Recargo mis baterías de perro rabioso, de loco tengo todo menos la falta de cordura, los tics, los órdenes del caos, las férreas convicciones, todo menos el instinto homicida, el sin sentido. Pero me veo, por mi maldita, maldita culpa, me veo en la necesidad de odiarte. Y es solo un experimento, a ver si de esta manera mi pasar se hace más fácil, mi sueño se re compone de sueños y mis vacíos no me abren el pecho. La estúpida necesidad de odiarte, más estúpida aun que ese contrario tan feroz, ese tan devorador de todo mi mundo, ambos estúpidos. Como yo, que ahora estoy buscando las palabras para decirte lo que no sé decirte, queriendo quebrarme en bronca, romper un par de dientes de un cualquiera en la calle, calmar esta sensación de impotencia, de enojo furtivo. Entonces aparece, como un recuerdo de años atrás, de cuando era un niño aun, esa estrofa que antes no sabía explicar, con una percusión que golpea como yo quiero hacerlo, con bajo y guitarra potentes, y nada más, la simple melodía y las palabras justas logran el cometido, y yo que vocifero sin saber bien qué decir, solo repito el grito de un alguien que encontró esa mezcla ideal de arte y catarsis. Y te lo grito a vos, a viva voz, y haces oídos sordos porque de mí ya no escuchaste nada, ya no supiste, y te maldigo entre estribillos y solos, y subo el volumen para que nada más se escuche, que no sea esta prédica, esta rabia. Y te grito y repito, y el coro me acompaña, y las gentes en el estadio y Cerati enardecido y todos, todos a unísono "NO EXISTES, NO EXISTES, NO EXISTES!
miércoles, 26 de septiembre de 2012
lunes, 3 de septiembre de 2012
Enfermo de la moral
Días atrás en una discusión con una actual nn, al plantearle o preguntarle yo por qué se comportaba de una manera tonta, mentirosa, quizás hasta mala, me contesta con pocas pulgas que soy un “enfermo de la moral”, que ni yo ni nadie le iba a decir cómo debía actuar ella ni qué estaba bien o mal. No voy a contar el porqué de tal afirmación ni su acción, no espero que el lector juzgue los actos de mi interlocutora porque no es lo que trato de poner en tela de juicio, de todas maneras y a muchas honras este es mi espacio de catarsis personal público que algunos pocos conocidos leen y uno que otro comenta. El asunto del caso es esa idea de “enfermo de la moral” que me corto el sueño de esa noche o provoco enredadas visiones oníricas que no recuerdo, pero que seguro fueron enredadas porque al otro día no podía encontrar un equilibrio para nada de lo que hacía. Como siempre pasa, y muy a mi pesar, cuando una idea me perturba el libre albedrio de mis pensamientos tiendo a concentrar la mayor parte de mi tiempo libre de acciones para alcanzar de nuevo ese equilibrio deseado, y esta es, mis queridos lectores, la respuesta más simple que puedo dar a esos incesantes “¿Qué te pasa?” que golpean mis francos en esos momentos de cabizbajo distraído y reflexivo, cuando contesto “no me pasa nada” es porque explicar que me pasa es más difícil, tal vez, que explicar el motivo de mi estado.
