jueves, 7 de enero de 2021

sábado, 2 de enero de 2021

Lo que no me funcionó nunca

– Bueno flaco, ya se me está acabando el helado y me tengo que ir, tenés un tópico, tres hechos, a ver si me convences.

– ¿Un tópico?... Memes, no pará, como los memes resignifican las imágenes de donde se basan. ¿Qué te parece?

– Que te cavaste tu propia tumba. ¿A ver?

– Es sencillo. Viste el meme de la segunda película del Capitán América, ese donde están en el ascensor y los de Hidra están por hacerlo cagar. En la película estás a favor del Capitán, querés que sobreviva a la pelea, que gane, pero en el meme, cuando lo hacen contar un mal chiste, estás contenta de que le peguen una flor de cagada. Se resignifica al punto en que, si volvés a ver la película, a lo mejor no estás tan a favor del Capitán, capaz que hasta empezás a pensar que deberían darle esa flor de cagada por tanto mal chiste. O cualquiera de esos donde en la imagen están obviamente teniendo relaciones sexuales, de a dos o muchos, pero el recorte solo muestra sus rostros y la leyenda dice algo como “cuando tu amiga te ayuda a buscar los lentes de contacto” o algo así, vos sos cómplice de la imagen, aunque no la hayas visto antes, sos cómplice de lo que oculta, decidís no creer lo que te dice la leyenda, porque tranquilamente la mina podría estar buscando los lentes de contacto del chabón, en la cama, semi desnudos los dos, en esa posición, vos haces esa resignificación, la leyenda te dice algo aunque la imagen aparente otra cosa. Cuantos voy, ¿dos?

– Si, pero dejá, no sigas, veo que estás por hacer aguas, dejalo para la próxima. Me hiciste reír, te paso mi WhatsApp, mandame un mensaje así te agendo, capaz que podemos salir a comer algo el viernes. Chau meme, me tengo que ir.

– Bueno dale, te mando un mensaje, chau.

PD: es ficción gente, nunca pasó, ¿no leen los títulos?

martes, 15 de diciembre de 2020

Me envidian

Me envidian, tengo la sensación. Cuando llego a la clase arrastrando como puedo mis 30 kilos de más, muchos de ellos (todos) de tejido adiposo que enferma mi hígado graso, envidian que con descaro salga a correr a la cancha aunque no sepa patear una pelota, aunque sea mas caminata que corrida. Envidian mi bigote y mi barba, y el hecho de que no tengan un color uniforme, definido, tomando matices que van desde el tierra sucia hasta el gris ceniza de incendio. Envidian mi pelo, que está en la delgada línea entre lacio y ondulado, siendo ninguno de estos y sin poder estilizarlo como a ninguno de estos. Tal vez envidien que tenga voz de pito, no hay chiste aquí, no es gracioso tener voz de pito. O envidian la elocuencia con la que hago silencio en medio del entrenamiento, cuando el entrenador me consulta por tercera vez sobre mi régimen de comidas, cuando todos en la clase me observan expectantes esperando mi respuesta.

– Eh, no me envidien, manga de uras.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Mini relato (o peque relato, ustedes me entienden)

Somos pequeños, soy pequeño. Lo descubro de forma inesperada al cruzarme a los mellizos, o gemelos, hermanos seguro, de dos metros diez, deportistas, brazo espalda pectorales piernas, con más trabajo que este texto. Cruzo a los gigantes en la parada del colectivo, decido irme en taxi, yo sí puedo pagarme el viaje.

Somos peques, con todo y 35 años, viajando en taxi, soñando tocar el bajo como Arnedo, en una banda como Arctic Monkeys, cantando como Sinatra, creando el futurePunkIndie, todo el camino hasta el trabajo. Despierto del mal sueño, la realidad se presenta como música de teclas y coros de impresoras, el día comienza.

Soy mini, mini mini, tan insignificante que estoy afuera de la métrica, no aparezco en el ranking de Forbes, tampoco en el de indigencia, un número en una planilla de una empresa que se dedica a los números y a las planillas, de una sociedad de números y planillas. El sueldo alcanza, los años pasan, el sueldo no alcanza, se hace menos, los años pasan, más trabajo, nos hacemos menos, más pequeños, peques, minis...

– Chueco, ¿qué haces?, te llamaba para invitarte, venite por casa a la tarde, hagamos un Fernet.

– ...

– Lo de siempre, bah nada, qué sé yo, nada que un buen pedo no cure, te espero ¿dale?

sábado, 12 de diciembre de 2020

Frustraciones de un termodinámico

Trabajo desde casa. Pandemia, cuarentena, home office, etc.

