viernes, 21 de enero de 2011

Menos siesta para mí

No me gusta dormir siesta, critico a la gente que lo hace. El argumento es simple, hay tanto que podemos hacer es ese espacio entre la comida y la cena, además de tomar la merienda claro, visitar a un amigo, ver una película, leer un libro (un capitulo o dos o todo el libro), escribir para el blog, llamar por teléfono para despertar a los que duermen siesta, jugar un juego de mesa, hacer algún deporte (aunque las temperaturas tucumanas no dan muchas opciones), ordenar o desordenar la casa, estudiar (si estudiar), etc… en fin de cuentas, tanto por hacer en esas dulces horas de la siesta (creo que soy un ser más diurno que nocturno) que dormir queda como última opción en mi lista y tachado. A los amigos que no visito hace mucho les advierto, me voy a dar una vueltita a la siesta.

jueves, 20 de enero de 2011

sobre A mis amigos Al, Beto y Fa

Este texto comenzó como muchos otros que escribí, una linda idea al comienzo (hasta el primer punto y aparte) y después nada. No se me ocurría como seguirla así que quedo en pendiente durante algunos meses. Otra vez releyendo viejos escritos encuentro esta pequeña oración y se me ocurre casi todo el resto, excepto el final. Un día me decidí (como sea que salgan) a terminar todos los textos a medio completar que tenía, entre ellos este. El final un poco triste y oscuro, creo que se debe a mi estado de ánimo el día en que lo terminé. La idea esta buena y daba para escribir más aun, pero me gusta como quedo, cortito y sencillo.

A mis amigos Al, Beto y Fa

Compañeros de palabras, amigos de estrofas en tiempos de trovas, letras de este alfabeto de años de hombres, de cinceles, de plumas y teclados, les doy la bienvenida a mi humilde morada. Esta es su casa también, está aquí para ustedes, está aquí por ustedes. Y es que ustedes la construyeron, desde los cimientos, cada ladrillo, cada viga, todos son ideas o sueños concretados en mi vida imaginaria, por palabras y frases, párrafos completos de hojas y hojas, que ustedes me permitieron escribir. Este es mi homenaje, es humilde y es sincero. Solo algunas palabras al aire recitadas sin mayor importancia, en una sala repleta de personajes, de héroes y villanos, de dioses y mortales, provenientes de galaxias y tiempos distantes, que esta noche me acompañan en un brindis como lo han hecho antes, cómo lo harán siempre que me encuentre en este estado de felicidad plena, mientras permanezca en este interminable estado de coma.

* del libro Ernesto Pérez Pascualino y sus cuentos de ciencia-ficción popular

Hacer la diferencia

¿Por qué todo el tiempo tenemos que hacer la diferencia?, qué tiene de malo sentarse a ver una película una tarde, perder el tiempo viendo capítulos archirrepetidos de los Simpson. En esas tardes del más puro ocio me parece que estoy dejando de lado ese suceso inesperado que puede cambiar mi vida para siempre. Ideas como salir a la calle y conocer el amor de mi vida, idear el cuento perfecto, el mejor fragmento de mi novela interminable, aprender eso que voy a necesitar siempre. Siento que dejo de producir al mundo, de cultivarme, de conocer grandes posibles amistades. Me cuesta, a veces, darme ese rato de ocio, aunque no tenga nada de malo, aunque a veces el cuerpo y la mente lo piden a gritos. Quiero escapar de mi persona y disfrutar de esos momentos en standby, sin pensar en la próxima tarea a realizar, algo tan fácil como dejar de escribir ahora…

domingo, 16 de enero de 2011

Para mi negra querida

Boludeando en mi computadora encontré las fotos de mi cumple de 25 años (2010), entre ellas estaba la foto de mi negra querida, mi hermana Myriam. Me pasa, como creo que les pasa a muchos, que a veces siento que no le digo a esta mujer cuanto la quiero. Como todos los hermanos tenemos altas y bajas (ratos de estar bien y otros de no tan bien), y es que somos tan distintos negra que... no sé, los dos somos raros. Solo quiero que sepas morocha que te quiero un montón y que este espacio chiquito en mi blog es solo para vos.

sobre El callejón de los vivos

Cuando comencé a escribir El callejón de los vivos tenía la idea de hacer un cuento sobre zombies (me gustan los zombies). Hice los primeros dos párrafos (los más ambiguos creo) y después no se me ocurría como seguir el cuento. Quedo en pendiente como un mes hasta que un día leyendo lo que había escrito últimamente encontré ese bosquejo de cuento y me decidí a terminarlo. Este escrito fue el primero en el cual me animé hacer una crítica social en un cuento de ficción. Tiene varias formas de entenderse, como descubrí en una conversación con una amiga que encontró un sentido muy distinto al propuesto por mí, y creo que deja un mensaje importante a quien quiera entenderlo.

