martes, 31 de mayo de 2022

Amordazado

El extraño ciñe la mordaza desde la nuca, la boca queda medio abierta y los labios carnosos de Rubén expuestos. Trae uno de los brazos al respaldo de la silla y comienza a atarlo, la fibra vegetal de la cuerda raspa la muñeca de Rubén que no puede evitar resoplar de placer. El extraño nota esta actitud contrariado.

– ¿Qué te pasa?, ¿te gusta?

Rubén niega con la cabeza, con movimientos mínimos, nervioso.

El extraño toma el otro brazo, lo trae hacia el respaldar de la silla desde el hombro, acariciando la musculatura de Rubén con las dos manos. Rubén se sorprende, mira a la cara al extraño que se muerde la lengua con los dientes.

– ¿Qué me mirás? ¿Yo te dije que me podías mirar?

Rubén baja la cabeza, ve que su entrepierna comienza a abultarse.

El extraño apoya el brazo de Rubén contra el respaldar de la silla, con una mano detiene la soga y clava las uñas en su brazo, con la otra mano hace girar la atadura y roza la pierna de Rubén en cada vuelta. Cada contacto es un espasmo, Rubén sopla por la nariz.

– ¡Dale, apurate, así me ayudas a buscar!

– Andá a mirar a la otra pieza vos, ya termino con los pies.

El extraño se arrodilla delante de Rubén, junta los tobillos de forma brusca y comienza a atarlo. Para llegar a rodearlo baja la cabeza y la apoya sobre su entrepierna, la mueve de un lado a otro con cada giro de la cuerda, con la cara roza la erección de Rubén.

– ¿Qué pasa, te gusta que te roben, o soy yo?

El extraño termina de atarle las piernas, apoya las manos sobre las manos de Rubén y se levanta recorriendo su pecho con la cara, se detiene a centímetros de su boca, inclina la cabeza hacia la derecha y le pasa la lengua despacio por el labio superior, Rubén siente la humedad y el suave movimiento en su bigote. Trata de sacar la lengua por debajo de la mordaza, cuando el extraño recorre el labio inferior, y ambas se tocan. Rubén tiembla, comienza a lagrimear, no puede contenerlo.

– ¿Y, ya terminaste? – regresa el cómplice de la pieza de al lado – sacale la mordaza, no encontré nada allá, él debe saber dónde está.

– No, dejalo, ya te ayudo a buscar yo

– Sacale la mordaza, que sos boludo, no vamos a estar toda la noche aquí.

El extraño mira a Rubén a los ojos, que lagrimea y niega con la cabeza, con movimientos mínimos, no deja de temblar.

– ¡Y, dale, que esperas!

El extraño saca su arma de atrás de la cintura, sobre la línea de la cola, y apunta. Rubén acaba.

sábado, 28 de mayo de 2022

Entran y salen

Los sujetos salen estables, mucho más conscientes de los problemas por los cuales empezaron el tratamiento. Ninguno de los seleccionados representa, en apariencia, un peligro para la sociedad al terminar, de todas maneras, les hacemos un seguimiento cercano durante seis meses. Después del tratamiento desarrollan su vida de manera normal, presentando inclusive nuevas aspiraciones o realizando actividades que antes no hacían. El plazo casi siempre es de seis meses, como si una necesidad dormida despertase después de ese lapso de tiempo.

Pregunta uno.

– No entendí, ¿era una pregunta?

– No quieren que contestes nada, no esperan de vos más de lo que saben que pueden sacarte, de esa manera te encierran.

– Disculpá, ¿me hablás a mí?

– Por supuesto, quien más vino para extrapolar fantasmas si no sos vos, que más podes hacer aquí que no sea algo planeado desde arriba, más grande que cualquiera de nosotros. Me doy cuenta de todo, todo todo lo que me pasó, lo que te pasó a vos también, fue planeado de antemano para poder encerrarnos aquí. Deberías irte ahora, antes de que los descubras.

– ¿Descubrir a quienes? Yo vine por el anuncio, esperaba que fueras vos con quien tenía que hablar por lo del tratamiento, pero no me parece que estés en muy bien, ¿cuál era tu nombre?

– Qué importancia tiene, si nada de lo que hacemos perdura más allá de estas cuatro paredes, es posible que logres los resultados que viniste a buscar, pero ellos ganan más, la casa nunca pierde.

Pregunta dos.

– Creo que te están hablando a vos, yo la verdad no entiendo bien que esperan que respondamos.

– La duda empieza a germinar, ¿es lo que te decía?, empezás a dudar de vos misma, de lo que te están diciendo, de lo que deberías responderles, ahí es cuando nos atrapan, cuando nos preguntamos por sobre lo que sabemos, cuando empezamos a cuestionarnos lo que pensábamos que estaba resuelto.

– De nuevo no entiendo de qué me estás hablando, ni tampoco qué es lo que esperan que nos cuestionemos. Te puedo decir todo lo que sé y por qué vine aquí si eso te tranquiliza, y responde a las preguntas que nos están haciendo, me parece que estar con esta gente te afectó, y eso me asusta un poco, yo no vine para estar peor.

– ¿Y por qué viniste entonces?, si te asusta el resultado de lo que estás buscando no deberías haber empezado a buscar en principio, y no me vengas con que no sabías lo que podías encontrar ahí, en el fondo todos tenemos miedo a hurgar más hondo porque sabemos que nada bueno podemos encontrar.

– No me asusta saber más sobre mi, me asusta terminar como vos, afectada de esa manera, tan paranoica, tan perturbada.

– Conversar conmigo, creo, es como un paso necesario, o yo soy solo una etapa, para vos, y ahora que lo pienso, yo también estoy pasando por una etapa.

Pregunta 3

– Tengo la sensación de que están hablando sobre la secundaria. Clarito escuché que preguntaban sobre el Nacional y las Popis. ¿La pregunta fue sobre eso verdad, hablaban sobre mi secundaria?

– Es imaginación tuya, estás escuchando lo que querés escuchar, lo que a ellos les conviene, para mí dijeron algo sobre el robo que sufrió mi papá hace algunos años.

– No, esperá, preguntaron sobre mi secundaria, como pueden saber sobre eso, quien les puede haber contado algo tan personal a ellos, ¡¿quién les habló sobre mi secundaria?, ¿Qué más saben?!