Trabajo desde casa con las ventajas que eso puede ofrecer a veces, como trabajar mientras hacés un recorrido por la discografía de esa banda que tenías pendiente desde hace años. Arranco desordenado, La era de la boludez del 93, salir a asustar, Ortega y Gases, el arriero y… entró un pedido, la sucursal esta sin sistema por un corte de electricidad, 40 minutos configurando perfiles y puedo seguir, podría escuchar el podcast Rayos catódicos.

Trabajo desde casa con la ventaja de poder leer algo, entre tarea y tarea, algunas páginas, un capitulo así al pasar, a Jean Valjean no le están llegando los correos, puede ser un problema del servidor, hago el reclamo a la casa central en París pero parece que están en medio de una revolución allá, retomo el podcast, capitulo 3: dame un limón.

Trabajo desde casa y puedo ver, poner de fondo y que suene, el último capítulo del mandaloriano, doblada al español, qué fotografía me estoy perdiendo cuando llama el usuario, también trabajando desde casa, con problemas para ingresar a los aplicativos, con un nene que suena igual a Baby Yoda en el teléfono, música de fondo mientras resuelvo el caso, ¿en qué disco iba?, no hay tiempo que suene el podcast, no pausé la serie y los sonidos se confunden, “si, hace un rato estuve charlando con Cosette por un problema parecido”, mail de Ortega y Gases urgente: otro corte de electricidad en la sucursal de Tatooine, armo el reclamo a la compañía eléctrica Rayos catódicos con copia a Jean Valjean, retomo al usuario que me habla en idioma jawa, no entiendo nada de lo que dice, Javert golpea a la puerta de la sucursal en Tatooine, en la bar espera ser atendida la overlorda pero no hay sistema, me apresuro a completar los pendientes pero entiendo que “no es poesía ver la carne transpirar” que estoy hasta las manos, que “entre morcilla o Suiza estoy” y comienzo a bailar desenfrenadamente por toda la sala.

Trabajo desde casa y finalmente la jornada laboral termina, puedo relajarme, puedo hacer lo que quiera. Estoy hecho mierda, me voy a dormir.

PD: el relato se iba a llamar “las frustraciones de un cabeza de termo que cree que puede trabajar y hacer otras cosas a la vez” pero lo empecé a escribir cuando estaba trabajando y me cagué olvidando.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Descubrí por qué no me invitan a los exorcismos

Sucede en todos los pueblos del interior de cualquier país, de cualquier parte del mundo, que el alma se enferma, el cuerpo es poseído por un ente sombrío, belcebú se hace presente.

Sucede también, en todos los pueblos del interior de cualquier país, de cualquier parte del mundo, que fuerzas opositoras se hacen presente para combatir aquel mal, creyentes fervorosos, personas con un don especial, guerreros de la luz.

Y sucede además, por obvias razones, que nunca me invitan a presenciar uno de esos exorcismos: es por mi escepticismo.

Me conocen, saben que si entro en la habitación del convaleciente y siento ese terrible frio voy a pedir que suban la temperatura del aire acondicionado, a pedir un caloventor o un brasero pero con la ventana abierta por que hace mal, saben que si el susodicho empieza a convulsionar agitando la cama con mucha violencia voy a llamar a la ambulancia para que le suministren un sedante, que si empieza a vomitar verde y a raudales voy a preguntar cuál fue el delivery donde compró la comida, y a borrarlo de mi lista de contactos, saben que si empieza a hablar en lenguas o haciendo sonidos extraños voy a googlear lo que dice para ver si encuentro la letra, de la canción en inglés, que está tratando de cantar, que si empieza a levitar o andar por las paredes como un cuadrúpedo voy a codear a quien tenga al lado, y citando a Moe, voy a decirle "¿qué trucazo, no?" y finalmente saben que si lo veo girar la cabeza 360 grados sobre el cuello voy a saludar a los familiares y a lamentar la perdida, de esa no se vuelve hermano.

Me conocen y por eso entiendo que no me inviten. Ahora solo me queda descubrir por qué no me invitan al quincho con pileta, de la casa en El Cadillal, un domingo cualquiera.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Trabajar desde casa vs rutas argentinas

Viajando a ver un equipo, en una sucursal a 40 minutos desde casa, admiro el paisaje que me rodea. Mucho campo verde, muchas casas pequeñas y humildes, mucho cielo abierto. Veo pibes jugando en la vereda, veo no tan pibes tomando una cerveza en la galería de alguna casa, veo familias con dirección al río o algún parque. Encuentro tan lejano ese caos diario que me muestra las imágenes, sentado frente a mi computadora, esperando que termine de renderizarse el vídeo, decidiendo entre terminar de ver la temporada o empezar con la saga de películas del universo cinematográfico, que termino el texto así, sin remate, ¿qué esperaban?, es domingo y tuve que salir a trabajar LPM.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Universos paralelos

