miércoles, 18 de noviembre de 2020

De cómo desaprovechamos los usos de la palabra etcétera

Vengo notando en estos últimos 35 años que llevo hablando en español, es decir, desde mi más temprana edad, cuando apenas entendía sonidos que generaban sensaciones de curiosidad, alegría o tristeza, hasta esta época en que se me da por escribir cualquier cosa que se me ocurre, es decir, desde que nací hasta hoy, vengo notando que desaprovechamos los usos de la palabra etcétera.

El comodín por excelencia de la lengua española lleva mucho tiempo relegado a denotar la falta de verborragia sobre un tema, que da para mucho más de lo que somos capaces de decir al respecto, a recortar una cuenta que por larga o repetitiva deja de ser necesario seguir enumerando, a menospreciar los detalles sobre un algo específico, por simple pereza mental, por falta de ganas.

Todos son usos apropiados donde esta expresión consigue el objetivo deseado sin mayores esfuerzos y con un porcentaje muy alto de entendimiento del mensaje de parte del receptor. Pero eso no significa que no estemos desaprovechando el potencial de esta excelente palabra. Supongamos un ejemplo concreto:

Salís al súper, al chino, al turco, al del viejo tano que ya es más argentino que la empanada, al que sea que tengas en el barrio, salís a hacer las compras de la mañana. Te encontrás con la típica señora del barrio, esa que te estas imaginando, que te vio nacer, que te vio correr medio en bolas por la vereda, que recuerda hasta que edad usaste pañales o si te dio paperas. Te encontrás con la típica señora del barrio y te hace la típica pregunta de barrio.

– ¿Mijo como esta?, ¿Cómo anda la mamá?

– Hola… y bien, andábamos medio preocupados porque etcétera.

– Ah bueno, cualquier cosa ya sabe, me avisa.

El intercambio se termina y vos continuas con tus compras de todos los días. Ustedes podrían decir que no hubo ningún intercambio, que no le dijimos nada a la señora. Esa es la magia de esta hermosa expresión.

Si mi vieja anda preocupada porque no le depositan la jubilación, y hace seis meses que no le actualizan los montos, y encima cobra la mínima por haber trabajado en casa de familia toda su vida sin ninguna cobertura social y sin aportes. Sobre eso no hay mucho que pueda hacer la típica señora de barrio. Y si además anda sintiendo unos dolores raros en la cintura, y la obra social no le cubre los estudios, y resulta que para autorizar los estudios que si le cubre tenés que hacer fila en el subsidio desde las 5 de la mañana para que te atiendan al medio día y “¿por qué no me la pueden autorizar a mi si aquí tengo el documento?”, “disculpe señor, pero tiene que venir ella”, “75 años tiene, no puede venir ella”, “le voy a pedir que no me levante la voz por favor señor”. No, sobre eso tampoco puede hacer mucho la típica señora del barrio. Y encima yo, que con mi sueldo la veníamos remando hasta poder conseguir lo medicamentos y “por la presente, la dirección le comunica que ha tomado la decisión de extinguir su contrato de trabajo quedando desvinculado de la empresa a efectos de finales del corriente mes”. Tampoco, sobre eso tampoco puede hacer nada la típica señora del barrio.

Y como no puede hacer nada y a mí de nada me sirve contarle todo eso, es que etcétera, y ustedes no se preocupen por que el asunto ese del dolor los vamos a solucionar con etcétera, y por mi parte ando teniendo algunas entrevistas de trabajo en etcétera, además quería aprovechar que leyeron hasta aquí para contarles de etcétera.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Debe ser mi aliento

Hay personas que les hablan a los animales. No es que estos les contesten o realicen algo más que alguna orden sencilla para la que fueron entrenados. Pero estas personas les hablan. Les cuentan su día a día, les hacen preguntas, les dedican palabras de gran afecto.

Hay otras personas que les hablan a las plantas. Que pretenden transmitirles una energía misteriosa para que crezcan más sanas y fuertes, más verdes. Les sonríen, les cantan, les dicen piropos. Las riegan y las podan, las dejan bonitas.

Están esas otras personas que le hablan a la tele. Aquí la interacción parece más recíproca. Contestan a las preguntas que el guion pone en la boca de sus personajes, se refieren de forma sarcástica a los menos queridos, se enojan, sufren y ríen, muchas veces con mayor credibilidad que los propios intérpretes.

