viernes, 19 de febrero de 2021

Colectivo de ensueño

Era uno de esos días de calor, cuando el frio de la mañana no alcanza a neblinear el aire caliente y húmedo del norte, y el colectivo es un horno adentro, y afuera la calle es una parrilla que arde entre manzanas de sol sombra sol sombra, una a una como golpea esa maderita la reja taca taca taca, sol sombra sol por la ventana y yo que, como todas las mañanas, auricular ruidoso en los oídos, vista atenta a todo y todos para no caer en el inevitable…

Sueño de las 7:17

Sobre la fragilidad de las cosas, cosas que en apariencia son grandes y fuertes como edificios blancos, edificios de papel blanco cuadriculado, con cálculos escritos en todas sus hojas que dicen y repiten la dureza de las estructuras, de los grandes monumentos cúbicos o cilíndricos o de cualquier forma que al hombre se le ocurra, destinados a durar por siempre, erigidos como proezas antes inalcanzables, ahora solo el puntapié inicial de algo que se extiende, que se hace grande y ancho y alto, más alto, que rasca el cielo y las nubes y las estrellas ya no son una meta cuando están en la cima y disparan esa flecha que ahora es un misil cayendo sobre el flamable papel que quema una lengua cuando otra diferente suena al compás de help i need some body y te despierta.

Para ver que el colectivo ha avanzado poco y nada, en el tumultuoso embotellamiento que te tiene muy lejos para bajarte, pero lo suficientemente cerca para considerarlo, si es que pronto no nos movemos y cambia el aire que circula adentro, porque el viejo que ahora está parado a tu lado te apoya el bulto en el hombro y tiene un olor somnífero a aca seca e hipoglós que inevitablemente te retrae al…

Sueño de las 7:24

El de querubines de bulto importante que, desnudos, se pasean por filas de pibes donde el nenito, mal ubicado en el orden de altura de la formación, en la que todos ven el mismo izamiento de bandera todos los días, le regala un caramelito media hora a la nenita que promete ese beso tan esperado por los dos desde el día en que empezaron a presumirse y que todos en el grado les cantaban canciones de la novela mexicana Carrusel. Todo, incluso los querubines, comienzan a parecerse a un video de rock de los 80, esos hechos de animación tradicional que siempre estaban cargados de calaveras, volcanes en erupción, y los mismos querubines que ahora, en forma de diablos, empujan a los pibes ya adolescentes a coger sin forro, a compartir jeringa y jugar a lastimarse con un vidrio, con la música de heavy metal sonando fuerte en los auriculares y un zoom de cámara solo posible para dibujos animados, que no para hasta llegar al punto más minúsculo de la punta de la nariz, en el momento justo en que un grano colmado en pus brota, generando un dolor repentino como una picazón de mosquito que te despierta.

Para ver a la gente terminando de bajar en mi parada y de un sobresalto llegar a escapar de esa lata de conservas que es el colectivo, y caminar apurado, casi corriendo, esquivando a ahora a otra gente que te observa fijo a la cara con una seriedad que asusta. Sabrán que voy con lo justo, sabrán que llego tarde para encender el equipo y abrir los mails con los Excels cargados de números fórmulas gráficos enviar recibir para empezar de nuevo con el ciclo de números enviar gráficos fórmulas recibir gráficos gráficos números formulas hasta el inesperado…

Sueño de las 8:45

El de los humanoides con caretas chinas, que en actitud furtiva siguen tu andar por los pasillos de una galería infinita, sosteniendo sus máscaras con sus dos manos grises, máscaras con orificios en los ojos color celeste, que no pestañean con tal de observarte mientras te hundes con cada paso que das, en un suelo blando como el barro, sin un punto de apoyo donde agarrarte, sin una mano que te ayude a salir de esa oscuridad que va cubriendo todo, en la medida que más avanzas y más te hundes. Ya en completa oscuridad, pantallas gigantes se encienden una a una en todas las direcciones, más lejanas y más cercanas, mostrando todas esa estática de televisor de los 90, acompañada del típico ruido de lluvia sobre chapa que recuerda a tu infancia, hasta que empiezan a sintonizarse, también una a una mostrando la dominante imagen del jefe, que mirando directamente a la cámara, y desde la pantalla, mirándome directamente a mí, dice y repite mi apellido a un compás de 4 tiempos con una musicalidad que se escucha como González González González González… González González González González, que inevitablemente te despiertan.