– Dudo mucho que te escuchen, y si lo están haciendo, no creo que te vayan a responderte. Saben lo que necesitan saber para hacerte volver a esos pensamientos, es parte del tratamiento, creo, te hacen recordar cosas que tenías metidas muy adentro, te las sacan así, de golpe y sin que te des cuenta, deberías dejar de hacerles preguntas inútiles y empezar pensar en ese recuerdo, sino nunca vas a poder salir de acá.

– Pero ¿sobre mi secundaria?, son cosas que no hablé nunca con nadie, nunca-con-nadie ¿me entendés?, cómo puede ser que sepan, no, que vergüenza, ¿quiénes son?, ¿cómo pueden saber sobre eso?

– Me pregunté lo mismo con mi papá, como podía ser que sepan las cosas que pasé con el viejo, lo que me dolió perderlo, lo difícil que fue después de él. Supongo que tenían que hacerme recordar eso, yo llevaba mucho tiempo sin pensar en él.

Pregunta 4

– ¿Ves?, ¿escuchaste lo que me preguntaron?, saben todo, no, que vergüenza, que humillación.

– Es verdad, ahora me doy cuenta, al principio duele entender que saben todo lo que pasamos, que pueden conocer esas cosas que teníamos tan enterradas, pero después…

– Después nada, como pueden saber sobre mi secundaria, sobre el grupo de las Popis y todos los años en que me persiguieron, en los que no podía salir al recreo o tenía que correr a la parada del colectivo, porque las hijas de mil puta estaban en todas partes, me perseguían, me insultaban, me empujaban, las odio las odio.

– Te entiendo, yo nunca me creí capaz de odiar a nadie como al que me robó a mi viejo, que iba a querer ver a alguien muerto de esa manera, que podía ser capaz de encontrarlo, de marcar su día a día y estar al acecho de esa persona, de un hijo de puta que se merecía lo peor, pero lo peor no de cualquiera, ni de la vida, yo lo tenía que hacer pagar.

– Ya me hubiera gustado poder vengarme de esas estúpidas, de todo el mal que me hicieron, de decirme india en el colegio, de burlarse de cómo me vestía, de cómo hablaba, de avergonzarme frente a Gonzalo y que para él seguro sea una negrita villera, de no dejar de atosigarme incluso después de verme llorando en el baño, de verme salir corriendo de la plaza por su culpa, de no querer ir a la escuela por semanas.

– Y que hubieras ganado con enfrentarlas, no es solución enfrentarse a alguien por odio, menos si sos vos y un montón de amigos que querían tanto a tu viejo que no tienen problema de patotear a un pibe. Le dimos duro, primero entre todos hasta dejarlo ahí, ensangrentado y sin poder moverse. Después los paré, les dije que el ultimo tenía que ser mío, lo quería muerto y quería ser yo el que lo mate, se llevó a mi viejo, él lo mato y ahora me iba a vengar por eso. Hasta hoy lamenté el día en que lo dejé ahí tirado, casi muerto, pero respirando, hasta hoy que vine aquí, que pude volver a pensar en eso.

Pregunta 5

– ¿Qué fue lo que dijeron?, yo lo escuche clarito, ¿preguntaron por la chivita verdad?, hijas de mil puta, ¿son ustedes verdad?, solamente ellas podían saber de ese apodo, ¿son ellas verdad?, vos que estabas desde antes, ¿quiénes son las que hacen las preguntas?, estoy segura de que son ellas.

– A esta altura ya no nos sirve saber quiénes son, no sé si entendés lo que están haciendo, poder volver de todo aquello me dejó la mente más fresca, los rencores parecen ser parte del pasado, pero no como antes, ahora estoy mucho más tranquilo.

– Y como podes estar tranquilo sabiendo que las preguntas las están haciendo los familiares del hombre que mató a tu papá, o las Popis, o el que sea que este del otro lado preguntando cosas y sabiendo sobre vos más de lo que saben toda tu familia y amigos. Ellas nunca dejaron de perseguirme, todos estos años y todas las cosas que no funcionaron en mi vida seguro son culpa de ellas. Y ahora están ahí, o se pusieron de acuerdo con los que están del otro lado, para seguir jodiéndome, para seguir cagándome la existencia.

– Si así lo ves, entonces no hay mucho que puedas hacer, olvidar no funcionó hasta ahora, esos sucesos están todavía muy presentes, mi viejo todavía está muy presente en mi vida y no había podido, hasta hoy, abrazar ese sentimiento. El ladrón también está presente, pero de otra manera ahora. No creo poder entenderlo, entender como es capaz de matar a una persona por unos pesos, pero creo que con el tiempo puedo llegar a perdonarlo, a perdonar a mi viejo por no entregar la billetera y resistirse, a perdonarme a mí por lo que le hice a ese pibe tiempo después. Creo que va a ser mejor de que me vaya.

– Y que vas a hacer con el hecho de que esta gente sabe tanto sobre vos, sobre mí, sobre anda a saber cuántas personas, el poder que tienen sobre nosotros, cómo seguramente arreglaron todo para que yo llegue a este lugar, cómo puede que hayan estado detrás de las cosas que no funcionaron en mi vida, incluso cuando estaba en la secundaria. Como vamos a poder vivir sabiendo todo esto de aquí en adelante. Voy a contarle al que venga a este lugar lo que está pasando, cómo nos controlan, no voy a permitirles que jueguen con nadie más.

– Si es eso lo que querés hacer te deseo la mejor de las suertes, yo voy a pedir que me abran y voy a volver a mi casa, salí hace como dos horas y seguramente están preocupados por mí. ¿Pagaste por adelantado verdad?, hasta recién me doy cuenta de que lo que cuesta, vale.

Los sujetos entran estables, seguramente no muy conscientes de los traumas que los tienen atados a la forma en que viven. Seleccionamos para el tratamiento a aquellos que no representan en apariencia un peligro para la sociedad, les hacemos un seguimiento de seis meses antes de invitarlos a un primer encuentro. Seleccionamos a los que, por motivos de pequeños éxitos, en lo profesional o sentimental, tienen seguridades sobre si mismos bastantes cimentadas, esto es requerido para que puedan soportar el tratamiento. El plazo para los reincidentes suele ser de seis meses también, como si una necesidad dormida se activase en ese tiempo y necesitasen pasar por el tratamiento nuevamente, para estabilizarse, para poder continuar con su vida de manera normal.

