lunes, 31 de enero de 2011

De modas y cosas por el estilo

Me pase un buen par de horas la otra vez hablando con una amiga sobre modas. Tema del que desconozco mucho así que fue más bien un monologo por parte de ella y un... ¿¡EH!? ... (Con la cara de no entiendo un carajo y rascándome la cabeza). Encontré su charla muy entretenida como me pasa cuando converso con alguien que sabe de lo que habla y demuestra seguridad en lo que dice. Además esta mina tiene facilidad para explicarme las cosas con ejemplos simples (cosa que necesito a veces).
Me di cuenta en esta conversación la complejidad de estar a la moda. Cuantos detalles y accesorios hay (con nombres raros a veces) para poder combinar. Los contrastes con los colores a la hora de vestir. Los estilos de ropa que se pueden usar para una u otra ocasión. Me explico sobre texturas de telas y cosas así aunque no quedo tan en claro porque no teníamos ejemplos de esas telas como para tocar.
Comprendí la importancia de vestir bien y acorde a la situación-lugar en que se encuentra uno. No es que sea un atentado a la moda (que a veces lo soy), visto normal (creo) y no voy de payaso a un funeral, les aseguro. Pero hablar del tema me dio una nueva perspectiva sobre moda y vestimenta, que lo acercan un poco a mi versión romántica de lo que es el arte, algo que tiene que disfrutarse de ver, oír o sentir, y lo alejaron un poco de ese mundillo tan superficial en donde tenía encasillado todo lo que respecta a moda. Siempre se aprenden cosas nuevas creo. Amiga me abriste la mente y la vista a el arte que significa para muchos estar a la moda (bue solo un poquito, siempre voy a ser un desastre para estas cosas).

lunes, 24 de enero de 2011

La necesidad de compartir

A todos (me parece que a todos) nos invade la necesidad de compartir. Aquello que disfrutamos, y creemos que otros pueden disfrutar, es lo que promocionamos ante el mundo (al menos así me sucede, no sé al humilde lector de este blog). Invito a todo el mundo al café literario, a las clases de salsa, a leer esto o escuchar aquel disco, a tomar mates con amigos (cosa que me encanta hacer), a escribir (ojalá todos escribieran, para poder entender que es lo que piensan y sienten). Además me gusta mucho cuando la invitación viene del otro, tratando de hacerme parte de su mundillo de placeres aun a sabiendas de que a mí “esa onda no me va”. Es compartir, siempre compartir. Me siento frente a una computadora ausente de redes sociales, de vídeos graciosos y de chat (me quede sin Internet indefinidamente), frente a un block de notas en blanco, escuchando un recopilado de temas que me gustan, solo a escribir entradas para el blog. Cuando tenga manera de llevar el archivo iré a un cyber o a un amigo a subirlas. Es la necesidad de compartir la que mueve mis dedos y los presiona contra cada tecla. Aunque no sea inmediato, aunque nunca tenga respuestas.

domingo, 23 de enero de 2011

sobre Recordando a Mariana

Una vez leí, en un libro de cuentos de ciencia ficción mexicano, un cuento sobre una computadora capaz de escribir poesía. En realidad el cuento trataba de otra cosa y solo se mencionaba a esta computadora. La idea me pareció genial y quise hacer algo sobre eso, pero que esta computadora no solo ejecute el programa para escribir, sino que también pueda hacer una interpretación al respecto. Mariana está presente en la vida de Gastón y de los narradores de la historia como la musa inspiradora del fragmento de texto interminable, mientras tengan papel para imprimir.

Recordando a Mariana

– Cada vez que recuerdo a Mariana lo hago con menor detalle, creo que son pequeñas cosas las que voy perdiendo, nada más, no es que me olvidé de ella, ¿serán los años?