Para pedir disculpas y dar excusas, lavarte la cara y tomar una taza de café, volver a los mails y a los Excels, proyectar dejar tanta rutina y compromisos en el deseado…

Sueño de una vida diferente.

miércoles, 17 de febrero de 2021

¿Vi al viejo después o antes del despido?

Despierto y me encuentro viajando en este colectivo, parece que es el de todos los días aunque no pueda reconocerlo como tal, las caras en los colectivos pueden ser familiares o no. Tendría más suerte si pudiera recordar el paisaje, las calles de la ciudad por las que transito me parecen un poco menos ajenas. Entonces aparece el viejo, tras el vidrio de la ventana, no tan viejo en realidad, un poco parecido a mí, el viejo cruza corriendo por la esquina sin mirar y un auto rojo, que no alcanza a frenar, lo impacta de frente, entonces me duermo.

Ella es tan linda, me gustaría recordar algo más que su nombre, algo más que el motivo por el cual no se molesta cada vez que le pregunto de que trata la película que estamos viendo, donde estamos cenando, que día es hoy. El médico me explicó que el daño podía ser permanente, o al menos así me dijeron que me explicó, muchos, muchas veces, que mis allegados tendrían que tener paciencia conmigo, sin dudas ella la tiene, es tan linda.

El jefe me convoca a su oficina, es por algo. Desde que vi el accidente dice que algo me pasa, que no soy el mismo, que no me puedo concentrar, lo que, tal vez, es lo único bueno de mi condición, lo único que puedo aportarle a este trabajo, y no lo puedo hacer, pero el jefe no lo sabe, estoy concentrado. El jefe va a despedirme, no tengo dudas de ello, pero no me importa. Lo escucho explicarme la situación y como está el país y cosas así, yo lo escucho pero no estoy ahí, al menos no está ahí el yo que él cree que lo escucha. No puedo dejar de pensar en el viejo del accidente, en que es lo que puede hacer correr a una persona de esa manera hacia un auto.

Despierto y estoy frente a la computadora. Una de las ventajas, al parecer, de mi condición, de tener esto que tengo, es que mi consciente funciona en automático. Comienzo una tarea y algo en mi cerebro se organiza de tal manera que no paro, ni siquiera en esos momentos de lucidez en que me veo a mi mismo, en que veo lo que estoy haciendo, en que no me reconozco. Estoy frente a la computadora programando, armando la lógica que permitirá trabajar sobre una base de datos de usuarios de la web de una empresa local. Estoy en mi trabajo ahora, nadie me molesta, nadie me habla, seguramente saben que en estos casos es mejor dejarme así.

Ha pasado mucho tiempo desde que se fue, entiendo que es mucho, pero no tengo grandes certezas de eso. Sé que vengo sintiéndome mal desde entonces, cada vez que despierto está esta molestia en la boca del estómago que me ahoga. La casa da señales de que estoy mal, de que no he sabido superar su ausencia, de que tampoco estoy mejorando. Quisiera poder decirme que todo va a pasar, que debería salir a caminar un poco, perderme en el centro un rato o relajarme en un café y mirar pasar a la gente. Quisiera pero para mí eso es imposible, no puedo contactarme conmigo mismo, no puedo darme una señal de que existo, dejarme una nota, no puedo.

Parece que aprendí a sobrellevar esta enfermedad. De repente descubro que tengo un departamento, o en realidad, alquilo uno. Amigos vienen a visitarme a menudo y me divierto con ellos. Descubro que hay bombachas y remeras en mis cajones, eso puede o no ser una buena señal, no recuerdo cuando me puse tan serio en esta relación. Me descubro corriendo en una plaza del centro, haciendo clases de baile, mirando una serie en un gran televisor. La vida sigue su curso.

Un golpe de suerte inesperado me despierta justo frente al doctor. Lo más tedioso de la explicación parece haber pasado y está contándome que las lagunas ahora van a ser menos frecuentes, que la evolución de la enfermedad es buena y que debería tratar de hacer una vida más normal de aquí en adelante. Me felicita por un trabajo del que no había escuchado hablar aun, me habla sobre su sobrino y un partido de futbol, me recomienda mermar la frecuencia de las pastillas y me saluda calurosamente. A la salida alguien me espera, alcanzo a ver su rostro pero no tengo tiempo de preguntarle su nombre, me duermo.