De viaje de nuevo por la ruta, por cuestiones laborales, pienso en accidentarme. Nada demasiado trágico, una frenada fuera de control hacia la banquina, el auto tumbado después de algunos giros, un golpe en la frente y algo de sangre por aquí o por allá. Sobrevivo al accidente, el conductor del vehículo también, y aquí empieza lo interesante. Pienso en la variedad de situaciones que pueden darse después del hecho, me pienso rescatando al chofer inconsciente del auto medio en llamas, me pienso pidiendo ayuda a los autos que pasar presurosos por la ruta, me veo llamando por celular, tirado en medio del verde de un descampado, pidiendo ayuda, me veo sentado en una ambulancia con un médico que me revisa, reflexionando sobre el amor, la vida y la muerte, me veo con cara de estar reflexionando sobre el amor, la vida y la muerte.

Considero estas ideas como a reflejos de universos paralelos, donde distintitos migueles están pasando por la exacta situación en la que pienso. La infinidad de posibilidades que plantea la existencia de un multiverso permite la verosimilitud de esta teoría. Existirán entonces infinitos migueles que pueden o no sobrevivir al accidente, que le desean lo mejor al prójimo o que se regocijan en su sufrimiento, que estarán viajando en este momento o estarán en casa, o en otro lugar, así hasta el infinito.

Me es inevitable pensar que todos esos migueles, de todos esos universos trágicos y accidentales, podrían estar pensando en mí ahora, envidiosos de que seguí mi viaje y llegué seguro a casa.

Ja, que se caguen esos migueles, por forros.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Edad de inimputabilidad

Existe un tema que no está siendo tratado en ninguna sesión, de ningún cuerpo legislativo, de ninguna cámara de nuestro país, y que es en suma muy importante para el desarrollo de mi vida futura. Esto es la edad de inimputabilidad.

En la actualidad la edad máxima de imputabilidad de una persona es su propia muerte. No quiere decir que una persona fallecida no pueda ser acusada de un crimen, solo no hay un castigo que pueda aplicarse en caso de ser encontrada culpable. Aunque existen castigos, relacionados con su legado, su reputación o su lugar en la historia pero que no aplican a la persona física extinta. De todas maneras de eso no trata el presente texto sino de la edad máxima.

Debería tratarse con urgencia una ley que baje esta edad máxima de imputabilidad a una edad entre los 75 y los 90 años cuanto mucho. Que nuestros abuelos, que nuestros padres dentro de poco, y que nosotros mismos antes de que nos demos cuenta, volvamos a tener la edad legal que teníamos a los 15 o 17 años, antes de la mayoría de edad. Con esto no quiero dar vía libre a los adultos mayores a cometer crímenes, no en la medida que podrían estar pensando, solo pasar a alertar, a retar o enseñar cuando los viejos decidan no estar de acuerdo con las imposiciones del sistema.

Delitos menores pueden ser obviados, como robar una golosina en el súper del chino o de alguna multinacional a la que le sobran golosinas. Podríamos aplacar la vara de la moral cuando la abuela decida tener un amorío con alguna vecina del barrio, aunque este eternamente enamorada del abuelo. No perseguir al nono que se escapa de casa para salir a bailar o jugar a la pelota, que se hace la yuta de las clases de natación para adultos mayores o yoga para la tercera edad, y se junta con los otros no pibes y no pibas a destapar un porrón y rasgar unos rocanroles con la guitarra en la esquina de la plaza del barrio.

Llegados esos tiempos y aprobada esa ley, que vuelva a saltar la terraza de tu casa, pase por el lavadero y me cuele en tu pieza, que chapemos y escuchemos bajito discos de Sui Generis, que tú hija la mayor me sorprenda sentado en el suelo, apoyado a los pies de tu cama, convidándote un cigarrillo aunque la doctora dijo que lo dejes, que me llame por mi nombre completo en voz alta y me corra de la casa a razón de “estás no son horas”, que le mandé un mensaje enojada a mi hijo el menor, el que dejó la carrera de sistemas y ahora trabaja desde casa y me cuida. Que al otro día pases a hacer las compras por mi vereda y yo te guiñe el ojo cómplice, y que tú hija te rete y te diga “hay mamá ya sos grande” y que de verdad lo seamos, seamos grandes, grandes para poder volver a hacer todas estas cosas.

sobre El departamento de mi vecino de al lado

Renovando las entradas sobre… solo para comentar que este cuento lo escribí inspirado en una anécdota que escuché en el podcast Rayos Catódicos (si llegaron a este lugar de internet estoy seguro de que pueden buscar Rayos Catódicos en youtube). No recuerdo el número de capitulo donde cuentan la anécdota pero puedo decir que fue en uno de 2020. Les recomiendo el podcast y les recomiendo el cuento, nada mas.