El callejón de los vivos

La lucha de los muertos comenzó una tarde de verano, de un verano muy caluroso.

Algunos dirán que la carne de los muertos, en constante descomposición, emana un hedor rancio, obsceno en cierta medida, yo lo siento acorde a su decadente existencia, sucios y maltrechos. Los días de los muertos no son eternos como se cree popularmente, y estos hombres, como raza no como género, morían, lento pero inevitablemente morían.

El callejón de los vivos estaba rebosante de vida esa tarde. Los muertos son vivos un lunes aquí, un jueves allá o un sábado en otro lugar. Ellos son mayoría, pero representan fiel los sobrantes de una sociedad y un mundo de dioses auto impuestos.

Los muertos, como vivos dioses, sobreviven a pan y agua que ellos mismos consiguen sin mendigar. Reciclan sustento de la basura, cultivan alimento en la tierra árida, soportan frío y calor intenso en noches de escaso sueño. Son tentados y heridos por los flagelos del mundo, como los dioses, vivos o no, y aunque parece que la escala o el grado es menor, la carne es la misma en la ciudad y en los suburbios. Creo que se sufre siempre que se deja de ser vivo.

Los dioses caminaban por “el callejón de los vivos”, una peatonal de lunes y miércoles. Ellos impusieron el nombre en un acuerdo tácito, sólo de dioses, que responde a una frase simple “éstos son unos vivos, mira lo que quieren venderme”. Porque los dioses, amparados en el poder de su moneda, menosprecian ofrendas simples de muertos que creen vivos. Son dioses arrogantes, avaros y codiciosos, no sé muy bien por qué van a la feria de todas maneras, pero ahí están, consultando puesto por puesto, regateando monedas del vuelto, provocando la disputa de esa tarde.

Dos muertos se enfrentan en una lucha campal, más puesteros, amigos o clientes, se suman a la trifulca en ambos bandos. El motivo se ha olvidado, sólo queda la bronca y el orgullo. ¿Por qué muertos semejantes se enfrentan? Semejantes en el día a día, en historias de vida y en origen. ¿Por qué pelean entre sí? Los que antaño fueran amigos de años, compañeros de puestos en distintas ferias. No hay que ser un vivo para entender la importancia del sustento. Las trabas que la sociedad le pone al pan, en su largo viaje hasta la boca, es motivo suficiente para romperse la mandíbula. Y aunque después no puedas comer, siempre habrá una boca más pequeña que alimentar. Es lo que los dioses vivos no entienden, quitarle a un muerto un pedazo de comida genera muerte. Pero el mundo gira, llega la policía y las noticias, todo se calma. Entonces los vivos y los muertos comienzan a preguntarse ¿por qué? No hay culpables, o los culpables somos todos.

* del libro Ernesto Pérez Pascualino y sus cuentos de ciencia-ficción popular

jueves, 13 de enero de 2011

Firme en mis decisiones

Qué difícil es mantener a veces una decisión, aunque la alternativa te dañe y sepas que lo mejor es olvidar, dejar o irte. Como cuesta mentirle al corazón que eso que querés ya no lo querés. Es más bien una idea en tu cabeza que te dice "basta que te hace daño". Son dos mundos tan distanciados. Por un lado, el sentir que cuando estas en aquel lugar o con esa persona todo está bien, por otro lado, el saber que nada está bien y que solo estas alargando lo inevitable. Y en el medio nos quedamos los que sentimos con el corazón y pensamos con la mente, nos quedamos en medio de la nada desilusionados pensando y pensando cual fue el error. La difícil decisión se mantiene. Renuncio en adelante a todo lo que me hace mal, es la decisión más lógica que puedo tener, y está cargada de fuertes sentimientos. Tal vez uniendo ambos caballitos de batalla pueda conseguir mantenerme firme.

miércoles, 12 de enero de 2011

sobre Nova

Nova es el primer cuento de ciencia ficción (creo que lo puedo considerar así) del cual sentí orgullo por hacer y compartir. Criticado un poco por la complejidad en su lectura (por entonces casi no usaba signos de puntuación) fue bien recibido por los chicos del café literario y hasta mencionado un par de veces en conversaciones sobre nuestros escritos. Del contenido me gusta esa idea de que la tecnología se enfrente en una contienda con fuerzas de la naturaleza por el derecho de habitar la tierra. Tiene un mensaje ecologista que, creo, está bien disimulado con esas escenas de acción que me encanto relatar. El primer escrito en el blog tenía que ser Nova y esta entrada tenía que comenzar con la palabra Nova y terminar con la palabra Nova.