Pasemos ahora a hablar sobre los costos del tratamiento y los rendimientos a mediano y largo plazo que hemos tenido. En la gráfica de la pantalla podemos ver la afluencia de pacientes nuevos y reincidentes en los últimos seis meses y calcular…

viernes, 19 de noviembre de 2021

Historia de una foto

– Vos tenés que contar todo, así como me dijiste recién, pero más triste. Que la gente sepa todo el tiempo que venís buscando a Marcos, que lo extrañas un montón, que lo querés ver.

– No se preocupe Laura, yo soy actrí, sabe…

– Bueno, entonces no te va a costar nada. Tenela así a la foto, frente a la cámara, que se vea que es lo único que tenés de él, no importa si no se distingue, yo ya les pasé una copia a los del canal para que la pongan en primer plano.

– Eso le quería preguntá Laura, ¿a qué hora maomeno salimo? Es para avisarle a mis chicos para que me vean.

– Creo que en 15 minutos largamos, estate lista. Y por favor, esto es muy importante, por favor no me interrumpas cuando esté hablando durante la nota.

Laura quería pegarla con esta nota. Adriana Mendoza, la histórica panelista de actualidad del programa “Con vos hasta el mediodía”, estaba a semanas de dejar el show para trabajar en la tv publica, la vacante que quedaba tenía que ser suya. Laura odiaba a Adriana. Se sabía más bonita que su compañera, tenía una rutina estricta en el gimnasio y una dieta baja en carbohidratos. Se sabía mejor preparada que ella, había estudiado periodismos en la UBA y todas las mañanas leía los portales de noticias mas importantes para estar actualizada. Sabía que no iban a reemplazar a Adriana con un hombre, ya había muchos varones en el estudio y tenían que cumplir con la cuota de género para no disgustar a los progres. El productor le anuncio que salían al aire.

– Buenos días Ruben, Adriana, Carlos, Juan y bueno, a todos los compañeros en el estudio. En efecto estamos aquí en el Museo Nacional de Bellas Artes, pero en esta ocasión no para cubrir la presentación de una obra, o la exposición de un artista plástico, sino para contarles una historia de amor. Quien me acompaña es Jenifer, ella es una moza que trabaja en un bar de avenida…

– Actrí, disculpe Laura, yo soy actrí.

– …

– Si, buenos días Rubén, y a todos en el estudio y en especial a Adriana que la veo toda las mañanas en el bar y me encanta verla y me encanta escucharla cuando estoy trabajando y eso.

– …

– Si, yo trabajo de moza en un bar, pero ese trabajo es temporal noma, porque yo soy actrí, yo estudié en la faculta do año sabe, pero tuve que dejar porque justo me quedé embarazada y bueno, los tengo que mantené a los chiquitos.

– …

– ¿La foto?, si la foto es de Marcos, el venía conmigo a ver las obras cuando éramos novios y…

– Y ese fue el comienzo de la historia de amor que les contaba. Jenifer y Marcos fueron novios que se conocieron en la Universidad de Arte de…

– No, si yo a Marco lo conozco desde chiquita, del barrio…

– Cierto, pero cursaron juntos la carrera y ahí se pusieron de novios. Durante mucho tiempo fueron juntos a ver obras de arte en el Museo que tenemos aquí atrás, después se separaron y Laura dejó de venir, pero Marcos lo seguía haciendo. La foto que tiene Jenifer en sus manos, la que están viendo en pantalla ahora, fue tomada por uno de los trabajadores del museo, que veía a Marcos todas las tardes sentado frente al mismo cuadro, recordando el pasado o, quien les dice, quizás esperando a Laura…

Marcos está haciendo zapping cuando pasan por el canal que está transmitiendo la nota de Jenifer. Él no la ve y cambia rápidamente.

– Papá, ahí estaba la mamá en la tele.

– Ma ver, si e verdá, he Jenifer, ¡Jenifer!

– Voy, voy, ¿Qué pasa?

– Ahí están dando la nota esa donde aparecé de nuevo, che y ¿Cuánto te van a pagar por eso?

– Nada pa, si eso era para haceme conocé en la tele noma, yo le dejé mi número al camarógrafo, para que le dé al productor. No le quise dar a la Laura esa porque es una envidiosa.

– ¿Y ya te llamaron?

– No pa, todavía no, será cuestión de esperá nomá, seguro que pronto me llaman.

lunes, 15 de noviembre de 2021

La incuantificabilidad del deseo

– ¿Pensaste alguna vez en la incuantificabilidad del deseo? – le decía mientras palmeaba su mejilla, despacio, suave, buscando un despertar tranquilo a su letargo, la noche había sido ruda para ambos. – Me vas a decir, como siempre, que es otra de esas ideas delirantes que te planteo a veces, de esas locuras lindas. Pero pensalo por un momento, ¿Cuál es la medida justa?, ¿hay una cantidad que no debería ser sobrepasada?, ¿cuándo se convierte en malo desear a alguien?, desearte a vos.

Durante la mañana, la mañana de ese mismo día, habían despertado por la luz de un sol de primavera, filtrando rayos por rendijas entre las cortinas de la única ventana del departamento. Ella hizo un inhalar fuerte, dormida, para exhalar por la nariz gotas de noche y de frío, de un dormir inquieto destapándose a cada momento, dando vueltas, presintiendo lo inevitable. Él estaba despierto desde temprano, contemplándola un rato, mirando el celular otro rato, pensando en todo lo que no iba a hacer este domingo, todos los planes innecesarios que tenía para consigo mismo, que iba a desarmar en el preciso instante en que ella le dijera – Gordo, ¿me acompañas a lo de mi hermana? Me dejé ropa la semana pasada y de paso quiero saludar a Martina – cambiaría de trabajo por ella, cambiaría de ciudad, de nombre, de estado en Facebook, si se lo pidiese, cambiaría todo por ella, los planes de un domingo no eran la gran cosa.