Ahora bien, ¿en serio? ¿Enfermo de la moral? Cuanto mucho si me considero un poco moralista, defiendo mis principios a capa y espada y todo eso que no me gustaría que me hagan o hagan a cualquiera no lo hago, es tan simple como eso, y considero que alguien, que evidentemente esta en falta, que le falla a un alguien querido, que traiciona un acuerdo tácito o no, y no tiene excusas, y no tiene motivos, y además, con su actuar dañó a ese alguien, debería al menos tener el valor de admitir la verdad. Por supuesto que la gente no admite sus errores (y confieso que a mí también me cuesta horrores hacerlo) y por supuesto que decir “es verdad, te fallé, tenés razón” es para la mayoría rebajarse o aceptar a un otro como superior o un mejor o no sé (y no me apunten a mí los detractores de esta idea, yo solo expongo datos empíricos propios cargados del inevitable bagaje subjetivo), y creo que por eso nadie lo hace, lo que me descontenta y me decepciona de esa persona. Lo cierto es que quería a esta alguien, y me falló como yo no lo haría, y decidí que nada más voy a querer de ella. Ahora surge este dilema, en tardes de charla con una amiga, sobre el tema, me dice que espero mucho de las demás personas, que yo en lo posible no traicione ni mienta, y que quiera lo mejor para los demás, no me hace merecedor de lo mismo por parte de ellos, mucho menos puedo pretender que piensen como yo (a veces creo que nadie lo hace, y es lo que fomenta esta rara soledad en compañía que siento a veces), entonces me doy cuenta de que estas convicciones tan arraigadas me quitan de disfrutar o hasta aprovechar de oportunidades que se presentan en mi vida, en las cuales no hago nada malo o demasiado malo, pero que si pueden desencadenar en un corazón herido o un llanto de domingo por la noche, y entonces, en vísperas de eso que creo puede suceder, me hago a un lado. Me quedo tranquilo, apartado, solo, y el mundo sigue y cada cual con sus valores y moral, y me quedo solo, un moralista tal vez, un enfermo de la moral no, pero si un hombre solo.
lunes, 20 de agosto de 2012
Anoche soñé con vos
Anoche soñé con vos amiga querida, era uno de esos sueños que a la mañana siguiente te aturden, que te dejan pensando todo el día en ese mundo extraño, el de los sueños. Donde se proyectan realidades que me parecen imposibles o improbables. Pero este fue un sueño muy lúcido, muy actual, muy de un presente que nos encuentra a los dos de nuevo charlando de la vida y tomando mates, que nos envuelve en una historia ajena a la nuestra, pero no imposible. Y no confundas al leer esta entrada que estoy reclamando un destino que no es el mío, un destino distinto que vi en un sueño, hace mucho que somos amigos y eso no puede cambiar, porque la vida nos condujo por senderos distintos, y tal vez en el momento en que ambos pudimos ser algo más que mate y charlas, ambos estábamos en otra cosa. Así que escribo esto por la extrañeza del sueño, que sucedía aquí y allá, en los lugares comunes de este Tucumán querido, que tenía como escenas una charla, una visita al médico de tu bebé, una situación que ninguno de los dos aceptaríamos como buena, como correcta. Y es que compartimos querida amiga esa tonta moralidad de la que ando renegando últimamente, y la idea de familia y casa y profesión y ser y todo. Entonces hablábamos de lo que hicimos, creo que fue un beso, no más, de lo que haríamos, como decirle a tu él o a mi ella, de lo que éramos. Y ambos renegábamos por no entender años atrás que todas las búsquedas erradas estaban a un guiño de ojo, a una mueca picara con los labios, a cinco segundos más de abrazo cuando nos despedíamos, después de una tarde de mate y charla. El sueño vino a mostrarme lo que pudo ser, con vos, pregunta que tal vez alguna vez me hice, y quedó a la espera de una buena excusa, verte de nuevo por estos lares, recordar porque siempre te voy a querer, tomar unos mates y charlar, el sueño me hizo pensar si en verdad los sueños, a veces, se hacen realidad.
viernes, 25 de mayo de 2012
Libros de cuentos
Me gustan los libros de cuentos (dicho así suena como algo infantil pero, ojo che, los adultos también leemos cuentos), y me gustan porque sus historias breves, según cuanto le interesen a cada lector, son capaces de emocionarnos fácilmente. Pensando en que la vida es única y el tiempo lo más valioso (se entiende por qué no duermo siesta), y que la lectura de un cuento pueda despertarnos un abanico de emociones y sensaciones, como no valorar un recurso tan precioso. Todos tenemos esa sensación de que algo falta cuando nos encontramos con un final abierto, y pasa que ese párrafo justo me describe a mí o a algo que me pasó una vez. Todos nos metemos en la piel del héroe y queremos que salga airoso, o al revés, que el villano gane esta vez, por que no. Amo ese poema de ese autor archiconocido, nunca leí un cuento igual a este, no puedo creer que alguien escriba algo así y más, muchas sensaciones más. Solo 15 minutos, de una vida llena de cuartos de hora, y te llenás de emociones, de sensaciones, de vida, ¿cuánto te llevó leer esto?, no desperdicies el tiempo, hay tantos cuentos por leer.