Nova

A veces me pregunto, Nova, ¿eres capaz de curar?, ¿devolver la vida?, ¿crear una nueva vida? ¿qué Dios cruel te creo, Nova? El destino que te depara es horrible. Odio estar aquí ahora, odio estar frente a ti. Mi Dios también es cruel.

Nova eres hermosa. Una esfera de luz, un punto brillante en medio del sol que es tu aura, un ser de energía infinita confinado en un cuerpo de mujer, la más bella de todas. Tus rasgos son finos, tu silueta exquisita, se confunde tu cabello con la estela que marcas al surcar el cielo. ¡Eres una diosa!

En tu andar errante por el cosmos infinito visitas mundos de dura roca, agua congelada o gaseosos y brillantes. Visitas sus múltiples lunas al saltar de una a otra. El nuboso cielo que los rodea te es cálido. Los paisajes que encuentras son únicos a cada planeta, de gran belleza y misterio. Como tú misma, Nova, que observas con más detención y descubres vida en formas y colores impensados. Erguidos y estáticos inmensos seres, criaturas sencillas deambulando por doquier. No entiendes su mortalidad, qué los hace tan vulnerables. No entiendes por qué en su paso por la vida son capaces de dañina destrucción, contaminación y sufrimiento, del lugar que los vio nacer, que los alimentó, que los protegió de la oscuridad y frío del espacio infinito. Eres la guardiana de estos mundos, a tu cargo está la extinción de millones de razas predadoras de su propio hogar, tus manos cargaron ya el destino de millones más.

Ya no te temo, Nova, hace mucho dejé de ser aquel niño. Parado en la estación espero y cuando es mi turno de mi traje luces se disparan como rayos ondulantes en todas direcciones. Un chirrido metálico emerge y se hace más fuerte. Los brazos mecánicos acercan las partes de mi armadura y una a una se acoplan perfectamente. Algunas partes se atornillan, cables se cruzan, leds se encienden. Vapor blanco sale de todas direcciones del golem que está listo para partir. Dentro me siento flotar entre los rayos de luz, mi cuerpo es liviano y flexible, ¿acaso así sientes al viajar por el espacio, Nova? El interior del robot también es frío, todos lo sentimos en la fábrica. Cientos de golems esperan ser transportados al claro, a la vera de la montaña, a tu encuentro.

Aterrizamos en un descampado que es el lugar perfecto. Nos agrupamos en número pequeño, mientras nuestra líder de escuadrón da instrucciones precisas, comenzar con artillería pesada, rodear a la bruja sin dejar de moverse, refugiarnos en las fallas del terreno y seguir, no activar el detonador atómico sin autorización. Su voz se entrecorta haciendo a la comunicación sombría y fatídica, no es el transmisor que falla, está asustada, teme a la que vendrá. Te teme a ti, Nova, que desciendes desde el sol siendo aún más brillante que éste. Como un meteoro atraviesas nubes a gran velocidad, una estela brillante dibuja tu trayectoria hasta el momento en que te detienes frente a nosotros.

Eres hermosa, Nova, más de lo que imaginé jamás, de lo que podría imaginar cualquiera. Parada ahí nos ves como a niños en un inmenso patio, corriendo en círculos y disparando nuestras armas de juguete, jugando a salvar al mundo, tal vez sólo seamos eso. Balas te rozan, misiles se aproximan a ti. Tu pecho se parte a la mitad y una fuerte luz cobre de inmenso calor escapa quemando todo cuanto que toca, así detienes nuestra artillería. Ahora diriges la luz hacia nosotros, hacia el planeta entero, incinerando soldados descubiertos, tanques y golems, calcinando la tierra, los árboles, las plantas, todo lo que está a tu alcance, el rocío en gotas de esta mañana de invierno se evapora como bruma humeante. Activo mi escudo de energía, la refrigeración del golem casi congela las partes flexibles del robot, ¿puede haber algo más frío que el espacio, Nova? Escapo del foco de tu ataque mientras disparo los misiles que aún tengo, es un golpe certero. Caes de cabeza y en picada golpeando con violencia el suelo. No eres invencible, Nova, la imagen es esperanzadora, el silencio se apodera del momento y del lugar.

Algunos se tientan a festejar, los comunicadores ahora estallan en risas, en insultos y gritos de felicidad, ellos no entienden, aún es demasiado pronto. La tierra se mueve a nuestros pies simulando un temblor, una réplica de la batalla anterior, pero hay algo más, hay alguien más. De la montaña se desprenden enormes rocas que en avalancha caen, y en todas direcciones el suelo se abre en erupción de magma incandescente, mientras, donde quiera que estemos, la tierra se traga a los humanos sobrevivientes en el claro, abriendo y cerrando cráteres de sedimento blando en un momento, bloques de piedra partidos o fallas colapsadas por el temblor que ahora es un terremoto.