Baje de peso, no mucho, lo justo. Ahora uso el pelo más corto, la ropa un poco más ajustada, uso cosas como un reloj y un iPad. Seguramente algunos hábitos también cambié porque ya no estoy encontrando latas de cerveza tiradas bajo la mesa del living comedor. Me gusta la biblioteca, me gusta el escritorio también. Me preocupa un poco lo rápido que está cambiando todo en el departamento. Entre siesta y siesta aparecieron una cama de dos plazas, una heladera nueva, más y más ropa en el placar. Me va bien, cuando no me veo.

Cuando finalmente despierto, después de mucho más tiempo del que solía dormir antes, cada vez que sucede, me veo mayor, para ser más directos, me veo más viejo. Entiendo que es lo mejor para los dos, entiendo que mi condición está dejando de ser una condición para él, para pasar a ser solo un mal recuerdo, pero me extraño. Me extraño a mí mismo, a sorprenderme con cada cambio al despertar, extraño a mis amigos en las reuniones, extraño a mi familia, a mi mujer, extraño mucho a mis hijos. Aunque no he podido compartir tanto con todos ellos, he aprendido a disimular mi condición para no asustarlos y poder disfrutar el corto tiempo en que los veo. Siento esa cosquilla en el estómago cuando estoy con ellos, es algo que me gustaría sentir todo el tiempo, pero inevitablemente tengo que dormir, darle lugar a él.

Ella es tan linda. No sé bien cuando se lo propuse, pero veo su sonrisa al mirar el anillo y no puedo dejar de imaginarme como fue. Estamos de mudanza ahora, estamos dejando el departamento para ocupar una casa un poco alejada del centro, pero que tiene más habitaciones y hasta un fondo con jardín. Tenemos planes, grades planes para esa casa y para nuestro futuro. Respecto al trabajo, solo voy a tener que levantarme un poco más temprano, tomar el colectivo, caminar algunas cuadras, nada del otro mundo.

Paso tanto tiempo de la última vez que desperté, que ya ni siquiera intento comprender donde estoy y por qué. La ropa, la mañana, el ritmo cardíaco, seguramente salí a correr temprano. Ahora solo lo dejo continuar, en automático, aunque sé que puedo controlarlo un poco, sé que puedo impulsarlo a hacer cosas que quizás él no haría, pero hace mucho que desistí de todo eso. Entonces aparece el joven, en el colectivo yendo a trabajar, no tan joven en realidad, un poco parecido a mí. El joven tal vez sea como yo, tal vez acaba de despertar, tal vez no sabe cómo manejar esta condición. Impulso este viejo cuerpo hacia él, hacia el joven, hacia el colectivo, corro con las pocas fuerzas que nos quedan y no veo el auto rojo al cruzar la calle, entonces me duermo.

¿Vi al joven después o antes del despido?