– ¿Te acordás cuando te decía, que tenía una casa en ningún lugar?, eso tenía un doble sentido, incluso entonces. Creo que lo que en verdad quería decirte es que no había lugar, ningún lugar, donde nosotros dos no podamos estar juntos – le decía mientras prendía algunas velas en una mesa de noche, al lado de la cama. – Ya sé que es medio romántico-pelotudo todo esto de las velas, pero vos me conocés, me encanta verte sonreír, que te sorprendas, no sé qué era de mí antes de estar con vos – continuaba mientras corría su flequillo hacia un costado, despejando sus ojos para que pudiera ver lo cálido de la casa, la chimenea, los sillones para lectura, la biblioteca, la mini cocinita, la puerta del baño. Ella seguía entre adormecida e incrédula, como reponiéndose de una pesadilla, encontrando la oscuridad de una casa iluminada con velas, encontrando la oscuridad de la realidad que la rodeaba.

La comida ese medio día, el medio día de ese mismo día, fue silenciosa. Él había preparado, la noche del sábado, – unas pizzetas caseras a todo trapo – como pensaba que ella le diría por esmerarse tanto en cosas tan pequeñas, ambos sabían que la cocina no era su fuerte. Prepararon los bolsos para salir cada uno por su cuenta. En la habitación ella guardó varias camisas, dos pantalones, dos pares de zapatillas y los zapatos de noche, casi era un bolso de viaje. En la cocina él solo cargaba algunas frutas, fideos, leche, algunas sobras para pasar la noche – Gordo, ¿y si vamos al mirador ese al que me llevaste una vez? – creyó escuchar a lo lejos, sus ideas siempre le parecían geniales, agregó entonces una botella de vino y una servilleta de tela a la mochila.

– Me gusta esto de poder cuidarte – le decía mientras la ayudaba a incorporarse en la cama. Afuera hacía humedad y frío, adentro un pequeño calefón a gas hacía las veces de calefacción y compañía, con un sonido leve, como un susurro que invitaba al silencio. – Estuve varios días instalando y volviendo a instalar esa mierda y no conseguí que deje de hacer ruido, después de un rato, cuando lo apago, hasta extraño escucharlo. ¿Te molesta?, si te molesta puedo ver de solucionarlo – le decía mientras acercaba una colcha de paño, aterciopelada, roja, con la que la cubría y arropaba. – Quiero que en tu tiempo en la casa estés lo más cómoda posible, quiero cuidarte. Supongo que a pesar de las lecturas, a pesar de todo lo que aprendí con vos y de esta búsqueda interminable de la deconstrucción, a pesar de todo eso, seguimos respondiendo a roles muy antiguos, muy arraigados en nuestro inconsciente, digo, gracias a ellos llegamos a donde estamos, gracias a ellos puedo estar con vos esta noche y un montón de noches más, gracias a que siempre vas a estar cuidada, conmigo.

En el mirador esa tarde, la tarde de ese mismo día, el frío los había acercado como hacía mucho tiempo no lo estaban. Abrazados, tomados de las manos, apenas si interrumpían el observar la ciudad neblinosa para acercarse un trago de vino del pico de la botella. El no probó ni una gota – esta cagada me está pegando fuerte – pensó que le diría en algún momento, pero la ensoñación sobrevino con rapidez y pronto tuvo que ayudarla a caminar hasta el auto. El viaje era largo, si tenía algo de suerte ella dormiría durante todo el camino – me encanta la casa, tiene todo lo que necesitamos, me alegra un montón que hayas decidido compartir esto conmigo – pensaba que serían sus palabras una vez que hayan llegado, una vez que haya visto todo, una vez que entienda cuál era su idea, por qué estaban ahí, como él la veía.

– Te propongo algo – le decía mientras acercaba su mano a la servilleta de tela – te propongo que reflexionemos juntos esta situación, que exploremos cuales son las posibilidades que tenemos de ahora en adelante – ella lo miraba fijo a la cara, casi había despertado completamente, sentía volver en sí, sentía una nueva fuerza en todo su cuerpo. – Podemos resolver esto juntos, podemos evitar las peleas, las distancias, el olvido. Yo no podría olvidarte nunca, no quiero hacerlo. Vos sos todo lo que quiero para mí, todo lo que esperé durante mucho tiempo, no voy a renunciar a vos. Quiero que veas esto como una oportunidad, como una forma en la cual podamos reencontrarnos, volver a conocernos, pero esta vez mejor que antes, sin las presiones de afuera, sin intromisiones, sin ideas raras que cualquiera pueda poner en tu cabeza, solo nosotros dos – ella no podía creer lo que escuchaba, lo que estaba pasando a su alrededor, lo que podría pasar, solo lo miraba fijo, casi furiosa, entonces él le quitó la mordaza.

– ¡Hijo de mil puta! ¿Dónde mierda estamos? ¿Por qué me ataste? ¿Por qué me trajiste acá? ¿Qué mierda te pasa? ¿A dónde me trajiste? ¡¿A dónde a dónde?!

– Una vez te dije que tenía una casa en ningún lugar.

– ¡Roberto vos estás loco! ¿Qué mierda te pasa? ¡Soltame hijo de mil puta! ¡Soltame! ¿Qué hacemos acá? ¡Soltame!

– No puedo, aunque quisiera ya no puedo, esto ya está hecho y no tiene vuelta atrás, vamos a tener que acostumbrarnos a esta situación, aprender a querernos de nuevo, como al principio.

– ¡Vos estás loco, no te puedo creer esto, vos estás demente! ¿Qué mierda te pasa? ¡Soltame ahora mismo Roberto, soltame! ¡Hijo de mil puta! ¡Soltame!

La casa esa noche, la noche de ese mismo día, estaba por demás agitada. Ella no paraba de gritarle, de dar vueltas en la cama, de tratar de soltarse. Él estaba en la cocinita, hirviendo agua para el mate, mirándola forcejear, pensando una manera en la que ella pudiera entender lo que él estaba sintiendo, creyendo que con el tiempo hasta podría volver a decirle – ¿Pensaste alguna vez en la incuantificabilidad del deseo?

domingo, 14 de noviembre de 2021

Algo de lo que me dejó el taller literario

Fueron llegando de a uno, eso me dio algún grado de respiro a la hora de enfrentarlos. Los hermanos Gutiérrez eran una familia de enanos que habían trabajado en un circo, o al menos eso se decía en el barrio, y ahora tenían una verdulería. A mí me caían mal todos, los padres, el Pepo, chichón de suelo, Marquitos, todos sus primos. Después de voltear a los primeros tres me empezó a doler la mano derecha, Pablo me había advertido que no los enfrente solo, ¿a dónde se fue el hijo de puta?

