miércoles, 8 de junio de 2011

sobre Foto

Dedicado a las personas que desaparecen sin dejar mayor rastro que una foto en la televisión o en los diarios. Inspirado en una de ellas.

Foto

Una simple foto anuncia el destino del que será olvidado. Una foto que es un pasaje inconexo de un capítulo en su vida. Que anuncia un final fatídico de llantos, de marchas y desesperación. Veo la foto y su imagen se repite. Su exposición te hace entrañable y eterno. Y te busco, y buscamos en las caras una foto que cambia y se repite. Porque todos tenemos una foto que recordar y que buscar. Miro tu imagen de nuevo y me dice, o me grita con furiosa voz, no te rindas, porque existo en esta foto y allá afuera existo. No soy solo una imagen más. Sigue buscando, sigan buscando.

domingo, 8 de mayo de 2011

XXIX - a

Te busco
en aquel marco de vidrio transparente
no te encuentro
no me encuentro.

Es el ruidoso motor de las 5, llego tarde
o es la resolana cálida del día, nublado
todo es tan brillante afuera y adentro.
Los árboles se van
como los hombres en sus casas arcoíris
veloces como los autos que vienen y se van.

Otra vez escapa
los cuerpos dentro están vacíos
no puedo verlos ni verme
¿acaso estoy vacío?

Insistente te busco y me encuentro
estoy vivo, estoy ahí, mirándome
mi reflejo translúcido
en la ventana del tiempo.

sábado, 7 de mayo de 2011

Rituales paganos a la luz de la luna

Qué bueno es tener a alguien con quien poder ser uno mismo, sin las restricciones que impone la sociedad sobre vergüenza y actos tontos. Está mi querida Gii en mi vida para eso. Gracias amiga, sabes que sos genial y que por eso te quiero.

Porque la mina se prende en todas, y no le importa el qué dirán y lo que parecemos al actuar tal cual somos y queremos. Y eso para mí es genial. De todas maneras no somos los osados que aparenta estas letras, podría decirse que somos los colgados que nos decidimos a hacer y hacemos. Le propuse esa noche a Gii enterrar un sentimiento (uno que estaba siendo por demás inútil mantener para mí). Por supuesto esto debía hacerse con un ritual pagano a la luz de la luna, en donde quemáramos una foto de la implicada bailando alrededor de las llamas. Cuando empezaban a aparecer la ofrenda de comida y vino, a la diosa del olvido, fue cuando nos descolgamos y dijimos "bueno... a lo mejor no eso pero algo tenemos que hacer" “ya sé, enterramos algo en la plaza y vos decís unas palabras... y después terminamos con un solo de trompeta vocal". La idea gusto y se hizo, y es de los juegos más graciosos que hice. Sin ser la gran cosa, el video es una divertida anécdota y un semejante recuerdo. Gracias Gii y gracias a mis amigos por compartir esas ideas colgadas que a veces aparecen.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Larga vida al chegusán

Mi amiga Luli me dijo – mi comida favorita es, cagate de risa, el sánguche de mortadela – y a mí me dieron ganas de gritar ¡VIVA LA PATRIA CARAJO!

Íbamos hablando de comidas favoritas, de lo lindo que es que tu mamá te cocine esa comida que tanto te gusta, de cómo puede hasta levantarte el ánimo. Entonces se me dio por preguntarle y me contó, y la idea me pareció genial.

Y es que (en mi humilde opinión) es de lo más argentino, es la comida del obrero, ese que no tiene tiempo para llegar a la casa a comer, que tiene que quedarse hasta más tarde en la fábrica o en la construcción. La comida de la picada el domingo, después de jugar un partido largo o dos, cuando solo queda juntarse en el arco a putearse o conversar, a tomar una gasificada y comer un chegusán. Es la comida del estudiante del interior, de las madrugas de apuntes con jugo de naranja en polvo, de resúmenes con mate. Es el rescate a la salida del colegio o la cena del domingo con fiaca. Es tan nuestro, tan genial como mi amiga misma, que compartió su particular gusto por el sánguche de mortadela hasta convertirlo en su comida favorita, y me generó estas ganas de gritar lo que ahora escribo.

¡VIVA LA PATRIA CARAJO!

viernes, 22 de abril de 2011

El valor de las palabras ¡sos un pelotudo!