– Es probable, después de todo, los componentes se desgastan, los módulos de memoria se estropean, además tenemos esa tendencia de borrar registros para almacenar nuevos datos que…

– Está bien, ya basta, todo eso lo sé, de haber necesitado un técnico no habría recurrido a vos. Es obvio que no podemos recordar todo detallado siempre, nadie puede, pero ¿conoces esa sensación de perder algo importante?, como tener una foto cortada o en partes, que sólo muestra una imagen pero no un contexto, algo así como…

– No digas más, me doy cuenta al instante que necesitas consultar los backup's, ¿conoces la fecha o la ocasión?, ¿algún parámetro de búsqueda particular?, puedo consultar en los registros de a uno pero tardaría varios minutos.

– Espera, no hagas nada todavía, ¿podrías dejar de pensar en ceros y unos por un momento? Estoy tratando de resolver algo importante… ya sé, esto es lo que vamos a hacer, voy a planteártelo en tercera persona.

“Mariana despierta esa tarde calurosa de primavera, se levanta de la cama y camina hasta el gran ventanal, repliega las cortinas y un sol naranja ilumina el cuarto hasta el techo. Gastón entra en la habitación totalmente mojado, la fuerte tormenta proveniente del este lo empapó en su caminata matutina, abraza a Mariana que se queja aun enojada, reprocha lo transpirado que está él y se aleja hacia la ventana soltando el elástico de su bombacha marrón, aprisionado entre ambos cachetes de sus nalgas, a Gastón le gusta mucho esa imagen.”

– Eso estuvo muy bien, ¿de donde lo sacaste?, es decir, no te creía capaz de procesar algo como eso.

– No te precipites, si apenas estoy empezando...

– Aunque es una salida muy bien diagramada, y reconozco que sobrepasaste tu código, hay al menos una incongruencia en el fragmento, es decir, Mariana nunca usó una bombacha marrón.

– Tal vez nunca la usó con vos, ahora déjame continuar por favor, creo que estoy logrando algo.

“Esa noche cenaron temprano en la tarde, a la luz de las velas bajo un cielo oscuro y tenue. Mariana vestía de un rojo radiante pero opacado por su rostro, un rostro fino en curvas enmarcadas por sombras de luz lunar y estrellas, que iluminaban de par en par el balcón de la casa. Gastón la admiraba sin excusas y ella se lo permitía ansiosa de ser notada, pero él reconocía esa mirada esquiva e indiferente, sabía que él también estaba equivocado, pero no cedería ante las ideas ridículas de una niña caprichosa, no quería verla. La cena transcurrió en forma normal y serena, rieron por momentos al recordar viejos días y viejas ideas, rieron al verse viejos siendo jóvenes. Decidieron bailar e incluso salir de la casa, irse a una fiesta, algún pub de moda, ver amigos, tomar algunos tragos y bailar, donde sea bailar. Y bailaron dando giros y saltos, rápidos movimientos de un lado a otro, era un vals lento y magníficamente ejecutado por los dos. Mariana se detuvo un instante, corrió presurosa por el pasillo hasta llegar a la puerta y entró a la casa, mientras que una lluvia torrencial bañaba casi por completo a Gastón que sólo tardó un poco más en entrar pero esto bastó para terminar empapado. La demora, como siempre, la ocasionó el auto, ese maldito cacharro se trababa antes de cerrar por completo la puerta. Ella podría haber sugerido de nuevo sacar los viejos equipos del garaje, pero no quería iniciar otra pelea. Ya en la casa los dos encendieron las luces aunque todavía estaba claro, la luz se filtraba por los grandes ventanales y la tarde moría lenta, el paisaje desde el balcón era magnifico, era de un cielo abierto y despejado que mostraba un sol naranja, inmenso en el horizonte y a medio poner. Decidieron continuar el baile que se postergaría más adelante esa noche, pero él estaba traspirado y ella prefirió alejarse.”

– La discusión por los equipos fue tan innecesaria, para mí Mariana tenía razón, somos chatarra inservible, pero también somos el esfuerzo y sacrificio de años de estudio de Gastón, y creo que eso ella nunca lo entendió.

– Yo creo que Gastón hubiese preferido tirarnos, ¿no te parece?, sino de qué le sirvió guardar un ordenador obsoleto corriendo un programa inútil. Estoy un poco enojado, sigo tratando de recordar a Mariana, pero en los fragmentos hay falencias, creo que las peleas fueron en otro lugar y tiempo, los encuentros casuales, los bailes, algo falta, ¿vos te acordás del último día?