Pensé que borracho como estaba iba a tener más problemas, pero se venía defendiendo bien Facundo, hasta que apareció el Pepo. De chico siempre lo gastaban por enano, era inevitable. Ahora estaba loco, como poseído, saltó a lo Jordán para darle en la cara al primo, era enano pero estaba trabado. Facundo se tambaleo un poco hasta caer desparramado en la placita, junto a los otros enanos parecía un cigarro nuevo a la par de otro montón de puchos fumados.

La furia del Pepo era incontenible. Fueron muchos años de aguantar a Facundo y a los demás pibes, sentía que nadie lo respetaba en el barrio, al menos no hasta que empezó con el gimnasio. Los compañeros del club también se burlaban pero a sus espaldas, él los consideraba amigos. Para Pablo el conflicto de esa tarde fue una estupidez, Facundo y Chichón tomaban cervezas todos los viernes sin problemas, pero justo hoy a Facundo se le dio que Chichón tome de la lata de 350 y él la de 500.

martes, 13 de abril de 2021

12 horas para el final

Son las nueve de la noche en punto, la aguja del horario lo corta a la mitad dividendo en dos su persona, una mitad dice basta de toda esa tortura, la otra de a poco empieza a coincidir con la primera. Enciende la tele, cualquier cosa tiene que ser mejor que estar en su cabeza, la ventana en la pantalla sopla un viento en HD que escapa de las 32 pulgadas, que inunda la habitación volteando latas vacías, ropa desparramada y los papeles en la mesa de luz, hojas tamaño oficio arremolinadas empapelan toda la pieza del hotel, donde sea que mire tiene que rubricar la firma. El horario marca la una y la aguja filosa tiene forma de lapicera, el corte cruza la cara a la altura del ojo derecho, del ojo bueno, y los sesos de la cavidad craneal seccionada luchan por permanecer unidos al cuerpo, chispas eléctricas iluminan la habitación sin gravedad como flashes en el espacio, las ultimas ideas de una batalla perdida. Devienen las cuatro, los chispazos son esporádicos, el horario caprichoso se ensaña con los brazos y las manos, queda invalido de un poder hacer, cualquier cosa, lo que sea que lo salve de llegar al final de esas doce horas. No hay dedos para marcar, no hay manos que golpeen puertas, no hay brazos que le ayuden a levantarse del frio suelo de la habitación, tampoco hay forma de que pueda servirse otra copa. El minutero de las seis en punto se suma a la carnicería, corta a las seis y cinco, corta a las seis y veinticinco, a las seis y cuarenta, a las y cincuenta y cinco. El montón de carne que es su cuerpo ahora se resiste a comenzar con los rituales, el alcohol requiere una ducha, el desvelo un café amargo, la tristeza es algo que no podrá solucionar. El remís lo deja en la entrada, la aguja del horario es una espada marcando las nueve, una espada que ella arrastra mientras caminan en dirección al funcionario. Siente la tentación de hablarle, pero no cree poder volver a coser todas las partes del cuerpo, no quiere otra noche como la anterior. Ambos firman, el divorcio es definitivo, las agujas del reloj dejan de tener filo, el tiempo deja de importarle.

martes, 30 de marzo de 2021

Realidad disminuida

Esa mañana despertó como cualquier otra, planchó la camisa, tomo la ducha, hirvió el agua para el café. La soledad del departamento a las 6 de la mañana no era tal en los tiempos que corrían. Pantallas lo acompañaban en cada ambiente y nunca dejaba de ver o escuchar a alguien. Algunas chucherías chinas fáciles de conectar le permitían ver el mismo video en la tele del cuarto, en la notebook de la cocina o en el celular estando en el baño, mientras se enjuagaba el shampoo. “Las 9 teorías conspirativas con más posibilidad de que sean verdad por El Ojo Oculto”, “hoy en el podcast: libros que desquiciaron a sus escritores”, “maratón de online de Los Simpsons”, “un blog más: ¿qué tan solos estamos? La imposibilidad moderna de mirarnos a los ojos”, “¿ya chequeaste la última lista de reproducción de Tito Libio?”, “informe especial, alguien nos observa todo el tiempo ¿sabes quién es?”. Comenzaba el día consumiendo tracaladas de información constante, videos, artículos online, podcast, recopilaciones de noticias, resúmenes de series, todo al alcance de la mano todo el tiempo. Ya en el colectivo, auriculares bluetooth encendidos, la radiación de las pantallas hacia más blanco el rostro a todos los pasajeros, mas ausentes, y no es que él lo notase, quería terminar de ver el capítulo antes de llegar a la oficina, quedaban solo un par más para el final de la temporada. En su escritorio, más tarde, la pantalla era tan obligatoria como temprano ese mismo día. Por momentos creía escuchar algún chiste entre los compañeros de trabajo, sonreía, puteaba tal vez, apenas si miraba, las planillas se llenaban de números que contaban su propia historia y él era el artesano de esas hojas virtuales. Entretejía, entre flashes del diario local, respuestas a correos urgentes, cambio de playlist, actualizaciones de última hora que modificaban las formulas, un café rápido, 30 minutos para comer, entretejía aquella telaraña de números que enviaba al instante de terminarla, solo para empezar otra y otra, fijo en la pantalla. La tarde era gimnasio, auriculares todo el rato hasta el momento de la cinta, la literalidad perfecta de correr para llegar a ningún lugar. Era su turno, había descargado en HD y guardado en la memoria del teléfono las últimas 3 temporadas de la serie de moda, ya no tenía excusas para no entender los memes, solo era cuestión de darle play, de comenzar a correr, de comenzar a ser parte. No hay planes para la noche, “es muy lunes” muestra una leyenda acompañada de una imagen de Garfield. Like a la imagen, los comentarios de siempre hasta que alguno da la nota “no entiendo por qué no les gusta el lunes”, dislike, “ni intiendi pir qui ni lis gisti il linis”, comentar. “Definitivamente hay gente que no sabe bien donde vive”, no “como hay gente que no sabe dónde está parada”, no, “hay gente que no entiende nada, mejor ni hablar”, si, publicar. Esperaba los likes, los comentarios, las preguntas, “lo decís por mi gor, te extraño, ¿cuándo una juntada?”, “de esos sobran macho, cuídate bro”, “que changuito este, siempre haciéndose el misterioso”, el último era de ella, podía darse por satisfecho. Ya en la cama, con la oscuridad solo interrumpida por el resplandor de la última pantalla encendida en el departamento, con dos ojos casi por cerrarse, con la sensación de haber realizado todo lo propuesto para el día, con un suspiro de plenitud, una notificación lo convocaba, como todas durante todo el día, un nuevo comentario en la publicación “un blog más: ¿qué tan solos estamos? La imposibilidad moderna de mirarnos a los ojos”, señorMilaConPapa87 publicó: “me está pasando, me está pasando ahora mismo, que puedo hacer????, no puedo ver a nadie, alguien, el que escribió esta publicación, necesito que alguien me ayude, por favor”… alarma encendida, celular off.