Ando un poco preocupado por mi situación laboral en estos días. Sucede que anduve enfermo (estomago primero, el cáncer de mi vida, y después un refrío) y falte un par de días. Suelo ser prolijo con respecto a estas faltas. Recupero las horas y aun esto tengo los certificados del médico (porque de verdad estaba enfermo y cuando estoy enfermo voy siempre al médico). Sucede que este mes es la segunda firma de contrato y me tiene preocupado que no vuelvan a tomarme. La empresa para la que estoy trabajando nos hace firmar contratos para un tiempo específico (2 meses) cumplido ese tiempo ellos deciden si seguís o no en la campaña. Tranquilo impaciente lector que este texto tiene un meollo. Le comentaba a un compañero de laburo este miedo (por no decir cagazo) que tengo de quedar (de nuevo) desempleado (estoy hasta las manos con las deudas y es cuestión de tiempo para que venga el hampa a cortarme las piernas). El pobre flaco me escucho casi toda la jornada hablar de lo mismo. Todo el tiempo me daba aliento con inferencias lógicas de por qué no me iban a correr (hace falta gente, sos nuevo, presentaste los certificados, recuperaste las horas) pero no daba pie con bola. Estaba en esa postura cerrada y pesimista de que se aproximaban mis últimos días de empleado. Finalmente el loco se cansó (y lo entiendo en verdad) se puso serio y me dijo – con todo el ánimo de ofender, Quinteros, ¡sos un pelotudo! ya deja de pensar que te van a correr por que no es así y hace tu laburo bien, nada mas eso.

Me parece que fue la mejor respuesta a mi problema. Dejar de suponer, dejar de temer, dejar de inventarme motivos para que me corran. Si me tiene que dejar sin empleo lo van a hacer y nada cambia que de antemano lo suponga. Tenía que dejar de ser un pelotudo pero me hacía falta que alguien me haga abrir los ojos y darme cuenta de que lo soy. Cuanto valor tiene las palabras ¡sos un pelotudo! en esa sabiduría popular que te da mirar de afuera las preocupaciones de los demás. Y qué falta que hace a veces que alguien te lo diga.

domingo, 17 de abril de 2011

Juegos de azar

Haciendo resumidas cuentas mientras tomaba una ducha en mi casa, preparándome para salir a ver a una querida amiga de mucho tiempo, que vive lejos, y solo la veo un par de veces durante el año, descubrí lo buena que es la amistad que llevamos. Ambos compartimos buenos y malos momentos y la suerte encontró la forma de que nos juntemos al menos a veces, aunque la vida de los dos tomara distintos rumbos hace mucho. Qué buena suerte.

No me gustan los juegos de azar, no me gusta depender de la suerte para estar bien ganando o mal perdiendo, creo que el que quiere puede, y no tiene por qué depender de algo tan ambiguo y abstracto para hacer de este día uno mejor que el anterior. Hablo de amigos y de apuestas, de una vida azarosa.

Y es que lo pensé detenidamente y noté que todo el tiempo estoy apostando. Me creo de esos jugadores compulsivos que donde van entregan todo cuanto tienen en una baraja de cartas que puede no siempre ser la mano ganadora. Puede que no me explique bien. El lector deberá creer que en cada lugar nuevo que visito, por gusto o por azar, demuestro quien soy sin ninguna máscara. Mi humor, mi carácter, mis debilidades y mis fortalezas, mis alegrías y mis tristezas, mi pasado y el futuro que quiero para mí. No oculto ningún as bajo la manga, juego todas mis cartas en la primera mano y sé que no siempre voy a ganar. Hasta ahora me ha funcionado bien.

Porque haciendo resumidas cuentas pude ver que, de cada lugar nuevo que me toco conocer, con sus pros y contras, con las distintas personas que los frecuentan, pude conocer y establecer relaciones amistosas muy buenas. Conocí a grandes hombres y mujeres que hoy son los mejores amigos que la vida me dio. Algunos que no veo hace rato y otros que frecuento siempre, siempre están en mi mente y en mis recuerdos más queridos. Esta es mi mano ganadora.

Los menciono con la sola intención de que se sientan identificados por que para ellos escribo esto. Cronológicamente están esos amigos del barrio que siempre estarán, los amigos de toda la vida. Existió en la primaria ese compañerito con el cual te sentías identificado, con el cual hacías buenas migas, amigo hace mucho que no sé de vos pero siempre te recuerdo. La secundaria con sus anécdotas me presento a mi mejor amiga de siempre, y a ese gran tipo que siempre estuvo para mí y por el cual siempre trate de estar, perdón mi viejo si te falle alguna vez. En la facu, la Tecnológica, aparecen él y ella, dos personajes raros, como yo creo ser, que se entienden tan bien entre ellos que hasta son capaces de entenderme a mí. En salsa aparecen las hermanas bailarinas que siempre me tienen en cuenta en sus aventuras, está esta gran mujer, mi segunda mejor amiga, que conoce tanto y más de mí como yo de ella. Fue en el café donde conocí grandes escritores de un humor más grande aun, hay uno con quien me identifico o admiro, no lo sé, está ese poeta bohemio que entiendo a medias, y hay una que llego hasta mi corazón con sus artimañas mentales. El trabajo me presento a personajes dispares que siempre deben mencionarse, está el polémico en la primera línea con su impronta de querer hacer algo distinto, aún sigo conociendo gente por estos lugares, cada empleo es un mundo de gente que entender. Llego hasta el presente y a mi futura carrera, apenas empiezo a afianzar lazos aquí, ya hice mi apuesta de siempre y vengo ganando, por suerte.