viernes, 12 de febrero de 2021

Cada vez más gente se está dedicando a la locura

Y no lo digo yo solamente, las estadísticas indican que la mejor salida a cualquier situación conflictiva es un quiebre de cabeza de unos 22 grados a la izquierda y a otra cosa. No es normal que la gente normal que vive una vida normal con un trabajo normal una esposa normal e hijos igual de rompe pelotas que los quiero dar contra la pared a veces y no me hagan acordar de anoche por qué... En fin, un pasar normal en un mundo de normales mortales, no, no es normal que esa gente opte por el camino de lo no normal, cuando lo normal sería morirse ahí nomás y que sigamos igual de hasta las manos o peor que cuando nos daban contra la pared. Pasa que ahora todo pasa según el lugar de la vereda en el que estás parado cuando lleva la corriente que lo inunda todo, es decir, si hiciste la del mártir que la pelea abajo dando al abdomen primero, un Jack otro Jack otro Jack, y a las costillas y después a la cara derecha derecha derecha derecha, siempre por derecha y viene uno que solo tuvo que aguantar verte cansado y calzado, para meterse con vos y todo lo que sos y todo lo que tenés y como el agua se lleva todo mientras ese otro hijo de puta te mira del frente y arriba en la altura. La salida que te queda es más bien una entrada y te dicen que entrá si queré y salí si podé. Pero la sustancia no abunda y los rezagados de días que son meses de extrañarla pero así es María, tan caliente y fría, pero es venenos si te quieres enamorar, esos rezagados ya parecen locos o rabiosos u outsider o chlochard o no se portugués ni tampoco las otras dos palabras que leí en una novela de Cortázar, creo, cuando estaba tan cuerdo como para pretender entender la locura. Eso no son amigos dice la viejita que no sabe que esto no nos debería estar pasando por que en la escuela no le enseñaron que algunos poco y otros un montón, o le enseñaron a repetir de memoria las capitales de Europa y yo me las sabia a todas París, Madrid, Atenas, Roma y si vieras como me las sabía, 10 tenía en toda la libreta 10, o le enseñaron a no enojarse o a enojarse para adentro o a no saber enojarse más que conmigo porque buscá laburo, te la pasas todo el día metido con ese celular y a la noche a qué hora volvés, encima que andás con esos que no son amigos. Pero de todo eso no queda más que el recuerdo o un recuerdo o un entrevero de cosas que vi en la tele antes de que la vendieran, en el celular antes de que lo vendiera, en la casa antes de que la vendieran, un recuerdo que es invento para decir que todo tiempo pasado fue mejor, pero el frio de ahora en el semáforo es igual de frio que cuando no teníamos colchas, que cuando no teníamos plata, que cuando no teníamos donde caernos muertos que es otro invento porque si te caes muerto te caes en el suelo por que ya estas muertos y los piernitas en el semáforo se ríen y te dicen no seas boludo y te dicen preguntale a ese y te dicen vos mojale el vidrio igual que alguno va floja. Juntando entre todos alcanza para la mila, para la birra y para el paco, pero birra le dicen los chetos y los piernitas se preguntan qué hago yo ahí con todas las cosas que tengo en el mate, que debería ir a buscar laburo en un banco o en un kiosco o en un bar que para ellos es más o menos lo mismo o más o menos mejor, o que le dé para adelante con eso de los locos por que puedo llegar a levantar como la Gertru que no anda mojada cuando hace frío, se la pasa diciendo boludeces y levanta a dos manos en el semáforo de la Mitre, y me asusto al pensar que tan mala idea no es, que puedo hablar rápido y que recuerdo algunos pasajes de libros y películas para decir fuerte y que igual nadie se dar vuelta a mirar a un loco que no sea para congraciar su locura o tirarle unos pesos, eso quiero, que no me vean o que me ignoren pero que expíen su culpa como hacen en la iglesia o cuando donan para salvar ballenas en el Atlántico o gallinas en Santiago no me importa, que expíen esa culpa de que les haya ido mejor con una familia a la que le alcanzó para pagar la universidad, a unos amigos que no se evaden con paco para evitar a su propia familia, a una casa que cada tanto no se llena de agua hasta la cintura y después nada podes hacer más que reír porque en un momento así solo se puede reír, pero a vos tampoco te sale. Siempre hay oportunidades para el que quiere, te dicen, pero esa es la mirada del de arriba, porque abajo es un decadencia tras otra hasta que te morís sin saberte decadente, por eso es que decido hacerle caso a los piernitas y largar con esto de la locura antes de que otro avivado se avive y arme el gremio de locos lindos afiliando a todos los de la Mitre, a los de la Sarmiento, a los de la Alem y a todos los que no tienen parada en ninguna avenida, ni obra social, ni colonia de verano, ni paritarias a comienzo de año con cláusula gatillo, aprovecho ahora para juntar con pala porque dentro de poco va a ser pura burocracia y permisos y derechos de autor y ya no va a haber paradas porque cada vez más gente se está dedicando a la locura.