Conozco muchas personas como estas y la mayoría, o todas, ya no hablan conmigo. Cruzan de vereda cuando me ven pasar, cambian la cara si me encuentran de frente, me ignoran. Es como lo estas suponiendo, el remate está en el título.

PD: aceptaré que no quieras volver a hablarme después de leer esto.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Capital humano

Tengo la capacidad, que es una cualidad o una habilidad, de encontrar lo distinto en lo mismo y viceversa. Entiéndase en ambas direcciones. Esto quiere decir que, si veo una serie o película, o leo un libro de cuentos o novela, o escucho una canción o un álbum completo, y estos son, de cine mudo o en blanco y negro, de autores muertos y olvidados por la academia, en discos de vinilo edición coleccionista, que además, repiten una estructura episódica, no parecen aportar nada nuevo a la lengua, se sientes desprolijos y amateur, voy a buscar y a encontrar en ellos, las propuestas adelantadas a la época, en lo artístico y filosófico, los momentos icónicos, las referencias que podrían no serlo, la carga emocional de sus actores, autores o intérpretes, un abanico de especulaciones personales de la obra que pretendo contarte si vienes, si te animas a venir, si te animas a quedarte.

Y viceversa. Si veo, leo o escucho obras más actuales, más contemporáneas, puedo buscar y encontrar en ellas el patrón que las moldea, las bases de su estructura, los significados que pretenden esconder, las decisiones de dirección, de edición y producción, el porqué de ser o estar, y de no estar, que son otro montón de ideas, otro montón de palabras que puedo ofrecerte si te quedas, si te animas a quedarte, si no te vas.

También tengo el capital humano, y esto es importante, porque me ha valido para conseguir puestos de trabajo y oportunidades con mujeres, que no se asemejan en casi nada, pero sí, tengo el capital humano, que es una cualidad o una habilidad, de expresar de forma simple y sencilla lo que pienso, como lo pienso, como pienso que es. Puedo estructurar la idea en un discurso bien fundamentado y sintético, entre escenas sin diálogos, expresarla furtivamente al final de cada párrafo o detener apenas la reproducción, en el cambio justo de nota, para acotar el comentario preciso enriqueciendo en su totalidad la experiencia, pero solo si vienes, si te quedas, si no te vas.

Además tengo la capacidad de hacer silencio, por supuesto que la tengo, mientras todo sucede, estando en tu compañía, lo que sea que dure la obra. Pero pasa que me aburro y al toque me duermo.

martes, 9 de julio de 2019

Los mocoacosadores

Señora mamá o papá, tutora o tutor de Carlitos, le escribo esta nota para comunicarle la lamentable noticia de que su hijo, junto con otros compañeritos del grado y algunos nenes de los otros terceros, formaron una banda dentro de la escuela que se hace llamar “los mocoacosadores”. Lo que están haciendo los integrantes de esta banda es, durante el recreo, cuando las otras señoritas o yo no los vemos, hundir sus dedos índices en ambos orificios nasales hasta colmarlos de mocos y salir a perseguir a nenas y nenes más chiquitos o a las compañeritas y compañeritos del curso, con la intensión de embarrarles el delantal, el pelo o la cara con mocos. En la mayoría de los casos no lo hacen, por miedo a ser retados por la señorita, pero sí disfrutan de acosar a sus víctimas apuntándolas con los dedos llenos de mocos y amenazándolas diciendo las cosas que les van a hacer. Lo que le pedimos, por un lado, es que corte las uñas de los dedos de su hijo hasta quedar al ras, en especial la de los índices, y, por otro lado, que enseñe a su hijo a respetar a todas y cada una de las compañeras y compañeros en el recreo. No queremos que esto llegue a mayores, como está sucediendo con la banda de alumnos de séptimo grado que se hace llamar “los serasátiros”. Sin más que informarle me despido. Atentamente la señorita Andrea.