jueves, 10 de mayo de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
Abstinencia emocional
Una querida amiga, hablando por hablar o solo hablando, definiendo sus muchos estados del ser, mencionó, días atrás, que tenía “abstinencia emocional”. Sacando la frase del contexto y tomándola lo más literal que me es posible, encuentro en esa “abstinencia emocional” un posible camino, una posible salida a los planteos existenciales que a veces me atormentan, viajando en colectivo, pensando sobre todo en la ducha o en la calle caminando, donde fuere que me encuentre solo (y a veces en compañía, este asunto de la soledad es cosa de charla), estoy siempre cavilando días pasados o planeando futuros deseados. Las muchas personas que aprecio, y las que no tanto, tienen su espacio en mis ideas, o en este mismo lugar a veces. Todo esto se debe, así lo creo, al sentir. Ese afecto, ese amor u odio, esa empatía propia de mí, ese “tener en cuenta”, sumado a los planes, sumado a los proyectos, sumados todos a las alegrías y decepciones que me acosan día a día, son el motivo de mi estado, a veces decadente, otras veces luminoso pero pocas veces estable. Y culpo al sentir, a esa experiencia humana única e irracional de sentir todas esas emociones que erizan la piel, que hierven la sangre y denotan tu cara y tus cachetes colorados, que te hacen saltar y gritar y cantar y querer bailar salsa, que te llevan a levantar la mano para preguntar hasta el cansancio, que te paran frente a un público a leer un cuento de ciencia ficción. Que te emocionan hasta las lágrimas, es ese texto o esa canción, o esa escena de una película, es ese mismo instante cuando sos un pelotudo sentimental que no puede contenerse. Son esas emociones que te movilizan, las que también te paralizan, machacan tu espíritu y hasta el mismo cuerpo físico se resiente, y el estómago duele, y el vacío se siente, aparecen esas metas jamás conquistadas, esas resignaciones autoimpuesta que tanto cuestan a veces, descubrir que algo no es para vos, que no es lo que creías, que no puedes seguir con eso. O está esa realidad que supera ampliamente cualquier ficción, que se presenta en la calle cruda, se muestra así, desnuda, sin filtros de edición, sin un ritmo suave al final del compás, sin metáforas. O está ella, que a veces está y otras veces no está, que juega a que sos de hierro y nada te hiere, ella que lo es todo pero, tal vez, el todo de alguien más. Están esas ausencias, esas personas que, aun hoy vivas, marcaron su sello en tu ser y se marcharon, así nomás, solo se marcharon, vos quedaste queriendo más, queriéndolas aún más. Son todas esas emociones que te hacen un ser sensible, honesto y atento, querible, las que te convierten en un despojo de persona, un zombie nauseabundo caminando por las calles en busca de más emociones que alimenten una necesidad enfermiza, en busca de amor y de odio, en busca de algo que tal vez él tampoco sabes que es, en busca y en soledad. Son esas malditas queridas emociones, que nos hacen quien somos, las que hoy me llevan a escribir esta entrada en el blog, a plantearme si quiero seguir sintiendo así, tan fuerte, tan nítido, con tanto corazón. Sentir para mí es el abandono de todo lo racional, de ese importante instinto de supervivencia que te dice “no lo hagas”, no te emociones con tan poco, no creas eso que te dicen, no esperes tanto de los demás, no la busques porque no te quiere. Sentir es apostar demasiado para, a veces, ganar muy poco, sentir, en demasía, es peligroso, sentir me afecta más de lo que puedo manejar. Tal vez sea la hora de hacer aquello que experimenta mi amiga querida, aunque contradictorio creo que debería sentir esa abstinencia de emociones, esa abstinencia emocional.
viernes, 6 de abril de 2012
La española de Jaime Sabines
La razón por la cual comencé a leer poesía. El motivo por el cual me encanta la tonada de las españolas cuando hablan despacito, suave. Por ella me animé a filmarme leyendo y aunque esté lejos de leer con la pasión de esta mujer, de escribir con la pasión de Jaime Sabines, estoy cada vez más cerca de encontrarme entre esas imágenes, con esas letras.