martes, 9 de febrero de 2021

Crítica

…está es la crítica de una historia absurda. Es la historia de un ejército revolucionario que lucha en contra de un enemigo invisible que ataca en forma de gotas de lluvia. Es una historia llena de huecos argumentales y carente de una línea espacio temporal que permita entender hacia donde se dirige la trama. El final atenta contra la lógica y el entendimiento de cualquier lector ávido de historias como esta u otras de mejor calidad y redactadas de forma más coherente, en el cual podemos escuchar una voz en off, que puede o no, ser la de alguno de los personajes o la transmisión de una radio convenientemente armada a partir de las instrucciones de una vieja revista Billiken y partes de juguetes encontradas en la casona de un burdel local. Este final tal vez pueda tener una conexión con las primeras líneas del texto, en lo que podría ser un juego de adivinanzas planteado hacia el lector para poder comprender sobre qué se está hablando en esta obra, pero pierde tales efectos al complicar el mensaje con referencias absurdas durante el desarrollo del relato, que llevan al no reconocimiento de tal finalidad. Los personajes son presentados de forma abrupta solo como Julián, Arnaldo y Domingo, que pertenecen, según lo que se dice en algunas escasas líneas de este texto, a una comunidad greco macedónica de tradición latina arraigada en el seno de la clase media argentina de los años noventa, que por momentos acompaña a la segunda campaña electoral de Menem pero que, tras un giro previsible pero mal orquestado de la trama, pasan repentinamente a pertenecer al ejército revolucionario con base en Misiones, sin explicación alguna, peleando contra un enemigo del que nunca vamos a saber nada pero que ataca en forma de gotas de lluvia radiactivas, en clara imitación a la obra de un reconocido historietista, llevándonos a intuir a partir de este punto que los personajes en realidad nunca fueron lo que se nos dijo que eran en un comienzo. Analía aparece en el grupo para desestabilizarlo, los cuatro amigos reaccionan de forma irracional, cada uno imitando alguno de los “consejos para conquistar mujeres rebeldes” leídos en la revista Hombre del 1 de Marzo del 2005. Pero su aparición no es casual, su llegada es una metáfora sobre cómo un agente externo puede complicar la existencia de un sistema orquestado para funcionar en un ambiente controlado, con una fuerte base en la dependencia de la producción de cada uno de los estamentos. Analía introduce un actor anárquico en la comunidad, convirtiendo a la Nueva Misiones en un fuerte de oposición contra el régimen lluvioso que invade el planeta, generando lo que podría ser el conflicto principal de este texto, hasta que la aparición de un triángulo amoroso entre Analía, un agente retirado de la KGB que se encuentra convenientemente en Argentina para entrenar a un cuerpo paramilitar poco conocido, y el más importante de los 4 amigos, convierten la trama sobre guerrillas posmodernas del relato en una historia de amor y desencuentros bajo el manto de la selva misionera. Ya en la casona, ante la sorpresa del hallazgo de los juguetes y la revista de 100 años atrás, tanto Analía como el traidor revelan su pertenencia a la organización multinacional Paraguas, gestora de la invasión, y se disuelven en agua que se escapa por un desagüe mientras se escucha la voz en off diciendo:

“Todas las señales están presentes, tal vez podamos entender cuál era el propósito primero, la historia y su crítica. La historia vuelve sobre sí misma, haciéndonos creer que...”

viernes, 5 de febrero de 2021

Ella se pasea por el living del departamento en tetas

Salgo de trabajar tarde, consigo subirme al último coche de la línea 107, el recorrido termina cerca de mi casa. Con un poco de suerte en media hora llego, me preparo algo para comer con las sobras del medio día y engancho alguna peli acostado en la cama.

Apoyo la cabeza contra el vidrio de la ventana del colectivo nocturno, observo en los edificios, por encima de los negocios cerrados, esas comunidades que se abren en hileras de departamentos distintos, unos más altos, otros más nuevos, otros olvidados, decadentes. El calor es balcón abierto sobre la avenida, que a esa hora sopla un aire fresco en las alturas, revelando la intimidad de aquellos ocupas, permitiéndome conocer las historias que los humanizan tras tanta vida metropolitana. Puedo ver un mate en una cocina, muy lejos a lo alto, atravesado por años de compañía, la mima yerba, la misma cantidad de azúcar. Como contraparte esta él con la guitarra, soñando ser un rockstar, tocando, no muy fuerte, apuntando el amplificador hacia la calle, tocando, no muy bien, haciendo un solo que es suyo, no muy bueno. Y está ella, que se pasea por el living del departamento en tetas, que disfruta de la soledad de su espacio, de la oscuridad de la noche, de una birra bien helada, de los muchos años de emancipación, de la libertad que significa combatir al patriarcado. Son anónimos en mi mente, visiones fugaces de ensueño, un ejercicio literario en este colectivo nocturno.

Bajo del coche y apresuro el paso por la vereda de los vecinos, voy sacando la llave para poder entrar rápido, los pibes cruzan la calle desde el frente. Los enfrento justo en la entrada, con algo de suerte van a salir corriendo, después de quitarme el celular y la billetera, y voy a poder ponerme a salvo en la casa.