Esa mañana despertó como cualquier otra, planchó la camisa, tomo la ducha, hirvió el agua para el café. Era una mañana tranquila, a pesar de su urgencia usual por consultar las notificaciones del día anterior comenzó con música suave, de jazz, inundando todo el departamento, acompañándolo en la ducha “me está pasando, no puedo ver a nadie”, no recordaba la última vez que había soñado, mucho menos haber tenido una pesadilla, pero algo en ese último mensaje que leyó la noche anterior lo había dejado intranquilo, no había dormido bien, “¿no puedo ver a nadie?, ¿se puede no ver a nadie?”, el agua parecía no mojarlo, la música sonaba distante, hoy estaba desconectado. “Todo lo siguiente ese día podría ser explicado por una simple cadena de coincidencias, por lo que se diría un mal día”, pensó esa noche antes de dormirse, pero era extraño y forzoso, todo podía explicarse a excepción de lo del barrendero. El colectivo esa mañana estaba extrañamente vacío, cuando quiso darse cuenta ya estaba sentado en un asiento de a uno cerca del medio, dejó el capítulo del ebook para mirar a su alrededor, sentía extrañar a gente que no conocía, a completos extraños a los que no miraba a la cara nunca, pero hoy era distinto, hoy quería hacerlo. Al frente el chofer, dos personas sentadas juntas, con canguro y gorra, tapados por el frio, de espaldas, apenas si distinguía su género, una pareja tal vez, atrás un nene, dormido, hundido en su asiento solo dejaba notar la frente, no había rostro. Buscaba espiar la cara del chofer por el retrovisor, verlo, conocerlo, pero cada vez que el ángulo lo permitía, cambiaba de posición el cuerpo siguiendo el giro del volante, esquivando la mirada, haciéndose anónimo. “¿Dónde estaba la gente?” había perdido tiempo durante la mañana, pensando que no podía ver a la gente a la cara, se había retrasado tanto que viajaba ahora solo con los que estaban llegando tarde, una coincidencia. Al bajar del colectivo hizo un último intento, el niño ya no estaba, fue hacia la entrada de adelante pero una frenada brusca lo impulso fuerte hacia la puerta, el chofer sacaba la cabeza para putear a un automovilista de vidrios polarizados, la pareja miraba en dirección a esto, otra coincidencia. La oficina podría haber sido la oportunidad perfecta para reencontrarse con los rostros de sus compañeros de trabajo, el lugar que obligadamente visitaba 5 días a la semana era el lugar en el cual obligadamente debía ver el rostro de ciertas personas, esos mismos 5 días a la semana. No había nadie en la oficina, “¿otra vez?, ¿podía no haber nadie?”, tras iniciar los sistemas pudo saber sobre la importante reunión convocada a primera hora, todos estaban ahí, todos parados de espaldas frente a un orador que no podía ver, que cada vez que buscaba visibilizar era tapado por una cabeza, por una mano que se levantaba, por alguien caminando que se cruzaba y era igual de anónimo, más coincidencias. Al finalizar la reunión, un llamado de la gerencia lo apresuro a su puesto, había llegado tarde a trabajar, había planillas que presentar de forma urgente, correos que contestar y operaciones que autorizar para que continúe la gestión del día, la pantalla del monitor pedía su atención constante, ausente de todo a su alrededor, con la mirada fija. Cuando quiso darse cuenta estaba comenzando a anochecer, los compañeros de la oficina ya se habían retirado, tal vez lo saludaron, tal vez los vio a la cara cuando lo hicieron, no podía recordarlo, solo le quedaba este agotamiento mental, los ojos ardidos de mirar a la pantalla casi sin pestañear y una sensación de vacío que le era extraña, se desconocía a sí mismo, tal vez ni siquiera él podía verse a la cara. Decidió volver a casa caminando para reponerse del mareo, eran 15 cuadras en las que podría hacer un último intento, tratar de reencontrarse con la gente, poder verlos a la cara de nuevo. Caminaba como un zombi, con pasos lentos e inconexos, con una dirección fija y mirando casi todo el tiempo al frente. No había auriculares esta vez, el celular estaba apagado, trataba de estar lo más desconectado posible para poder volver a la realidad, para poder conseguir ese reencuentro. Tal vez el mareo, tal vez otra vez esas coincidencias que evitaban el contacto directo con el rostro de la gente, tal vez la visión ardida de estar conectado a las pantallas durante todo el día, que hacia borrosa la imagen, tal vez ya no sabía cómo mirar a la gente, muchos eran los factores por los cuales esa larga caminata a casa no sirvió de nada, porque a cruzó gente, a algunos, pero a ellos tampoco pudo verlos, todo parecía perdido. Ya estando en la puerta de su edificio, casi resignado a no establecer ningún contacto humano directo, con nadie, es que se acercó al barrendero, lo toco en el hombro para hablarle y al darse vuelta él finalmente pudo ver una cara, pero estaba censurada. El rostro del barrendero estaba censurado, pixelado, como cuando en televisión tratan de evitar mostrar el rostro de un testigo, como cuando en las fotografías se busca proteger la identidad de personas no implicadas con algún hecho, de esa manera lo veía, aunque en realidad, seguía sin poder verlo. Le hablaba, reconocía que la boca del barrendero se movía y sonidos salían de ella, pero no eran palabras, era como un ruido blanco muy fuerte, como el sonido de lluvia de una televisión sin señal, de las de antes, que tapaba cada palabra que pronunciaba el barrendero, que las hacía inentendibles. Sobrecogido por esta situación sentía enloquecer, no podía estar pasando por algo así, no lo entendía, “¿esto es lo que le pasó a señorMilaConPapa87?, el que puso el comentario en el blog, ¿alguien ahí le habrá dado una respuesta?”, necesitaba pruebas, encendió el celular y la cámara, apuntó al barrendero para tomar una foto de lo que estaba viendo y entonces lo entendió. En la pantalla que apuntaba al barrendero podía ver su rostro, sin censuras, al activar el micrófono en los auriculares podía escuchar lo que decía, sin ruido blanco, mediado por un dispositivo ahora podía verlo, entenderlo. Prometió al barrendero dejar la basura en el canasto y subió a su departamento, decidió no cenar esa noche por lo que fue directo a la ducha y después a la cama, estaba entre contento y desconcertado, contento por haber descubierto la forma en que esta nueva realidad se configura, desconcertado justamente por eso, “todo lo sucedido ese día podría ser explicado por una simple cadena de coincidencias”, pensó, “por lo que se diría un mal día, pero era extraño y forzoso, y nada podía explicar lo del barrendero”.