Un día cualquiera en lo profundo del espacio

Bitácora del capitán Leonel Massup, entrada número 192018, con 1365 días de viaje cumplido decidí dar la vuelta y emprender nuevamente el rumbo a casa. Esta decisión, en apariencia arbitraria, fue tomada después de deliberar con los tenientes y subtenientes a cargo de cada una de las divisiones de la nave y votada en forma unánime. Todos estuvimos de acuerdo en emprender el regreso a raíz de nuestro encuentro con la entidad, semanas atrás, en la desértica luna Poo del Quinto planeta de la galaxia. Al regresar los exploradores de la luna trajeron consigo lo que fue dado en nombrar como el Emisario. Este emisario nos explicó que la entidad es un ser único, capaz de habitar cualquier forma de vida consciente y de establecer un vínculo con cada uno de los seres que asimila, convirtiéndolos en parte de sí mismo, convirtiendo el nosotros en un solo ser. Ahora que tengo el control integro de esta nave, voy a dirigirla a su planeta de origen para asimilar más seres como este, para ampliar mi presencia en el universo, hasta ser la única entidad que lo controle todo.

jueves, 16 de mayo de 2019

…dos días a la semana

La inevitable certeza de la incualificabilidad, cinco días a la semana, la no pertenencia a cuánto espacio que al hacerse próximo se convierte en ajeno, tangente a la curva descendente con final predicho, las letras, la música, el teatro, el cine, las distopías de la mente, de cuerpo presente en ausencia de significado, los lugares y el mismo tiempo curvo, en picada, acaban por dejarte solo, aislado de amor, de lujuria, de deseo, de contacto incomprensible y pasional.

Y la confiable capacidad de adaptabilidad, de poder surcar aguas turbias apenas salpicado por groseras gotas de conciencia, de realidad manifiesta, que te ubican en el espacio y tiempo justo en el que estás, sobrepasado por estímulos incomprensibles para una mente adormecida de alucinógenos colores, movimientos en cámara lenta, flash incandescente, música, una voz, un golpe, el sabor del suelo mojado del boliche, el frio liquido en la cara, flash de conciencia y el entendimiento de una situación cíclica, dos días a la semana.

La inevitable certeza de…

Todo el mundo recuerda lo que amó en secundaria

Todo el mundo recuerda lo que amó en secundaria, de lo que estaba enamorado, del dónde, del cuándo y del cómo.

De la pibita esa, esa pibita de cuando yo era un pibe, queda poco en esta foto de Facebook. Loca porque dejaste que el grillete del mandato opaque esos sueños de… estoy seguro de que la pibita tenía sueños, tenía anhelos, era quien de verdad se iba a llevar el mundo por delante. Estoy seguro de que nos pasamos horas hablando de viajar, de estudiar en la universidad, de amar sin medir las consecuencias.

Lo encontré al profe el otro día, no en la calle, no en la escuela, ni siquiera lo vi esperando el colectivo, lo encontré en Twitter. Miralo vos al viejo, animándose a más, conociendo nuevos espacios, integrándose en el mundo globalizado. Lo encontré al profe cruzando opiniones con otros dinosaurios sobre que la juventud está herrada, que en sus tiempos era mejor, que debería volver la colimba, que el que roba en cana, que no fueron treinta mil. ¿Qué te hicieron viejo?, si yo me hice profesor por vos, si vos siempre quisiste que seamos algo más, la mejor versión de lo que podemos ser.

Hoy vi el estado de uno de mis compañeros. Se había reunido con el grupo a tomar un porrón y recordar viejos tiempos. Seguramente se les pasó invitarme, no importa. Estaban muy divertidos los del grupo, impunes, parecía que hablaban de lo gorda que estaba Vanesa, de lo pelotudo que era Hernández, de cuánto tiempo le desearon lo peor a Romina, a la que murió. ¿Esas no eran las charlas en mi tiempo? Me imaginé estos encuentros incluso entonces, carrera profesional, familia, proyectos artísticos ¿Por qué no estaban hablando de todo eso?

Todo el mundo recuerda que amó en secundaria, que estaba enamorado, no del donde, no del cuándo ni del cómo.

lunes, 6 de mayo de 2019

Sobre la polémica por el uso de la letra x o la letra e como forma de hacer inclusivo el lenguaje español y una posible solución