A veces temo que mostrarse tal cual puede resultar en una verdadera tragedia personal. Pero haciendo resumidas cuentas en cada lugar que visité, cada vez que aposté todo, salí ganando más de lo que dejaba. Gané el cariño y comprensión de grandes personas que tienen todo eso de mí. Casi me animo a pensar que mi apuesta, tan osada y arriesgada, es una apuesta segura.

sábado, 9 de abril de 2011

sobre LXXVIII – a

Ir de la mano de tu amada y soltarla para pasar una columna o un poste de luz. Hay un tonto que se enreda con la gente y hasta choca el poste mientras la chica lo mira y ríe. La escena mágica es vista por su servidor desde un colectivo parado esperando el verde del semáforo. Ahora todo es un lindo texto publicado en mi blog.

LXXVIII – a

No cortes la suerte. Como si fuera fácil encontrar a alguien como vos.

Los demonios de la superstición nos atemorizan con sus historias de gatos negros y espejos rotos. Que inocentes somos a veces los que creemos en la pureza de los sentimientos. Qué fácil es mentirnos, y nosotros mismos mentirnos. Todo es tan ambiguo como el pensamiento repentino que motiva mis actos.

No tientes al destino que es frágil y puede romper este lazo. Si acaso no está predicho que te perderé. No seas la idiota que provoca el desencuentro, déjame serlo a mí. Que de hacerlo prefiero recordarte como hoy. Prefiero no tener que recordarte, por tenerte, pero no lo sé, es cuestión de suerte.

Voy a soltar tu mano un momento ahora. Búscame por que estaré ahí atrás, tratando de alcanzarte entre la muchedumbre. No me esperes parada en medio de la calle. No te alejes tanto, no tanto.

Me gusta así. Me gusta el reencuentro. Me gustas tanto que creo en supersticiones absurdas por darte el gusto. Por robarte esa sonrisa que muestras a veces en tus días sonrientes.

No temas si me escuchas golpear la columna de hierro. Si el reflector explota y los vidrios brillan como gotas de agua al caer. Sabrás que soy yo, como siempre, llevándome al mundo por delante en movimientos de sincronizados o torpes, como yo, torpe.

Voy a esquivar todo cuanto pueda y voy a chocar a todos los que sea necesario chocar para permanecer de pie ante vos y tomarte de la mano de nuevo. Vos como siempre reirás hilarante de los tropiezos que acostumbro dar en mi andar por la vida. Porque ahora no es la suerte, solo un tonto predecible intentando evitar que cortes la suerte.

No cortes la suerte. No cortes la suerte que nos unió y ahora me tiene de la mano con vos, caminando por el micro centro. No tientes al destino, no cortes la suerte, como si fuera fácil, como si fuera común, encontrar a alguien como vos.

jueves, 7 de abril de 2011

Amor de primavera

¿Por qué los romances no son como en las películas? Las estúpidas comedias románticas yanquis nos tienen acostumbrados a esas historias de encuentros casuales fortuitos y de enamoramientos rápidos y duraderos. A quién no le gustaría ser el músico rebelde sin causa o quién no fantaseó con ser el introvertido extraño que cruzas a veces. Los lazos en la vida diaria se crean tan lento que aburrirían a cualquier platea.

Muchas veces no es la chica de al lado de la que estás enamorado desde siempre, que viste crecer, ir y venir, de la mano de algún boludo. No es la novia de tu mejor amigo (y espero que nunca lo sea) o alguna princesa o millonaria actriz queriendo conocer a un hombre simple. Simplemente sos vos querida, como soy yo, simples.

Creo que mi fachada de escritor bohemio no alcanza, no con vos (y hasta ahora con nadie). Este intento de seductor nocturno y salsero no me queda (para nada me queda). Creo que ni el intelectual filósofo auto proclamado logra el objetivo. Es simple, soy simple.

Y es que la vida, tan extravagante como se presenta a veces, es más simple de lo que muchos creen. Es construir un futuro empezando desde la primera escena de nuestra historia hasta el impredecible desenlace. Una vida juntos, una ruptura dolorosa, una amistad de esas que son para siempre. Cualquier cosa puede pasarles a dos personas simples en 2 horas de película. Cuanto podría pasarnos en algunos meses o años de relación, o hasta en algunos días, un septiembre aburridos sin nada mejor que hacer decidimos concretar eso que hacen todos en las comedias románticas, se enamoran.

Quien te dice, puede pasar como en las películas y podemos llegar a tener nuestro amor de primavera.