Esa mañana despertó como cualquier otra, planchó la camisa, tomo la ducha, hirvió el agua para el café. Esta vez no había pantallas, no había música de fondo acompañando la rutina, no había noticias ni actualizaciones ni comentarios, era solo él y el silencio. La calle de miércoles, así como el trabajo más tarde y después el gimnasio, se presentaban de la misma manera en que las dejó la noche anterior, con los rostros de las personas censurados, pixelados, con sus voces tapadas por un sonido blanco, fuerte, con su incapacidad para mirarles la cara, para entenderlos, ahora solo podía hacerlo mediante alguna pantalla. Había perdido la capacidad de entender la realidad sin la intervención de un dispositivo, “pero ¿eso era nuevo?, ¿hacia cuanto tiempo no miraba, no oía o sentía a otros?, ¿hacía cuanto no se miraba a sí mismo siquiera?”, que no sea por un posteo o un comentario en el posteo de alguien más, que no sea por sus propias fotografías subidas en sus redes, “¿se conocía a sí mismo?” Esa noche después de comer decidió buscar el viejo espejo, el del baño, que había guardado en algún momento, no recordaba el por qué, y que nunca volvió a colocar. Lo llevó hasta la pieza, y cuando estaba a punto de ubicarlo para verse, noto como la camarita web de la notebook se movía apuntando en su dirección, entonces recordó la publicación que había leído días atrás “informe especial, alguien nos observa todo el tiempo ¿sabes quién es?

sábado, 20 de marzo de 2021

Medias amarillas

Ella estaba contenta esa mañana. El Ramón, jornaleando con mucho esfuerzo había podido comprarle un conjuntito nuevo. Pollera blanca cortita, remerita cuello en v, unas John Foos como las de la tele y unas lindas medias amarrillas que subían hasta los tobillos. La ropa le ajustaba donde tenía que ajustarle, le marcaba los senos y la cola, le quedaba bien. Salió a hacer las compras con una sonrisa en la cara, salió a estrenar su nuevo look por el barrio. El verdulero, ese viejo verde que siempre le miraba el culo cuando se iba, le pregunto angustiado mientras pesaba las papas – mija, ¿está usted bien? – a lo que ella contestó sin perder la sonrisa – y sí, usté que opina, si tengo remerita nueva, y mire de lindas mis medias amarillas – después en el súper su amiga de la infancia, la María, que trabajaba ahí por la mañana y por la tarde en el mercado del norte, le dijo medio en secreto – Amiga mandame mensajes, te buscamos con el Lucas en el auto, no seas boluda – a lo que ella solo atinó a levantar el queso cuartirolo y caminar en dirección a la caja, no tuvo tiempo de presumirle su conjunto nuevo, quería hacer una tortilla de papa para el Ramón. En la pensión la vieja de la planta baja esperaba que vuelva – doñita, le gusta mi pollera nueva, y mire estas medias amarillas de lindas – le dijo al verla, pero la vieja comenzó a increparla – anoche ya llamaba a la policía, te juro, nena no pueden seguir así – le dijo mientras ella subía las escaleras rápidamente hasta azotar la puerta del primer piso – vieja chismosa – alcanzó a oírse antes del golpe. Era temprano para empezar a preparar la comida. Ella miraba en el espejo como le quedaba su nuevo conjuntito mientras pensaba en la calle y los vecinos. No tardó mucho en entender, estuvo tan concentrada en su nuevo look que olvidó ponerse base en los moretones de la cara antes de salir a hacer las compras.

martes, 16 de marzo de 2021

Selección de ratas

La elección comienza

Lo quiero a Cacho, vos quedás Cacho
dámelo a Mauro
a ver... José
Oso vení, para defender
entonces dejámelo a Oscar
uno alto para cabecear... el Pato
¡Rolo!
Chila para mí
¿quién queda?... bueno vení Parche
para mí Daniel entonces.

Otra vez el gordito dueño de la pelota
queda mirando los dos equipos armados
y parece que otra vez, el gordito
jugará de suplente.