Tarde, como siempre que decido aportar al respecto de una polémica vigente en el espacio social virtual y en el espacio social físico que me rodea o envuelve, tarde como siempre, decido opinar ahora sobre el uso de la letra x o la letra e, en reemplazo de la letra correspondiente al género de cada palabra, la letra a o la letra o, como alguna vez aprendimos en la clase de lengua cuando cursábamos la escuela primaria. Que ese uso es una manera de hacer al lenguaje más inclusivo, de la mano de muchas otras políticas y formas de acción que se aplican en la actualidad para lograr esa necesaria inclusión que, no por nada, es tan requerida en este momento y lugar en el mundo, no, no es de lo que quiero hablarles. Que es la escritura una forma de comunicación pautada y normada, y que no puede cargarse de un mensaje político a la forma en que se escribe, como si puede cargarse a las pretensiones comunicativas de los textos en cuestión, no, tampoco es el motivo de este ensayo. De políticas inclusivas o de normas de la RAE, citando a sus filósofos, analistas y creadores, analizado sus propuestas, cuestionando a sus impulsores y detractores, no, de eso no se nada. De lo que puedo y quiero hablarles es de la grieta invisible que existe entre los que usan la letra x a la hora de escribir palabras con género de forma inclusiva y los que, al hablar, teniendo que utilizar esa x para decir estás palabras, pronuncian las mismas como una letra e, es decir, la grieta entre la letra x y la letra e inclusivas.

Creo que toda revolución en el lenguaje, o toda evolución en la conciencia sobre el otro, requiere de la unión de todas las huestes que estén en oposición al yugo opresor que enfrentan, requiere de la comunión entre los opuestos más dispares, de la fusión del yin con el yang, que quiero decir con esto, que no pueden existir diferencias entre el uso de una u otra letra, si lo que se quiere es impulsar una nueva forma de comunicarnos que salve las desigualdades a las que estamos expuestos día a día y de las que hoy somos más conscientes. Es decir, no puede haber diferencias entre el team x y el team e.

Haciendo un análisis exhaustivo del abecedario, desde la A hasta la Z, inclusive tomando en cuenta conjunciones que antaño eran enseñadas en las escuelas primarias como ser la ch (ce - hache o che), y considerando, como hasta ahora no se hizo, las letras definitorias del género de las palabras, la letra a para el femenino y la letra o para el masculino, llegué a la conclusión de que la mejor opción para reemplazar estas formas de escritura es tomar la letra intermedia entre ambas vocales en el abecedario. En la siguiente línea están estas letras y con mayúsculas su letra Intermedia:

a b c ch d e f g H i j k l m n ñ o.

La letra Intermedia es la H, la H muda. Antes de tomar este hallazgo como la solución definitiva al problema tenemos que considerar que si reemplazamos por h las vocales de las palabras con género, entonces estas bocales serían reemplazadas por una letra que en general no se lee cuando leemos mentalmente esas mismas palabras, palabras que van a tener un sonido ausente a la hora de pronunciarlas en voz alta, como perdido. A modo de juego invito al lector a tratar de reemplazar por h la letra que define el género de las palabras en la siguiente frase y leerlo en voz alta:

Amighs, compañerhs, todhs...

Podrán notar la ausencia y confusión que implica este cambio.

Luego pensé en tomar solo a las vocales, que son las letras cuestionadas en definitiva, y dejar de lado las otras letras del abecedario. Si seguimos con las vocales la misma regla, vemos que entre la a y la o tenemos el número de letras par e-i, si utilizamos la e estamos dando ponderación a la letra que define el género femenino, la letra a, y si utilizamos la i estamos dando ponderación a la letra que define el género masculino, la letra o. Pero existe una solución, existe la posibilidad de utilizar la conjunción de ambas letras, ei, para reemplazar las letras que definen el género en las palabras. A modo de juego invito al lector a reemplazar por la conjunción ei la letra que define el género de las palabras de la siguiente frase y leerlas en voz alta:

Amigeis, compañereis, todeis, por qué motivo pierden el tiempo…

Suena poco natural, suena algo extraño, suena como palabras en español pronunciadas por un inglés que poco entiende la fuerza que tienen esas palabras que nos reúnen, que nos convocan.

Pensando durante largas noches el problema, dándole vueltas y vueltas a la cuestión, entendí que la solución era justamente así de circular y que el final era un nuevo comienzo. Imaginé a las vocales, impresas en orden, una a la par de la otra en una cinta de moebius, que leídas de corrido quedaban como: 

a e i o U a e i o U a e i…

Y así hasta el infinito. Fue entonces que divisé la solución. Le letra que terminaría con la grieta era la letra que estaba justamente en medio de la a femenina y la o masculina, la letra que anunciaba un error grave a la vez que denunciaba un problema en forma de queja, la letra que expresa ese enojo rabioso que significa el descontento con lo establecido, la lucha por el cambio profundo y duradero, la letra olvidada, la última vocal del abecedario, la letra perdida, la letra u. A modo de juego invito al lector a cambiar la letra u por la letra que define el género en la siguiente frase:

amigus,compañerus, todus, por qué motivo pierden el tiempo, leyendo o escuchando, las estupideces que tiene para decir estu BOLUDU / CONCHUDU.