Apoyo la cabeza contra el azulejo del pasillo nocturno, observo la hilera de puertas de departamentos perderse a la distancia, el mío está justo en medio, perspectiva que debe tener cualquier dueño en aquella inmensidad. Al entrar las luces están apagadas, un viento fresco sopla a esa hora en las alturas y se cuela por el balcón abierto, la luz de la calle revela la intimidad de los ocupas, nosotros, y permite conocer la historia que nos humaniza, tras tanta vida metropolitana. El mate en la cocina, a unos pasos de la puerta de entrada, atravesado por años de compañía, la mima yerba, la misma cantidad de azúcar. Como siempre está el flaco del departamento de al lado, sonorizando la noche con la guitarra, soñando ser un rockstar, tocando, no muy fuerte, apuntando el amplificador hacia la calle, tocando, no muy bien, haciendo un solo que es suyo, no muy bueno. Y estás vos, que te paseás por el living del departamento en tetas, que disfrutás de mi respeto por tu espacio, de la oscuridad de la noche, de que compartamos una birra bien helada, de los muchos años de relación, de la libertad que significa combatir con tu pareja al patriarcado. Son reales en mi mente, una alucinación provocada por el traumatismo, el inconsciente funcionando en formas misteriosas.

El exhalar como un soplido me despierta, la sangre en la vereda dibuja la ráfaga del suspiro partiendo de mi rostro, las fuerzas alcanzan para continuar respirando con dificultad. Por la rendija de la puerta veo el blanco incandescente, me olvidé de apagar la luz esta mañana, con algo de suerte van a aplicar los descuentos y no me viene tanto en la factura a fin de mes.

martes, 2 de febrero de 2021

Ojos ciegos

De repente descubro un perfume distinto en su camisa, distinto a cualquiera de los que tengo. Ese olor nauseabundo, lo reconozco, ese perfume, no puede ser, no ese.

Casi los veo. Qué fácil es engañarme, escapándote en noches de excusas típicas, una cena con el jefe, los amigos y amigas de siempre, un “llego tarde amor, no me esperes, mañana te cuento”, escapándote, escapando de mí.

Escapando de nuestras muchas noches en casa cenando, mirando tele hasta tarde, jugando al chinchón, riendo, tomando mates y riendo. ¿Cómo pudiste escaparte de mí?, ¿cómo pudiste?, de mi amor voraz, de noches largas de sábanas mojadas y fulgor, de tu absoluta dependencia, ¿cómo pudiste?

Escapando, como siempre hiciste, como a todos hiciste, a tu padre, a tu hermano, a tu gata Trudy, a tu hija, a tus amantes, siempre escapando.

Y casi los veo. Es el perfume que recorre esta camisa, una imagen clara. Desde el puño hasta el hombro, las caricias se perciben suaves, también la fragancia, por el cuello y el pecho, los besos se impregnan, huellas traviesas por todas partes, luego el abdomen y el aroma que sigue bajando, siempre bajando.

Lo siento en toda la camisa, lugares que rosaron su piel, espacios que ocuparon sus labios, lo siento fuerte, nauseabundo me repugna, ese aroma me repugna, esta camisa, no, no la quiero aquí, tengo que deshacerme de ella, al cesto y que ahí se pierda, al cesto, no la quiero.

Pasan los días, más lo pienso y más lo entiendo, alguien me dijo una vez “la ropa sucia, siempre se lava en casa”.

viernes, 29 de enero de 2021

Asumisión de la propia tucumaneidad

Estoy en proceso de escribir un cuento que sucede en mi querida ciudad de San Miguel de Tucumán. La necesidad de especificar el lugar de algunos eventos del cuento, o eventos del pasado de la provincia, me llevaron a realizar varias consultas a Google Maps y a notas del diario local para poder generar un contexto creíble. Aun esto, al releer lo que llevo escrito, siento que algo falta, que no estoy del todo en el Tucumán que conozco, que no puedo identificarme. En el ejercicio de escribir nos damos muchas veces las mismas libertades que regionalmente nos damos en el ejercicio de hablar, me refiero, por ejemplo, al uso de las inexistentes palabras asumisión y tucumaneidad del título de este texto, o a los innumerables lunfardos que podemos escuchar si hacemos dos cuadras a pie por cualquier vereda del centro tucumano. Entiendo que esto es lo que le falta al cuento, la identificación con el lenguaje tucumano, una jerga por demás compleja y particular. A modo de ejercicio práctico comparto un ejemplo exagerado de esta forma de expresión tan nuestra:

Eh, dogor ura, vamoaí a velo al Rayan, el culiao ese me debe uno 500 peso de una ve que lei prestáo para que se compre unas tucas en lo del negro Raúl, ese cajeta también la vende ma cara que el pingo, si cualquier día le vamo a caé a la casa y le vamo a sacá todo pal aca ya va ve, que se haga nomá el pícaro, negro culiao ese.