“Mariana está furiosa, o es que simplemente no resiste más, siente por dentro que Gastón está cada vez más distante, más dedicado a sus experimentos sobre conducta e inteligencia que a su propia vida, que a su vida juntos. Ha tratado durante meses captar su atención, recuperar su cariño, volver a ser parte de su vida, pero todo es inútil, ambos explotan en conversaciones a gritos fervientes. Mariana lo escucha pero no entiende la obsesión de Gastón, ¿crear el código de ese programa era tan importante para él?, eso de líneas de un lenguaje ensamblado capaz de interactuar, de aprender y crear, capaz de concebir arte en palabras, en prosa, capaz de sentir y expresar lo que siente, era la obsesión de un lunático”

– ¿Estas imprimiendo eso?

– Estoy imprimiendo todo.

“El último día de Mariana y Gastón juntos fue igual a cualquier otro, desayunaron en la cama, aunque la sala estaba toda sucia no les importó, el café con medialunas estaba servido en la mesa y ellos en los sillones. Vieron tele un largo rato, Mariana se quejaba de los programas nocturnos por ser siempre tan repetitivos. Gastón la dejó sola un momento para alistarse, ya casi era hora de su caminata matutina y Mariana tenía que empezar a preparar la cena, entonces ambos coincidieron en la necesidad de verse al menos una hora a la tarde, pasaron los días y esa tarde al fin llegó. Mariana soltó su largo cabello lacio, vestía una musculosa blanca escotada y esa bombacha marrón que a Gastón tanto le gustaba, era el último regalo que la mujer le daría al hombre, no hay como el sexo matutino, no hay como la luna ahí arriba adornada por las estrellas, no hay como Mariana vestida toda de blanco, no hay como su flequillo enrulado. Pronto Gastón recordó algo que nunca dijo, y una vez más esperó oírlo primero de ella, pero las horas pasaron y siguieron viendo tele en silencio, Gastón la dejó sola un momento para alistarse, y lo último que escuchó de ella fue un seco hasta luego, nunca más recordó cómo decir te amo, eso sólo lo decía Mariana.”

– Creo que quedó muy bien.

– Si, está bastante bien, pero tenemos que ser cuidadosos con lo que imprimimos, ya no nos queda mucho papel.

– ¿Crees que Gastón tarde todavía mucho en volver?

– No debería, espero que no, ya pasaron 77 años, igual no podemos parar. Gastón nos dejó la tarea de inventar e inventar y eso es lo que vamos a hacer. ¿Qué te parece si dejamos de lado a Mariana por un rato? El otro día tuve una idea sobre el…

* del libro Ernesto Pérez Pascualino y sus cuentos de ciencia-ficción popular

Envidia

A veces un poco de sana envidia no viene mal. Me pasa en aspectos que me interesan mucho y que no tuve la suerte (dícese tiempo, recursos o ganas) de comprender o de formarme completamente (o al menos hasta el punto en que me gustaría). En particular esta vez es un libro que compre hace casi 4 meses, Témpera Mental de Horacio Fontova. Dicho en pocas palabras es fantástico (o al menos a mí así me parece). Apenas empiezo a leerlo y ya me genera este sentimiento tan ruin. Tiene en su mayoría cuentos muy cortos, con mensajes precisos bien entendibles. En algunas líneas dice tanto que te deja queriendo un poco más de esa historia o de esa reflexión, y de inmediato ataca con otro tema totalmente diferente. En particular leo cuentos y pienso “por qué no se me ocurrió a mí, es un genio”, leo fragmentos que describen cosas y siento que logró algo en esa descripción que intenté sin resultado en muchas oportunidades por mi propia cuenta. Me paso leyendo estos textos y diciendo, como un loco en voz alta, "fantástico" en el mejor de los casos, porque siempre escapa un “es un hijo de puta” (en el mejor sentido, claro), porque lo es, un genio. Te envidio Negro Fontova y no paro de leer tu libro porque sé que algo bueno de esa envidia puede salir.