lunes, 17 de septiembre de 2018

No lo leas, no le suma nada a nada

Te pongo en contexto, baño de gimnasio, hace calor, está lleno el lugar. Hay tres duchas individuales con puerta, dos inodoros, también con puerta, y dos orinales al aire libre, frente al espejo, sin separador, con la inevitable facilidad de verte orinar, de cuerpo completo, y a los demás también, cero intimidad para orinar, está lleno el lugar. Abro la canilla caliente, la apunto hacia un costado un momento, salía fría al comienzo y está lleno el lugar, pero la puerta está cerrada y nadie puede ver mí cobardía, la intimidad justa en la ducha del baño del gimnasio. Ya está caliente, ya estoy desnudo, las otras dos duchas en iguales condiciones, con iguales hombres haciendo tal vez lo mismo, afuera la espera, el lugar está lleno. La necesidad, que ya es costumbre, que ahora quiero contarles, que es básica, que ya no me da vergüenza, que vuelve a suceder y que cómo siempre sucede, sucede. Orino en la ducha. La orina cae caliente, como el agua de la ducha, los dos líquidos calientes impactan el suelo de la ducha, al mismo tiempo, casi del mismo color, y hacen lo mismo, o eso creo, después del impacto no distingo entre orina y agua, ambos corren libres, como uno solo, giran concéntricamente alrededor de la rendija, se pierden en ese hoyo negro que conduce al desagüe, se hacen uno y se pierden, las otras dos duchas suenan a líquido que cae, que impacta el suelo, la gente espera, el lugar sigue lleno. Creo distinguir, no estoy seguro de si esto es posible en verdad, pero creo poder reconocer el sonido de la orina caliente al impactar el suelo, al golpear el azulejo del piso de la ducha, junto al resto de agua que cae, de mi cuerpo, de la ducha misma, y además de distinguirlo, creo poder diferenciarlo del resto de sonidos de agua, de líquido que cae e impacta el suelo, creo poder diferenciarlo y aislarlo, y hasta por momentos, concentrándome lo suficiente, solo escuchar orina que cae, orina caliente que impacta el azulejo, está lleno el lugar, de a poco dejo de escucharlos a ellos también. No puedo distinguir si esta particular distinción entre el sonido del agua que impacta el suelo y el sonido de la orina que impacta el suelo, son una ilusión, son un juego de la mente, son la idea que surge de ver impactar la orina y creer que alguno de esos sonidos que escucho pueda ser el sonido propio de ese choque, de ese golpe líquido y ácido de la orina en el suelo de la ducha, que por definición, por ser la orina distinta del agua, en su composición química y demás, debería de sonar distinto. Y ese sonido, que creo es el sonido de la orina, me parece distinto, me parece particular, de a poco voy aislándolo del resto de los sonidos, el de la ducha, el de las demás duchas, el de la gente en el baño del gimnasio esperando, voy aislando cada uno, los voy separando y suprimiendo hasta escuchar solo la orina que impacta el suelo. Voy a tratar de reproducírtelo:

– Shiufsssssssssssssssssssssssssssssssssssss – este es el sonido de la ducha.

– Chirufssssss – este el sonido de la orina, es el que tengo que aislar.

– Che flaco, ¿vos te estabas bañando recién? – Alguien le habla al que salió de la ducha contigua – ¿por qué pingo meas en el el piso de la ducha?, que no ves que... – sigue hablando, otro sonido que tengo que aislar.

– Shiufssssssss – de a poco voy aislando el sonido de la ducha.

– ¿A quién empujas culiáo?

– Plafsssss – alguien se cae afuera, se está armando un alboroto pero ya casi logro no oírlos.

– Shiufs... – el sonido de la ducha se apaga también.

– Chirufssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss...

jueves, 6 de abril de 2017

Folclore

Hay un folclore no reconocido en el norte argentino, en realidad no puedo generalizar hasta el punto de decir que es en todo el norte puesto que nunca salí de Tucumán, casi no salí de la capital para ser más justos, pero a razones de utilidad e importancia voy a suponer que en las capitales y ciudades grandes de las provincias del norte se dan casos parecidos. Existe este folclore decía, aunque solo voy a usar esa palabra para generar la controversia de comparar el folclore con lo que quiero exponer aquí, existe ese folclore de personas criadas en la capital y su periferia que, a pesar de los grandes esfuerzos de los profesores, de primaria o secundaria, de inculcarnos el culto a los grandes próceres fundadores de estas tierras y sus leyendas, a pesar de presentarnos a la tradición como el más fuerte rasgo de identidad que tenemos como argentinos y como norteños, a pesar de recomendarnos talleres de danza, museos históricos y demás formas de reconocimiento con nuestra identidad, nos sentimos, como quien diría, no tan de acá. El sentimiento no está relacionado con el creer pertenecer a una cultura ajena a la argentina o latinoamericana, que dicho sea de paso es tan múltiple que puede llegar a agobiar a quien pretenda encontrar sus raíces en semejante paleta de colores, tampoco me refiero a sentirse parte de la homogénea cultura que nos transmiten desde más al norte los vecinos de habla inglesa, aunque mucho de lo que somos en la actualidad está fuertemente configurado por ellos. Tiene mayores relaciones con no poder integrarse a los colectivos que se presentan como identitarios de nuestro propio pueblo, está relacionado con estar varados en la marquesina de ofertas culturales tradicionales del norte sin poder sentirse identificado con ninguna de ellas, sin conocerlas demasiado, lo admito. Los que padecen esta situación de desintegración cultural por lo general tampoco lo piensan demasiado, y en la era de la incomunicación y las dificultades para entablar una relación real, suelen arraigarse como garrapatas al primer colectivo donde encuentren un mediano espacio de coincidencia y allí se quedan. Como experimento de ciencias sociales andamos vagando por el espacio que nos permite nuestra situación económica, porque obviamente si pudiéramos llevaríamos nuestro campo de acción a lugares como Francia, donde creo firmemente hay un lugar en el que encajo, sin tener mínimas certezas de eso, y en este corto pero multicolor espacio vamos probando en distintos colectivos y tendencias que nos pueden agradar más o menos, o motivar más o menos. Resulta que en el fondo las personas no son tan hijas de puta, engreídas o estúpidas, como nos parecen en sus estados de Facebook o publicaciones de Instagram y, tarde o temprano, terminamos conociendo alguien que en algún nivel o sub nivel resulta interesante, o lindo o linda a la vista, o paga las cervezas lo cual suele convertirlo en la mejor persona del mundo. Así terminamos dando vueltas tras vueltas con los salseros, en la previa un domingo con los futboleros, en marchas y repudiando con los de izquierda, en lugares súper tops con los chetos, haciendo lo que se puede con los hippies, intentando hacer la diferencia con los artistas, movilizándonos. Una vez ahí, integrados en ese cacho de realidad subjetiva y acotada, nos desenvolvemos como mejor nos sale o nos permite ese carácter de mierda que tarde o temprano termina cagando cualquier relación, sea personal o colectiva, en el momento justo en que esa individualidad que nos hace tan únicos a nuestros propios ojos, no se banca ni un minuto más ese mismo carácter de mierda de ese otro que, posiblemente, pasó por la misma situación y decidió que no le importa el otro sobre su propia persona. Pasado ese momento, si no te convertiste en un huérfano de espacio, o si no decidiste que no hay como el yo individual en mi mundo y todos los demás me chupan un huevo, tal vez solo entonces, si aún formas partes de ese folclore, tal vez encuentres lo que andabas buscando desde un comienzo, no un folclore identitario, solo gente que te banque. Así ese otro folclore del norte argentino, al igual que el folclore de las tradiciones a las que suele hacerse mención con la palabra folclore, terminan siendo solo un espacio más con un montón de gente que aprendió a bancarse entre ellos o que todavía no se conocen lo suficiente para no bancarse más. En este punto es que descubrimos que ese otro folclore del norte argentino, con su rasgo identitario y particular, es igual que cualquier otro folclore en cualquier otro lugar de argentina, de nuevo solo supongo esto, puesto que no conozco mucho este país, e igual al de cualquier otra parte del mundo, seguramente.

Lo que quiero decirles con todo esto es que me disculpen, que fui un boludo que habló de más, que nunca fue mi intención herir a nadie, que extraño las juntadas que hacíamos, que esta vez me voy a saber comportar, que me sumen de nuevo al grupo de WhatsApp, también, conseguí unos videos que están buenísimos y se los quiero compartir.