo mejor no estás tan a favor del Capitán, capaz que hasta empezás a pensar que deberían darle esa flor de cagada por tanto mal chiste. O cualquiera de esos donde en la imagen están obviamente teniendo relaciones sexuales, de a dos o muchos, pero el recorte solo muestra sus rostros y la leyenda dice algo como “cuando tu amiga te ayuda a buscar los lentes de contacto” o algo así, vos sos cómplice de la imagen, aunque no la hayas visto antes, sos cómplice de lo que oculta, decidís no creer lo que te dice la leyenda, porque tranquilamente la mina podría estar buscando los lentes de contacto del chabón, en la cama, semi desnudos los dos, en esa posición, vos haces esa resignificación, la leyenda te dice algo aunque la imagen aparente otra cosa. Cuantos voy, ¿dos?

– Si, pero dejá, no sigas, veo que estás por hacer aguas, dejalo para la próxima. Me hiciste reír, te paso mi WhatsApp, mandame un mensaje así te agendo, capaz que podemos salir a comer algo el viernes. Chau meme, me tengo que ir.

– Bueno dale, te mando un mensaje, chau.

PD: es ficción gente, nunca pasó, ¿no leen los títulos?

martes, 15 de diciembre de 2020

Me envidian

Me envidian, tengo la sensación. Cuando llego a la clase arrastrando como puedo mis 30 kilos de más, muchos de ellos (todos) de tejido adiposo que enferma mi hígado graso, envidian que con descaro salga a correr a la cancha aunque no sepa patear una pelota, aunque sea mas caminata que corrida. Envidian mi bigote y mi barba, y el hecho de que no tengan un color uniforme, definido, tomando matices que van desde el tierra sucia hasta el gris ceniza de incendio. Envidian mi pelo, que está en la delgada línea entre lacio y ondulado, siendo ninguno de estos y sin poder estilizarlo como a ninguno de estos. Tal vez envidien que tenga voz de pito, no hay chiste aquí, no es gracioso tener voz de pito. O envidian la elocuencia con la que hago silencio en medio del entrenamiento, cuando el entrenador me consulta por tercera vez sobre mi régimen de comidas, cuando todos en la clase me observan expectantes esperando mi respuesta.

– Eh, no me envidien, manga de uras.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Mini relato (o peque relato, ustedes me entienden)

Somos pequeños, soy pequeño. Lo descubro de forma inesperada al cruzarme a los mellizos, o gemelos, hermanos seguro, de dos metros diez, deportistas, brazo espalda pectorales piernas, con más trabajo que este texto. Cruzo a los gigantes en la parada del colectivo, decido irme en taxi, yo sí puedo pagarme el viaje.

Somos peques, con todo y 35 años, viajando en taxi, soñando tocar el bajo como Arnedo, en una banda como Arctic Monkeys, cantando como Sinatra, creando el futurePunkIndie, todo el camino hasta el trabajo. Despierto del mal sueño, la realidad se presenta como música de teclas y coros de impresoras, el día comienza.

Soy mini, mini mini, tan insignificante que estoy afuera de la métrica, no aparezco en el ranking de Forbes, tampoco en el de indigencia, un número en una planilla de una empresa que se dedica a los números y a las planillas, de una sociedad de números y planillas. El sueldo alcanza, los años pasan, el sueldo no alcanza, se hace menos, los años pasan, más trabajo, nos hacemos menos, más pequeños, peques, minis...

– Chueco, ¿qué haces?, te llamaba para invitarte, venite por casa a la tarde, hagamos un Fernet.

– ...

– Lo de siempre, bah nada, qué sé yo, nada que un buen pedo no cure, te espero ¿dale?

sábado, 12 de diciembre de 2020

Frustraciones de un termodinámico

Trabajo desde casa. Pandemia, cuarentena, home office, etc.