Probando nuevas formas
Para comentar un poco lo que quiero hacer con el blog y lo que espero poder estar posteando es que escribo esta entrada. Hace un tiempo, cuando aún vivía solo, tenía algo de tiempo además de no tener ni Internet ni tele (las grandes distracciones de esta época), pero si la computadora y una camarita. Como quien hace algo un lunes a la noche me decidí por filmarme leyendo algunas cosas que escribía por esos tiempos. Nunca estuvo en el plan mostrar estas filmaciones, solo grabarlas para ver si se entendían y reírme un poco de mis errores. La idea surgió, (como creo que explico en la primera grabación), después de que mi queridísima amiga Claudita me hizo escuchar y ver a una española que leía poemas de Jaime Sabines. La voz de esta mujer y la forma en que los lee enamoran. Pero no es de ella de quien quiero hablar, ni de Jaime tampoco (uno de estos días voy a dedicar una entrada al vídeo en cuestión), sino de la iniciativa. La idea de subir los videos al blog viene de una charla que tuve con Mauri (un personaje de futuras entradas) que me comentó acerca de la importante movida de videoblogs que se está gestando en México y me mostró algunos videos de chicos que como yo tenían una cámara y ganas de mostrar algo sano (para variar de las barbaridades que se ven por estos lares). El mío difícilmente pueda llegar a convertirse en un videoblog por que no es mi idea de espacio de difusión, ni de mis cuentos ni demás cosas que escribo a veces, pero si estoy pensando en realizar nuevas grabaciones de cuentos o de los mismos pensamientos sueltos y subirlos, solo para darle un aire distinto. Para que no se diga que me quedé en el pasado.
Déjà vu
Me paso hoy, como me pasa a veces en esos días en que te pasan cosas, experimentar esa sensación conocida de haber vivido este momento antes. Un déjà vu sin más. Es una vivencia extraña, como ver de nuevo una peli que hace mucho que no veías, conoces las escenas pero no en detalle, sabes que esto que estás haciendo es lo que el guion indicaba pero no estás seguro de cuál será la siguiente toma, hacia donde apuntara la cámara al terminar el acto. Mover esto de lugar, caminar hacia aquel otro, encontrar justo lo que no buscabas y pensar “esto me pasó antes, yo a esto ya lo viví”. No sé qué tanto de cierto hay en los déjà vu, como muchas otras, creo que son solo una sensación, un juego que el inconsciente le hace a nuestra precepción de la realidad, para mantenernos humildes, sin creer que estamos en control de todo cuanto nos rodea (y no es que tenga esa certeza, solo juego con las palabras). Y qué pasa si de verdad creemos que esta sensación, que este acontecimiento familiar, en apariencia ya vivido, es un presagio, es una clara repetición de un evento que de alguna forma modificará tus días venideros, ¿está mal sacar ventaja de esto? Juego con los déjà vu, juego a que son verdaderos recuerdos de vivencias, de un tiempo anterior, cíclico, y trato de recordar que sigue, cual es la próxima escena, que pasaba a continuación en la película que es la vida, juego a recordar o a tratar de recordar cómo sigue la historia. Y me pregunto ¿será este el día en que mis sueños se cumplan?, será el día en que conozca a la mujer de mi vida, en que escriba el cuento más bello, en que una idea brillante me permita alcanzar esa estabilidad económica tan importante, en que mis deseos para con todos los que quiero se cumplan. Juego a tratar de recordar que sigue a continuación para estar preparado, para que esa mágica revelación que me espera a continuación, en la siguiente escena de la película que es la vida, no me tome por sorpresa, no me encuentre colgado en mis mundos y pase de largo, como el tren que pasa y ya no vuelve. Magnifico la importancia de esta sensación casi sin importancia, y endulzo las palabras al contarlo porque es lo que me gusta hacer, y juego con los déjà vu porque es divertido hacerlo, a veces cuando pasa, en esos días en que pasan cosas.