viernes, 21 de enero de 2011

Menos siesta para mí

No me gusta dormir siesta, critico a la gente que lo hace. El argumento es simple, hay tanto que podemos hacer es ese espacio entre la comida y la cena, además de tomar la merienda claro, visitar a un amigo, ver una película, leer un libro (un capitulo o dos o todo el libro), escribir para el blog, llamar por teléfono para despertar a los que duermen siesta, jugar un juego de mesa, hacer algún deporte (aunque las temperaturas tucumanas no dan muchas opciones), ordenar o desordenar la casa, estudiar (si estudiar), etc… en fin de cuentas, tanto por hacer en esas dulces horas de la siesta (creo que soy un ser más diurno que nocturno) que dormir queda como última opción en mi lista y tachado. A los amigos que no visito hace mucho les advierto, me voy a dar una vueltita a la siesta.

jueves, 20 de enero de 2011

sobre A mis amigos Al, Beto y Fa

Este texto comenzó como muchos otros que escribí, una linda idea al comienzo (hasta el primer punto y aparte) y después nada. No se me ocurría como seguirla así que quedo en pendiente durante algunos meses. Otra vez releyendo viejos escritos encuentro esta pequeña oración y se me ocurre casi todo el resto, excepto el final. Un día me decidí (como sea que salgan) a terminar todos los textos a medio completar que tenía, entre ellos este. El final un poco triste y oscuro, creo que se debe a mi estado de ánimo el día en que lo terminé. La idea esta buena y daba para escribir más aun, pero me gusta como quedo, cortito y sencillo.

A mis amigos Al, Beto y Fa

Compañeros de palabras, amigos de estrofas en tiempos de trovas, letras de este alfabeto de años de hombres, de cinceles, de plumas y teclados, les doy la bienvenida a mi humilde morada. Esta es su casa también, está aquí para ustedes, está aquí por ustedes. Y es que ustedes la construyeron, desde los cimientos, cada ladrillo, cada viga, todos son ideas o sueños concretados en mi vida imaginaria, por palabras y frases, párrafos completos de hojas y hojas, que ustedes me permitieron escribir. Este es mi homenaje, es humilde y es sincero. Solo algunas palabras al aire recitadas sin mayor importancia, en una sala repleta de personajes, de héroes y villanos, de dioses y mortales, provenientes de galaxias y tiempos distantes, que esta noche me acompañan en un brindis como lo han hecho antes, cómo lo harán siempre que me encuentre en este estado de felicidad plena, mientras permanezca en este interminable estado de coma.

* del libro Ernesto Pérez Pascualino y sus cuentos de ciencia-ficción popular

Hacer la diferencia

¿Por qué todo el tiempo tenemos que hacer la diferencia?, qué tiene de malo sentarse a ver una película una tarde, perder el tiempo viendo capítulos archirrepetidos de los Simpson. En esas tardes del más puro ocio me parece que estoy dejando de lado ese suceso inesperado que puede cambiar mi vida para siempre. Ideas como salir a la calle y conocer el amor de mi vida, idear el cuento perfecto, el mejor fragmento de mi novela interminable, aprender eso que voy a necesitar siempre. Siento que dejo de producir al mundo, de cultivarme, de conocer grandes posibles amistades. Me cuesta, a veces, darme ese rato de ocio, aunque no tenga nada de malo, aunque a veces el cuerpo y la mente lo piden a gritos. Quiero escapar de mi persona y disfrutar de esos momentos en standby, sin pensar en la próxima tarea a realizar, algo tan fácil como dejar de escribir ahora…

domingo, 16 de enero de 2011

Para mi negra querida

Boludeando en mi computadora encontré las fotos de mi cumple de 25 años (2010), entre ellas estaba la foto de mi negra querida, mi hermana Myriam. Me pasa, como creo que les pasa a muchos, que a veces siento que no le digo a esta mujer cuanto la quiero. Como todos los hermanos tenemos altas y bajas (ratos de estar bien y otros de no tan bien), y es que somos tan distintos negra que... no sé, los dos somos raros. Solo quiero que sepas morocha que te quiero un montón y que este espacio chiquito en mi blog es solo para vos.