viernes, 12 de marzo de 2021

divisiónDeBienes

No entiende por lo que estoy pasando, no puede hacerlo, no es como yo, no se formó con los mismos valores ni sabe distinguir cuando una pelea es un poco más que una simple diferencia de opiniones. Y es por una cosita muy chiquitita para alguien tan inteligente, como se considera, un reclamo tan pequeño, como que no haya pagado la boleta del gas, es suficiente para que se saque, para que empiece a darme esas excusas estúpidas y a decirme que no tiene la culpa por distraerse muy fácil y que siempre fue así, que no es cosa del otro mundo y que mañana se va a encargar de todo, pero no, mañana no debía estar haciendo esto, alguien con tanta lucidez debería notarlo, era para hoy, era para ahora. Un pequeño reclamo y debo soportar toda esa sarta de estupideces, así, violentamente en mi contra pensando que no me doy cuenta lo poco que le importa, siempre tan efusivo, siempre temperamental, exasperándome con esa pretensión de querer hablar todo, de insistirme cuando lo que menos quiero es tenerlo cerca. No puedo aceptar que alguien así siga en mi vida, no después de que todo el tiempo estoy velando para que las cosas funcionen, y como siempre tengo todo listo cuando debemos salir o a la hora de hacer los quehaceres. Soy tan cociente de las cosas en la casa, estoy a disposición de lo que haga falta y a mí no se me pasa pagar una factura de mierda, a mí no se me pasa. Es la una, a esta hora debe estar por salir del trabajo, en un par de horas nos vamos a ver otra vez y va a ser todo como antes, y como siempre voy ser yo la que aguante todo esto, debo ser yo la que entiende, hasta esa suerte tiene, de que sea capaz razonar las cosas y de que sepa controlarme, no se merece a alguien como yo. Sé que no puede hablarme sobre separarnos, sé que no va a decirme algo como “necesito que sepas lo que me está pasando, hace rato que siento que no es lo mismo, que estamos distanciados, que ya no deseo pasar el tiempo con vos como antes, queALoMejorLosAños y la costumbre hicieron que nos alejemos, que busquemos otras actividades, otros lugares, estar con alguien más, la mejor idea va a ser esa, separarnos”, pero no creo que algo así pueda pasar, no creo que quiera, no debe entender por lo que estoy pasando, no creo que valore el esfuerzo que vengo haciendo todo este tiempo para estar bien, para aparentar que estamos bien los dos, pero algo surge, y terminamos en una pelea. Como todo el asunto ese de la boleta del gas, tampoco era para tanto. A esta hora suele ir a nadar después de dejar a los chicos en la escuela. Más tarde, cuando nos veamos, seguramente vamos a terminar peleando de nuevo, como todos los días, por cualquier cosa. Y quienes realmente sufren todo esto son los chicos. Ellos no tienen la culpa. Ellos solo están ahí mirando como día a día la familia feliz de la que alguna vez formaron parte se va derrumbando. Tal vez pueda entenderme, que lo que ellos están pasando es mucho mayor que cualquier diferencia que podamos tener entre nosotros dos. Me gustaría escuchar que me dijera “yo los quiero tanto como sé que vos los querés, también sufro como vos al saber lo que ellos están pasando, también me gustaría que las cosas fueran diferentes entre nosotros, para no dañarlos a ellos. Pero podemos llegarAUnAcuerdo, yoQuieroEstarConEllos tanto como vos, podemos pactar los días, ayudarnos para buscarlos en la escuela o llevarlos al centro, navidad en mi casa y año nuevo con vos, podemos hacer que funcione, que ellos sean felices de nuevo, con nosotros” pero no me va a contestar algo así, por su orgullo, por sus caprichos, por cómo es desde el día en que nos presentaron. Y qué hacer con los amigos, con toda la gente que nos acompañó hasta el día de hoy, tan comunes a los dos. Seguramente está con alguno de ellos ahora, en el gimnasio o en algún bar, sé que retrasa lo más que puede la llegada a casa, no quiere vernos ni a mí ni a los chicos. Vamos a tener que elegir con quien compartir, vamos a tener que dudar si pasar el rato con el grupo de amigos de siempre, si alguno de los dos ya está con ellos y qué puede pasar al encontrarnos ahí, va a ser la vuelta a las peleas, va a ser la aparición de esos rencores que hoy nos tienen como estamos, eso no sería justo para nuestros amigos. No puede pensar como yo, no puede explicarme que “los amigos del grupo, todos, son tanto amigos tuyos como míos, no me parece justo para vos o para mí que tengamos que elegir con quien estar o no, no importa si tenemos mayor o menor afinidad con alguno de ellos. Tenemos que asegurarnos de que vamos a comportarnos como adultos cuando nos veamosConEllos, queLoQueEstéSucediendo entre nosotros o con los chicos no nos va a impedir poder pasar un buen rato con los amigos, tomar algo en el bar, salir a bailar o a comer, tenemos que poder seguir compartiendo esos ratos con ellos, mantener la normalidad nos puede ayudar a superar esta separación” sería mucho más fácil si pensara de esa manera. Si no fuese tan egoísta y pudiera tomar en cuenta a otra persona solo una vez. Si pudiera sugerirme un acuerdo como ese y pudiéramos hacer también una división de bienes como esa. Que podamos decidir en forma pacífica quien se va a encargar de la custodia de los chicos. Debo ser yo, aunque los dos podamos hacerlo. Y no dudo de cuanta dedicación les ha puesto en estos años, pero son mis hijos. Temprano me dijo que después de natación haría las compras de la semana, no habría querido aceptar mi ayuda. Seguramente va a hacer tiempo comprando por ahí, creo que demora el regreso a casa. El que vea por los chicos debería quedarse con la casa, es lo justo. Tenemos que dividir los gastos de la custodia. El hecho de que alguno ya no viva ahí no significa que no pueda ir, pasar tiempo con los chicos y ayudar con los problemas que se presentan, pero después irse nuevamente. Me gustaría que me dijera “el hecho de que nos separemos no significa que la familia se disuelva, las cosas van a cambiar pero creo que podemos seguir estando para los chicos, y encargarnos de las cosas que vayan surgiendo con respecto a gastos y a la casa. Prefiero que vos decidas quiénDebeQuedarse, deTodasManeras, aunque uno de los dos ya no pueda estar todo el tiempo aquí, cualquiera debería poder venir cuando quiera o cuando haga falta, esta casa es tan tuya como mía y ninguno de los dos deberíamos vernos obligados a abandonarla.”

Seria pedir mucho, pero ya ha pasado tanto tiempo de esta situación, y nunca ha demostrado poder decir algo como eso. Ya estoy en casa, resta abrir la puerta para encontrarme con lo mismo de siempre. Eso no va a pasar, no sabe cómo expresarse, no puede decirme lo que piensa, lo que siente, lo que le gustaría que hagamos, juntos o separados. Llegue antes, solo unos minutos, pronto entrará por esa puerta y todo comenzará de nuevo.

– holaAmor ¿todoBien, tePasaAlgo?

– noNada, noMePasaNada.