Me encuentro atrapado hundiéndome junto a mi golem, antes mi armadura, ahora una prisión que asegura mi muerte. ¿Eres tú, Nova? La tierra bajo mis pies, el planeta entero es tu alimento y te hace más fuerte. Golpeo esa tierra con violencia y en todas direcciones, mi tierra. Los brazos hidráulicos del golem son alimentados directamente por la batería del núcleo principal, así la fuerza generada por cada descarga es inmensa. Golpeo la roca agrietándola, desmoronándola, desarmándola, y a cada golpe el infierno de piedra y lava se calma, el temblor se apacigua, la tierra no sangra fuego de sus cicatrices. ¿Acaso te hiere, Nova?, ¿es dolor lo que sientes? Continúo golpeando el suelo con violencia, aunque ya no esté atrapado. Me agito rápidamente, respiro con dificultad. La ira desencadenada se apodera de mi ser y me ciega. Furibundo azoto una y otra vez sin piedad, ¡sufre, sufre bruja, sufre y muere!

La situación había cambiado. No percibo la velocidad del viento a tiempo, los monitores me lo anuncian pero estoy enceguecido, apenas veo el enorme tronco calcinado al golpear el golem, que me empuja lejos, muy lejos del tornado. Despierto del trance y encuentro el inmenso remolino de aire que todo lo mueve, todo lo arranca de sus cimientos, y todo lo eleva a alturas impensadas. Viene por mí, pero ¿por qué?, ¿acaso soy el único sobreviviente?, ¿nadie más resistió el rugir de tu ira, Nova? No hay respuestas. En mi comunicador sólo un chirrido metálico, un ruido blanco que me aturde, me atemoriza. Cargo el detonador atómico, lo incrusto en la piedra más dura y pesada de todo el claro, una porción maciza de la cordillera misma que debería resistir lo suficiente. En los brazos de mi golem sólo quedaron unas garras como anclas pensadas para escalar, que se disparan unidas a mí por un cable de gran tensión. Activo los propulsores en mi espalda y formando un cuarto de círculo escapo tan alto como me es posible, esquivando escombros y restos humanos, sobrepasando el inmenso remolino. Los cables se cortan pero la fuerza devenida de la tormenta me mantiene un momento más en el aire. A mis pies el ojo del huracán se acerca al punto exacto, ya no me importa dónde está el explosivo o si fue tumbado por tu fuerza, ya no me queda otra alternativa, detono la bomba nuclear.

Desde aquí arriba veo la explosión de luz y humo expandirse. Las ráfagas de tóxico viento se irradian en todas direcciones a miles de kilómetros. Siento el calor incandescente derritiendo todo alrededor de la esfera que es fuego, que arde y quema. ¿Acaso así ves el sol al acercarte, Nova?, ¿cuántos soles visitaste antes de llegar hasta aquí? Mi armadura se derrite, es sólo el esqueleto en carne viva de aquel guerrero armado e imponente. La magnitud de la explosión se deja sentir manteniéndome un momento más en el aire, para luego dejarme caer atravesando nubes de humo oscuro y espeso. Del golem se rompen o desprenden partes que van cayendo conmigo. Logro ver el claro, pero ahora está inundado por aguas limpias y cristalinas cubriéndolo todo, reflejando los ases de luz que escapan al humo. Es un paisaje hermoso, pero triste y lúgubre.

El impacto es violento, de nuevo me hundo rápidamente con el golem como ancla. Con dificultad logro abrir la compuerta, el sistema corta la conexión eléctrica entre las partes del robot que se desarma y dispersa. Con tristeza lo veo descender y perderse en la oscuridad del abismo, con él se marchita el héroe que yo nunca seré. Contengo la respiración. La superficie está muy arriba y sé que intentar subir es en vano. Diviso algo a lo lejos ¿Eres tú, Nova?, ¿ésta es tu sangre, la esencia misma de tu ser, tu estado más puro? Algo me impulsa a seguir hacia el frente, como una voz que me convoca. Lucho contra la marea que me arrastra, contra la respiración que se agota y contra la muerte misma. Pronto veo un cuerpo iluminado en la profundidad. Una mujer desnuda en medio del agua, en medio de la nada. Pareces dormida, Nova, y dormida te ves hermosa. Es tan fácil salvar al mundo ahora. Ya no serás la guardiana de los planetas y las galaxias, es el final para ambos… adiós Nova. El Dios que te depara es cruel y tu destino es horrible. Me odio por estar aquí ahora, me odio por estar frente a ti. Mi destino también es horrible.

* del libro Ernesto Pérez Pascualino y sus cuentos de ciencia-ficción popular