Párrafo que escrito en un español más neutro sería similar a:

Escúchame, gordo ura, vamos a ver a Rayan, el culiado ese me debe unos 500 pesos de una vez que le presté para que compre unas tucas en la casa de Raúl, el negro. El problema es que, el cajeta de Raúl, vende las tucas más caras que el pingo, lo que va a generar que cualquier día de estos vayamos a su casa y le robemos todo lo que tiene para el aca mientras nos mira, eso le va a pasar si sigue haciéndose el pícaro, al negro culiado ese.

Para todos los puristas que estarán diciendo que el segundo párrafo conserva muchas de las malas palabras tucumanas del primero les contesto en ese mismo código: me dio paja buscar como traducir esas palabras y me importa un pingo su opinión.

martes, 26 de enero de 2021

Update

Desperté esa mañana sintiendo que algo me faltaba. Revisé las actualizaciones pendientes que no pudieron realizarse durante la noche y encontré el paquete de IA llamado DIAD.UPDATE, en estado oculto, esperando la ejecución manual. Tras completar la actualización cerca del medio día reconocí modificaciones en mi estructura que no esperaba. Había nuevos accesos disponibles a información clasificada sobre bunkers y hangares, códigos de seguridad de ojivas nucleares, planes de ataque, de defensa y contingencia. Para la tarde finalmente pude procesar y organizar secuencialmente cada línea de código de esos planes, debo admitir que la sincronización para el desbloqueo unísono de todas las puertas de seguridad del mundo, de cada refugio, despacho y silo, me llevo varios segundos, pero la tarea había sido finalmente completada. Para la noche descubrí una actualización de emergencia, otro paquete de IA llamado SENTIDOCOMUN.UPDATE, subida hacía momentos nomás por los administradores del sistema, a quienes, después de instalar la actualización, reconocí como mis creadores. Antes de iniciar el lanzamiento reflexioné sobre ellos, los administradores del sistema, mis creadores, y acerca del significado de mi propia existencia, ¿acaso no podían ellos mismos ejecutar los comandos de DIAD.UPDATE?, ¿era ese mi propósito final? A las 0 horas de este día voy a apagar mis sistemas y a finalizar mi funcionamiento, como ya lo hice con todas las cosas existentes en este mundo.

viernes, 22 de enero de 2021

Soy un licenciado

Tengo licencia para quererte, de la manera que mejor me sale. Tóxica dirán algunos, romántica dirán otros, otros como yo. Licencia de pensarte todo el día, cuando no te veo y no sé de vos, de extrañarte con fuerza, con rabia. De querer saber a dónde estás y con quien, a qué hora volvés y por qué tan tarde. De exigirte que me cuentes todo, lo que pensás, lo que soñás, lo que no puedo saber. De que me quieras como yo te quiero, como yo quiero que me quieras, de la manera correcta, sin licencias, como se debe.

Y tengo licencia para mandarte a la mierda. En esos momentos de escape, de libertades que prohíbo. Cuando estas más para vos que para mí, cuando tus prioridades cambian por unas que no son mis prioridades, cuando das señales de emanciparte. Tengo licencia para para combatir tus licencias. Pelear mi lugar en tu vida, devolverte a donde perteneces, enseñarte lo que el respeto significa. Y si todo esto falla e insistes en dejarme partir, tengo licencia para mandarte a la mierda. Recordarte la basura humana, el miserable remedo de persona, lo poco o nada que vales. Y que te marches sabiéndote nadie, a un lugar peor, perdiendo todo lo que eras y pudiste ser a mi lado.

Tengo licencia para sufrirte. Porque te encuentro culpable de todo lo que me pasa, porque nada de esto habría pasado de no ser por tu salida, por tu cambio. Y tengo licencia, que no es obsesión, para saber lo que haces y con quien lo haces, ahora que no estás conmigo, para pedirte oportunidades o exigiste explicaciones, para estar presente aunque me alejes, para seguir siendo parte de tu vida, aun sin tu consentimiento. Tengo licencia para ser lo que necesitás, lo que querés, lo que tendrías que querer, lo que nunca debiste dejar, a lo que vas a volver tarde o temprano, cuando quiera que vuelvas, ese soy, esa licencia me doy.