Trabajo desde casa con las ventajas que eso puede ofrecer a veces, como trabajar mientras hacés un recorrido por la discografía de esa banda que tenías pendiente desde hace años. Arranco desordenado, La era de la boludez del 93, salir a asustar, Ortega y Gases, el arriero y… entró un pedido, la sucursal esta sin sistema por un corte de electricidad, 40 minutos configurando perfiles y puedo seguir, podría escuchar el podcast Rayos catódicos.

Trabajo desde casa con la ventaja de poder leer algo, entre tarea y tarea, algunas páginas, un capitulo así al pasar, a Jean Valjean no le están llegando los correos, puede ser un problema del servidor, hago el reclamo a la casa central en París pero parece que están en medio de una revolución allá, retomo el podcast, capitulo 3: dame un limón.

Trabajo desde casa y puedo ver, poner de fondo y que suene, el último capítulo del mandaloriano, doblada al español, qué fotografía me estoy perdiendo cuando llama el usuario, también trabajando desde casa, con problemas para ingresar a los aplicativos, con un nene que suena igual a Baby Yoda en el teléfono, música de fondo mientras resuelvo el caso, ¿en qué disco iba?, no hay tiempo que suene el podcast, no pausé la serie y los sonidos se confunden, “si, hace un rato estuve charlando con Cosette por un problema parecido”, mail de Ortega y Gases urgente: otro corte de electricidad en la sucursal de Tatooine, armo el reclamo a la compañía eléctrica Rayos catódicos con copia a Jean Valjean, retomo al usuario que me habla en idioma jawa, no entiendo nada de lo que dice, Javert golpea a la puerta de la sucursal en Tatooine, en la bar espera ser atendida la overlorda pero no hay sistema, me apresuro a completar los pendientes pero entiendo que “no es poesía ver la carne transpirar” que estoy hasta las manos, que “entre morcilla o Suiza estoy” y comienzo a bailar desenfrenadamente por toda la sala.

Trabajo desde casa y finalmente la jornada laboral termina, puedo relajarme, puedo hacer lo que quiera. Estoy hecho mierda, me voy a dormir.

PD: el relato se iba a llamar “las frustraciones de un cabeza de termo que cree que puede trabajar y hacer otras cosas a la vez” pero lo empecé a escribir cuando estaba trabajando y me cagué olvidando.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Descubrí por qué no me invitan a los exorcismos

Sucede en todos los pueblos del interior de cualquier país, de cualquier parte del mundo, que el alma se enferma, el cuerpo es poseído por un ente sombrío, belcebú se hace presente.

Sucede también, en todos los pueblos del interior de cualquier país, de cualquier parte del mundo, que fuerzas opositoras se hacen presente para combatir aquel mal, creyentes fervorosos, personas con un don especial, guerreros de la luz.

Y sucede además, por obvias razones, que nunca me invitan a presenciar uno de esos exorcismos: es por mi escepticismo.

Me conocen, saben que si entro en la habitación del convaleciente y siento ese terrible frio voy a pedir que suban la temperatura del aire acondicionado, a pedir un caloventor o un brasero pero con la ventana abierta por que hace mal, saben que si el susodicho empieza a convulsionar agitando la cama con mucha violencia voy a llamar a la ambulancia para que le suministren un sedante, que si empieza a vomitar verde y a raudales voy a preguntar cuál fue el delivery donde compró la comida, y a borrarlo de mi lista de contactos, saben que si empieza a hablar en lenguas o haciendo sonidos extraños voy a googlear lo que dice para ver si encuentro la letra, de la canción en inglés, que está tratando de cantar, que si empieza a levitar o andar por las paredes como un cuadrúpedo voy a codear a quien tenga al lado, y citando a Moe, voy a decirle "¿qué trucazo, no?" y finalmente saben que si lo veo girar la cabeza 360 grados sobre el cuello voy a saludar a los familiares y a lamentar la perdida, de esa no se vuelve hermano.

Me conocen y por eso entiendo que no me inviten. Ahora solo me queda descubrir por qué no me invitan al quincho con pileta, de la casa en El Cadillal, un domingo cualquiera.