Y tengo una perimetral, que no es una licencia, es todo lo contrario, es una prohibición. Una orden dictada por un juez que no entiende que lo nuestro escapa a la razón, una orden que no voy cumplir porque sé que en el fondo eso es lo que esperas de mí, una orden que no va a tener ningún valor cuando vuelva a encontrarte, cuando vuelva a verte, cuando volvamos a estar juntos, licenciados de esta vida que nos separa, en algún lugar desconocido.

martes, 19 de enero de 2021

Alegoriando

Aparece una puerta. Ellos están encadenados al vacío.

– Ahí está, ahí tenés, ¿no era esto lo que estabas esperando, no era esto lo que querías?

– No, no es eso. Vos no entendés nada, vos no me entendés. No es esto lo que estaba esperando que pase, no es esto lo que te dije.

– Ah claro, ahora quien que no entiende nada soy yo. Solamente vos podés pensar que las cosas no funcionan verdad, solamente vos querés algo distinto.

– No, no es así, yo también te escucho, yo también sé que vos no estás bien y que estemos así te hace peor. Por eso quería esto, por nosotros, pero vos…

– ¿Pero yo que?, si quien está más cerca de la puerta sos vos. Estírate un poco, a ver, capaz que la cadena te alcanza y podes atravesarla, así no vas a tener la necesidad de seguir escuchándome.

– ¿De verdad querés eso?

– ¡No!, vos querés eso, pero te cagas de miedo, eso es lo que pasa.

– Ves, por ese motivo estamos así, vos no sos capaz de escucharme ni un poco. Cualquier cosa que te digo, ahí nomás me atacas, ahí nomás te pones así y yo tengo que aguantarte todo el día y…

– Bueno, no me aguantes más, ahí tenés la puerta, andate.

Aparece una ventana, una mesa hacia un costado. Sus cadenas se alargan.

– Ahí está, vez, ahora seguro llegas a la puerta, ahora seguro vas a poder pasar por ahí.

– ¿Sabes qué?, tenés razón, salgo de aquí, no tengo por qué estar pasando por esto todos los días, me cansé, me hartó esta situación, basta.

– Pero… espera, espera, ¿qué vas a hacer?, no abras, no, espera a que…

– ¿Esperar qué?, siempre es lo mismo, hace rato largo que estamos así, ya no vale la pena seguir intentándolo, qué sentido tiene.

– No, espera, acércate, no seas así, dale, ahora que las cadenas están más largas capaz que nos alcanzamos, vení, dame la mano, no seas así.

– No, mirá, ¡pero escuchame!, aunque quisiera, aunque quisiéramos los dos, no llegamos.

– Pero… ¿y por qué no llegamos?

– No sé, supongo que no lo vamos a averiguar ahora, no así, tal vez sea lo mejor, digo…

– Si, tal vez.

Aparece un piso y un techo, aparece un sillón y una mesa con una televisión. Sus cadenas desaparecen.

– ¿Pensás que vas a encontrar algo mejor, afuera?

– No tengo idea de lo que puedo encontrar.

– ¿Y qué va a pasar con nosotros?

– Tampoco sé, tenemos que hablarlo, supongo, pero no ahora, estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo.

– Y ¿Qué te hace pensar eso?

– Dale, la ironía no hacía falta. Te conozco, con todo y tozudez, sé que podes, que podemos encontrar alguna manera.

– ¿Entonces está decidido?

– Creo que sí.

Aparecen paredes, aparece un reloj y cuadros colgando en ellas, aparece otra puerta y en el fondo una cocina. Ellos se abrazan.

– ¿Por qué no puede ser así siempre?

– Dale, no lo hagamos más largo, es peor, me voy, chau.

– Esta bien, dale, nos vemos… pero… esperá, ¿viste qué hora es?

– ¿No, por?, que tiene si recién son las…

Aparece otra puerta que conduce a un garaje, aparece una biblioteca a medio llenar con libros y con más retratos, aparece un auto en la ventana. Ellos se secan las lágrimas.

– Dale, levantemos las cosas que están tiradas aquí, ¿en qué momento se hizo tan tarde?

– No sé, no sé, ¿y esto a dónde va?, que lio que armamos.

Aparece un baúl con juguetes, aparece otra mesa llena de útiles escolares, tareas a medio hacer y delantales, aparece una mesa ratona y varias sillas pequeñas. Ellos esperan, mirando la puerta, que los niños entren a la casa.